Ni camina ni se embarra

Argelia Rios

ARGELIA RIOS
Argelia.rios@gmail.com
@Argeliarios

 

El águila displicente que ahora es, vuela a una altura inasible para los desamparados

 

Antes de convertirse en un acreditado hablador de pistoladas, se habría concentrado en las privaciones más irritantes de la gente. Por ese entonces no atisbaba la enorme utilidad evasiva de los “mega temas” ideológicos, con los cuales ha mareado al auditorio nacional para mercadear su falso socialismo bolivariano, en plan de soterrar la adicción al poder que le aqueja. Eran los tiempos en que Chávez se interesaba genuinamente en los asuntos de la pobreza, ante los que fungía como el jefe de un monopolio que parecía inconmovible. Trece años después, el comandante suprime de su discurso los problemas sociales “menudos”, en un gesto revelador del cambio de roles que estamos presenciando.

Acicalado en su atuendo de prócer de “la Patria nueva”, el Presidente es ahora quien revolotea por los tópicos más aéreos, mientras su contrincante -representante de una oposición otrora cuestionada por su desubicación temática- desarrolla una performance en el que sólo caben las contrariedades que ennegrecen la cotidianidad del venezolano de a pie. El grueso monto del capital político acumulado por Chávez en estos años, es lo que hoy le hace creer que puede omitir lo importante, pajareando durante horas para esquivar la rendición de cuentas y proponerse ante el electorado como el segundo a bordo de las praderas celestiales.

El que antes se enlodaba en las estrecheces del hombre común, ha devenido así en lo que hemos visto: una entidad divina, que escupe con sorna su pretendida “sabiduría”, buscando empañar a un rival de ostensible llanura, que -agredido por “no es estar a la altura”– desnuda otra de las tantas ironías de la falacia revolucionaria. No escapa el hecho de que el “libertador de los oprimidos”, enemigo intransigente de la meritocracia, embista ahora con sus cuernos, desmintiendo toda la perorata que en su momento acompañó la designación como canciller del bachiller Maduro. De adalid de la oclocracia que manda a la desafortunada Venezuela actual, Chávez se ha transmutado en un mosquetero que apunta su espada contra todo cuanto antes exaltaba, ocupado en apantallar la supuesta “inferioridad” de su contendor.

Embutido en su soberbia, y pretendiéndose una indispensable pieza de los desafíos planetarios, Chávez ya no pone oído en tierra, tal como solía hacerlo encerrado en su arrogancia. El águila displicente que ahora es, vuela a una altura inasible para los desamparados, a los que acude endeudado, no para comprometerse en la solución inmediata de sus problemas, sino para hacerse acompañar en la “hipergesta” de emancipar a toda la pobrecía internacional, aunque ya no crea necesario caminar y embarrarse los pies en los fangos donde sufren e imploran los pobres de Venezuela.

 

 

 

 
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