REAL, VIRTUAL

Américo Martin

DESDE LA CIMA DEL ÁVILA    
Américo Martín
@AmericoMartin
amemart@yahoo.com 

 

I

            Vuelvo con un tema que me intriga. En los últimos años se han celebrado trece elecciones generales en Latinoamérica, en 2012 van a realizarse dos, quizá trascendentales: México en diez días, 1 de julio, y Venezuela, el fatídico 7 de octubre. La economía del país azteca es la segunda del subhemisferio, en tanto que la de Venezuela cayó del cuarto al quinto lugar, dejándole su puesto a la de Colombia, cuyo crecimiento es tan imparable como lo es la caída sistemática de nuestro abatido país bajo desteñidas banderas ideológicas.

Enrique Peña Nieto Candidato Presidencial de México

            Lo singular de México es el probable regreso del PRI, ese partido que gobernó durante 71 años  y, dicho sin hipérbole, fue echado por un pueblo asqueado muy a pesar de que conservó, sí, espacios democráticos sólo que en el marco de una hegemonía agobiante de la organización oficialista. Parecía imposible semejante come back apenas dos períodos más tarde. Una de esas sorpresas que depara la exuberante política latinoamericana es la de haberse posicionado el PRI como primera opción en la batalla por la ocupación de la codiciada residencia presidencial de Los Pinos. ¡Fenómeno bien tropical sería que se concretara una mayoría a favor del retorno de lo que Vargas Llosa calificó con el nombre de “dictadura perfecta”! El caso es que no obstante haberse estrechado distancias en las últimas semanas, es algo más que probable la victoria del joven priista Peña Nieto. Pero igualmente lo es –y recordando a Venezuela quiero destacarlo- que el nuevo PRI se abstenga de repetir el modus operandi del viejo PRI. 

Precisamente por eso nadie espera, fuera de alguna entusiasta cabeza dura, que quienquiera sea el vencedor no comprometerá la democracia  mexicana o abandonará sustancialmente el modo económico en tiempos prometedores como los que está viviendo la Región. El debate desplegado en México entraría en el molde de las trece confrontaciones electorales que la precedieron: interesante, llamativo, pero afortunadamente no de vida o muerte.

 

II

            En cambio en Venezuela pocos dudan que precisamente ese sea el destino esperable del país  si el presidente Chávez obtiene un tercer mandato de seis largos años. El dilema es simple: libertad política, apertura económica y fecundas integraciones regionales y mundiales o estancamiento, pobreza recrecida, pérdida de la democracia y oscura hegemonía ideológica. Conforme a la óptica del presidente Chávez, no hay espacio alguno para el diálogo porque las opciones son excluyentes. Lo acaba de confirmar con habitual procacidad: “Yo no discuto con la nada”. Capriles podría responderle: pero yo sí.

 

Henrique Capriles Radonski Candidato Presidencial de Venezuela

           Sin el atenuante del diálogo y con las posiciones extremas exhibidas por el grupo gobernante el horizonte de Venezuela pudiera ser trágico, pero el peligro puede evitarse si venciera el abanderado de la Unidad Democrática. Capriles propone diálogo, reunificación, unidad, economía abierta y productiva,  sin que nadie se obligue a dejar banderas y principios. Nota típica de la democracia es el pluralismo, el respeto a la diversidad política.

            Como una cosa lleva a la otra, precisamente por no beneficiarse del intercambio de opiniones, razones y propuestas, la oferta de Chávez se encierra en su concha configurando una realidad virtual que no se contamina de realidad. Cualquier cosa podría ser materia de una discusión responsable pero no las fantasmagorías del presidente. Están ellas en un castillo de paredes de vidrio. Se las puede ver pero no tocar ni degustar porque el contagio las corrompería.

            En síntesis, compiten el universo virtual del presidente con el universo real de Capriles. Aquel no tiene puntos de contacto con el universo tangible porque si los tuviera no podría evitarse el triunfo de la realidad: los militantes oficialistas terminarían intercambiando razones en un clima de creciente confianza. Para evitarlo, la cúpula dominante aplica “vacunas preventivas”. Prohíbe razonar con los apátridas. No se puede socializar con ellos, ¡mucho cuidado!

Pintarlos con los colores más sórdidos ayuda a fumigar la tentación o la simple curiosidad del acercamiento. El presidente nos devuelve a sórdidas prácticas usuales en el pasado. A los otros hay que aplastarlos, no convivir civilizadamente con ellos.  Son enemigos, detestables conspiradores, socios del imperio, conversar con ellos equivale a complicidad, traición, conciliación. Esto supone apartarse del plano racional, hablar con la violencia excluyente del padre de ese lenguaje procaz. Los fieles revolucionarios no pueden dialogar, la ruptura, el conflicto lo llevan en la sangre.

 

III

¿Cómo se ha producido tal degradación de la conciencia? Miles de experiencias universales, incluso en el campo revolucionario, dejaron atrás semejante primitivismo. En el Continente ya nadie habla así. Lo de Venezuela por eso es extremadamente crucial.

La pugna entre lo virtual y lo real tiene otras manifestaciones. Dado que el presidente necesita imponer sin más su simetría ideológica, se refugia en la esfera mediática. Desde allí, disponiendo de fabulosos recursos desarrolla su atronadora y ruidosa campaña ajena al contacto humano. La Unidad Democrática se juega todo a ese contacto. Los casa por casa, las grandes concentraciones casi diarias, los foros públicos han equilibrado las opciones con tendencia al triunfo de Capriles. Apoyarse en los poderosos medios, alimentándolos sin control alguno con recursos financieros, otorga desde luego una fuerza formidable.

Pero sumergirse en el torrente popular, crecer con él, proporciona una esperanza muy pero muy cierta de victoria. El desenlace del choque entre lo virtual y lo real debería ser previsible. El mitológico titán Anteo cobraba su irresistible fuerza al contacto con la tierra, ejemplo a seguir por el incansable abanderado de la Unidad Democrática.

 

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