TU REINO NO ES DE ESTE MUNDO

Carlos Blanco


CARLOS BLANCO
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“La era Chávez pertenece al pasado con un trozo de presente muy complicado en su final”

 

La era Chávez ya pertenece al pasado con un trozo de presente muy complicado en su final. No es un pronóstico electoral, pues el Caudillo tiene mucho apoyo todavía, al menos aparente y no se anda con detalles legales a la hora de entrarle a la olla de los recursos públicos. Es un pronóstico político: la era Chávez con sus bolsas de promesas, sus rostros de entusiasmo, su posibilidad de futuro, se ha acabado; ahora queda esa parte trabajosa, empegostada, abrumada de humedad y sofoco, que es el intento de quedarse atornillados para siempre en el poder. Póngase atención a cómo las andanzas románticas de la primera hora (“la era está pariendo un corazón”) se han transformado en esta hostilidad estrepitosa de martillazos, metralletas, redoblantes, “a-sus-órdenes-mi-comandante-en-jefe”; ese socialismo fastidioso, legañoso, grasiento, de discursos que parecen haberse oído no desde hace 14 sino desde hace 40 mil años cuando el primer socialista, el Hombre de Cromagnon, comenzaba a lanzar sus gruñidos primordiales contra el imperialismo. Además, es una yuxtaposición de palabras que en las circunvoluciones cerebrales del caudillo han adquirido cierta cadencia pero que dejadas a las lenguas desentrenadas de sus acólitos suenan a bobería mal aprendida, véase el caso del impresentable general Ministro de la Defensa.

 

Habrá que revisar con cuidado ahora las capacidades comunicativas de Chávez porque si usted se detiene un instante a pensar, verá que lo que se ha hecho es repetir un aserto que puede que ya no se corresponda con los hechos. El Caudillo, sin duda, comunicaba porque resonaba con demandas enconchadas en muchas almas, pero si se repara, el hombre se convirtió en un ruido de fondo: está allí, pero nadie lo oye. A los habitantes de zonas en construcción les ocurre que al principio “oyen” el insoportable ruido del martillo neumático, pero como no se pueden mudar ni hay nadie que se apiade de ellos, al poco tiempo “dejan de oírlo”. Chávez se transformó en un ruido sin mensaje; tal vez por esa razón las limitaciones expresivas de su contrincante quién sabe si le propiciarán a éste tener más votos de los que habría tenido; el silencio, la parquedad, la lentitud, podrían convertirse en opciones deseables frente a la furia y el trueno ya insoportables. Los empleados obligados a asistir y que huyeron del lugar de los hechos cuando Chávez peroraba el lunes pasado hablan de la decadencia, la ruina y la extinción del proyecto.

 

Cuando ya comienza a escribirse la historia de lo que fue Chávez, aunque todavía su espectro siga en el país por un tiempo indefinible y sin descartar siquiera que pueda ser reelecto por esa combinación de popularidad y fraude, uno de los aspectos que resaltará es el escamoteo histórico que personifica: con todo lo maciza que es, su figura en cierto modo es una mentira.

 

CRIATURA DEL PETRÓLEO. El petróleo no es esa cosa oscura, espesa y valiosa, que ha hecho estragos en el imaginario venezolano. En realidad, esa sustancia es la base de lo que es y ha sido el capitalismo desde el siglo XIX en adelante. La civilización contemporánea se ha montado sobre ese pedestal oleaginoso, capaz de mover la maquinaria productiva más potente que ha conocido la humanidad. Petróleo es capitalismo del bravo. Y el país no es dueño del petróleo; el petróleo es dueño del país.

 

Venezuela está empotrada en el ingenio capitalista desde su nacimiento independiente pero sus amarras son más macizas desde que estalló el pozo Barroso, el 22 de diciembre de 1922. La estructura petrolera ha sido el marco de la economía, la política y la sociedad venezolanas. Ha sido fuente de sus venturas y males; a través de una dirigencia lúcida le permitió comprar 40 años de democracia, mientras América Latina era otra vez dominada por las dictaduras.

 

Pero en varios sentidos el petróleo también produjo a Chávez. En otras latitudes y con otras historias ha engendrado jeques o autócratas como Putin; en América Latina ha producido a Chávez. El personaje se llena la boca con ese socialismo transmitido por vía intravenosa, a partir de los brebajes que prepara en su laboratorio el nigromante Jorge Giordani con el socorro de Alí Rodríguez, sin faltar la perversidad adictiva de Fidel; pero, si se despoja al caudillo de la cháchara política, lo que queda es el cabecilla de una secta furiosa producida por el capitalismo petrolero venezolano. Esta condición no le quita créditos a la aventura hacia ninguna parte emprendida el 4 de febrero de 1992, lo que hace es reducir la gesta con pretensiones universales de Chávez a un avatar del asunto petrolero que encontró un talento para llevar el populismo tropical hasta el arrebato demente que hoy el país padece.

 

Venezuela le vende la mayor parte de su producción petrolera a EEUU. Las arcas estatales están ávidas de dólares, los próceres revolucionarios no ahorran en pesos cubanos ni macuquinos sino en ese “verde que te quiero verde” que los obsesiona; las solidaridades (léase, alquiler de lealtades, fugaces como las del Caricom) se logran con el vil metal gringo. Hay que entender que Chávez es resultado del capitalismo imperfecto venezolano y de su imperfecto sistema político que cuando le tocó reformarse a fondo hizo un pase de pecho para que la historia lo rebasara.

 

LOS RESULTADOS. A este mini imperio petrolero le acontece como al imperio español en su decadencia. Basado en el oro de ultramar, en la plata del Potosí, y en las vastedades de recursos americanos, España pudo comprar todo lo que el oro y la plata podían comprar, y así logró el desarrollo de… Inglaterra. Mientras España decaía, Inglaterra se aprestaba a la Revolución Industrial que cambió la faz de la tierra.

 

Venezuela es hoy una lástima en cuanto a resultados de la gestión chavista. El informe de Bank of America – Merrill Lynch presagia con su título lo que puede venir: “Venezuela’s coming Great Recession”. En este trabajo se anticipa que por la caída de los precios petroleros el déficit del Gobierno puede llegar a 7.8%. Mientras en el informe de Barclay´s de Alejandro Arreaza y Alejandro Grisanti, se habla del “fuerte deterioro del marco económico”, el déficit, incluido el déficit cuasifiscal, lo calculan en un promedio de 11.2% en los años del segundo período de Chávez, que puede llegar a 18.8% por efecto del intento de ganar unas elecciones que pueden ser muy competidas. Esta situación es resultado del endeudamiento externo que ha pasado de $ 44.8 mil millones en 2006 a la astronómica cifra de $ 149 mil millones a fines de 2012. ¡Puro capitalismo!

 

No hay ni ha habido revolución en algún sentido serio de la expresión. Sólo queda ver cómo se administra el fin de la historia. Hay muchos que confían en que la solución vendrá de la mano de Dios o de las maluquezas celulares. Pero no; sólo será obra de la rebelión de los ciudadanos libres.

 
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