La Transfiguración Imposible

La pequeña política
Espantapájaros
avizor.uno@gmail.com    

 

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar”.
Escrito para gente inteligente

 

Si Uds. supieran, mis queridos pajarracos y pajaritas queridas, cuanto he aprendido aquí en el descampado con solo escuchar a los hombres sencillos, los que labran la tierra, hasta comprender la enorme sabiduría que les sirve para orientarse y establecer criterios de honda repercusión, muchos de ellos sin siquiera haber ido a la escuela.

Les doy un ejemplo sencillo. Cuando un árbol no da fruto, el campesino lo trata como a un niño. Lo regaña y si eso no funciona, lo acusa de haber nacido flojo. Si aún no reacciona, en lugar de apelar a la correa, como en el caso de un niño, le monta a la planta una pesada piedra en la orqueta, para que despierte y comience a parir como Dios manda o, yendo un paso más lejos, si ve que el árbol no va a servir para nada, le mete clavos para que el dolor que éstos producen al introducirse en su corteza, les recuerde que bien les vale comenzar a dar frutos antes de morir para que con sus semillas se cumpla la Ley que gobierna la supervivencia de las especies. Es como si le dijera a la planta, “Reprodúcete para que dejes herencia”. O dicho en términos más dramáticos. “Reprodúcete para que estés aquí cuando ya no estés”.

Parir para que nazcan nuevas generaciones es una obligación en el género vegetal tanto como lo es en el reino animal, una relación que establece el campesino sin que nadie se lo diga, sólo que algunos de los animales más inteligentes, algunos de nosotros, los seres humanos, (seres como  tú y, como quisiera ser yo, con todas mis facultades físicas y no solo con mi mente prodigiosa), a veces dejamos pasar la vida sin dejar huella o dejando apenas una huelle endeble de nuestro tránsito por este mundo.  De allí la moraleja latente: “Reprodúcete para que estés aquí cuando ya no estés”.

 

LOS BABY BOOMERS

En el reino vegetal, los campesinos observan otro fenómeno que se da entre los seres humanos. Cuando comienza la tala de árboles, en seguida de la tierra brotan nuevos retoños. Algo similar ocurre entre nosotros. Los seres humanos en peligro de extinción se reproducen con gran celeridad. En EE.UU., por tomar un solo ejemplo, país que le pone nombre a todo, llaman Baby Boomers a la gigantesca cosecha de bebés que se produjo en medio de la Segunda Guerra Mundial.

No hablan los gringos como nosotros, con la manía de siempre andar a la caza de prohombres. No. No se  refieren ellos, por ejemplo, a la generación del ´28 que dio a Betancourt o la del ´36 que dio a Caldera o la del ´58 que ha dado a muchos y no ha dado a nadie, o a la del 2007, la que se alzó con el cierre de Radio Caracas Television y contribuyó a derrotar a Águila Uno y su reforma constitucional, y de la cual un joven de apellido vazco se convirtió en el ángel caído. No, en EE.UU hablan del “boom” de los babies, simplemente así, y lo analizan desde distintos ángulos. Desde el ámbito escolar, por ejemplo. ¿Cómo educar a tantos niños a la vez? El empresarial. Qué grande fue el reto de brindarle oportunidades de empleo a esa catajarra de jovencitos que de pronto, en los años ’60, comenzaron a egresar de las universidades. También desde el ángulo sociológico ¿cómo explicar los movimientos de liberación, los hippies, la Marcha a Washington que encabezó Martin Luther King o la aparición de los Beattles también en los años ´60, cómo explicar esa eclosión que no fuera relacionándola de alguna manera con aquel fenómeno generado veinte años antes, durante la gran Guerra, la que le costó a la Humanidad 40 millones de seres. En ese momento, salvo los Beattles, los que protagonizaron la eclosión de los años ´60 tenían unos veinte años de edad.

También desde el punto de vista religioso, habría que analizar su impacto. El de aquella generación. O es que no recordamos que Juan XXIII convocó por esos años el Concilio Vaticano II que reconocería el origen semita del catolicismo y abandonaría el Latín como lengua vernácula ritual. El Concilio que llevaría a los sacerdotes predicar de cara a los creyentes y en su propio idioma, invitándolos a todos a participar simbólicamente en la última Cena del Señor.

Y ahora que los Baby Boomers son ya sesentones y algunos han comenzado a pisar el séptimo piso, se les mira también como un reto fiscal… porque, ¿cómo pagar las jubilaciones y los costos médicos de una generación que, por haber comenzado a sufrir las enfermedades que vienen con la vejez, incluyendo la vejez misma, requieren de mayor atención médica?

De manera que allá, los Baby Boomers se les ve, no como una generación que logró determinadas proezas o produjo a un determinado prohombre, a un John F. Kennedy cualquiera, sino como un  fenómeno reproductivo, una prodigiosa cosecha que produjo, veinte años después, numerosas manifestaciones y consecuencias en el mundo entero, incluyendo el inicio de la Carrera Espacial, Yuri Gagarin y Neil Armstrong a la cabeza.

 

EL OLVIDO DEL SER

Uds. pensarán, mi querida bandada, que he perdido el hilo, pero no, ese mismo fenómeno de los Baby Boomers ocurre, como vimos, entre las plantas y es expresión de Leyes de la vida que el campesino conoce, y que yo, con ellos, he aprendido a valorar, pero que muchos de quienes me leen a lo mejor no han observado… seguramente porque, habiendo estudiado en universidades, han adquirido conocimientos, muchos conocimientos, pero en el camino se les olvidó el arte de observar.

De lo contrario, cómo explicar que, ignorando la Ley de Dios, o sea las leyes de la Vida, la mayoría de las parejas hoy se conforman con tener uno o dos hijos, sin darse cuenta de que solo para reemplazar a los que vamos envejeciendo, se requiere que cada pareja traiga al mundo algo más de dos seres, tomando en cuenta que siempre hay los que mueren en el camino o no dejan herederos.

 

LA GRAN VENEZUELA

Y cómo explicar, que no sea aceptando que no somos observadores, que conocedores que somos de la ideosincracia generacional venezolana, no hayamos advertido que Águila Uno pertenece a la generacion de La Gran Venezuela, la del ’75, cuando debió él haber cumplido veinte años de edad. Esa fue la época, no del sufrimiento de la gran Guerra, sino del enriquecimiento desmedido, del “ta´barato, dame dos”. El momento en que con la doble indemnización que estimuló la zanganería laboral la Ley del Trabajo le dio, como ahora, un puntillazo a la cultura del trabajo del venezolano. Fue también el lustro en el que se nacionalizaron todas las industrias básicas, ahora las básicas y algo más, y la época cuando, como ahora, para ser un hombre de éxito de nada valía la formación familiar, el comportamiento social, la integridad, ganarse el pan con el sudor de la frente, nada de eso. Pura y simplemente valía, la avaricia, el más crudo pragmatismo y la sagacidad.

Ser un hombre de éxito significaba, entonces como ahora, tener dinero, mucho dinero, no importa como se hubiera adquirido. Entonces, ¿cómo esperar de Águila Uno, hijo de esa generación, un comportamiento distinto al de su generación, al de la generación de CAP I , la del Sierra Nevada, la del Presidente que fue salvado de una condena política segura por el voto inesperado del Pajarraco JV, el mismo JV que hoy acompaña a Águila Uno…

Y ¿cómo no comprender, desde otro ángulo, que Águila Uno llegó a odiar tanto a CAP II, no porque antes había sido CAP I, sino porque éste, en un acto de inmolación, de autosuicidio, como él mismo lo calificó, decidió revertir sus errores del pasado, y al hacerlo tocó intereses que eran sagrados para la generación del ’75 y, como es lógico, lo eran para Águila Uno también?

 

LA GENERACION D

El Halcón mirandino, en cambio, pertenece a la generación D, la del ’92, la de CAP II, D por democrática, por descentralizadora. La que bajo el mismo Presidente, casi veinte años antes, vio renacer el espíritu democrático con el inicio del proceso de descentralizacion política y administrativa; es la generación que despertó con el Caracazo; la que fue testigo de la reelección por mayorías abrumadoras de los primeros gobernadores y alcaldes electos por voluntad popular. Y la que, en medio de la euforia producida por la multiplicación de los actores políticos y la integración de la sociedad civil, nunca comprendió la razón de ser de las dos intentonas militares fallidas del ´92. Dos intentonas orquestadas, como sabemos, por connotados integrantes de la Generación del ´75. No podía comprenderla Halcón Uno en sus años mozos por no haber vivido a CAP I y su fallida Gran Venezuela.

 

LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL

Aunque los procesos políticos son muy complejos, se me ocurre, observando el inicio de la campaña presidencial con la paciencia y sabiduría que he aprendido de los campesinos, que la contienda que estamos observando es una reedición, digamos que figurativa, del combate que se libró a lo interior de un solo ser humano, en la conciencia del Águila Blanca, del mismo CAP entre 1975 y 1992. La lucha que se libró en sus adentros, la batalla existencial entre los abusos y excesos de CAP I y el valiente esfuerzo que tendría que realizar a su regreso como CAP II.

Sólo que contrario a CAP, Águila Uno, el contendor de Halcón Uno, sigue sumido en su Gran Venezuela, a la que le ha sumado abusos y excesos que CAP jamás habría trillado. Para colmo, ya no es su propio dueño… y tiempo no tendrá para rectificar.  La rectificación histórica de CAP, inmolación incluida, no la podrá vivir.

Papá Dios le ha puesto fecha de vencimiento de tu tránsito sobre la Tierra. Te hablo a ti directamente, Águila Uno. Y como en lo político ya no te queda tiempo, para dar frutos nuevos o para que broten nuevos retoños sobre esta tierra, los que verdaderamente mandan y a distancia conducen tu campaña, se han dado a la tarea, la única opción que les queda, de crearte una imagen Divina,  la de otorgarte el don de la ubicuidad. “Él está con nosotros, aunque no esté aquí”. Esa es la consigna que se le escuchó hace poco a Jaua, cuando guardabas tú, Águila Uno reposo debido a la gravedad de tu enfermedad.

Esa misma consigna, mi querido pajarraco extraviado, te sigo hablando a ti, Águila Uno, se mantendrá mañana. Mañana, muy pronto, cuando otro tome tu lugar. Aspiran los que a distancia dirigen tu campaña que estés cuando no estés, para que votando por otro, piensen que están votando por ti.  Algo así como una transfiguración.

Pero no, no será posible, Águila Uno, porque hijo del Llano que eres, te creíste eterno… nunca pensaste en el mañana. Porque habiendo nacido tú, Águila Uno, en tierra campesina, no escuchaste jamás su voz o comprendiste a cabalidad la Ley de la Vida o la moraleja que ésta infiere:  “Reprodúcete, para que estés aquí cuando ya no estés.”

 
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