UNA CONDENA EJEMPLAR


VICTOR RODRIGUEZ C.

 

Mientras las FARC siembran el terror en Colombia, apoyadas desde fuera y con protección territorial en Venezuela, según declaraciones de autoridades colombianas, y el criminal Bashar al Assad ordena el fusilamiento de miles de civiles, incluidos niños, el Tribunal Especial para Sierra Leona dicta una sentencia histórica en contra del dictador liberiano Charles Taylor por su participación en crímenes contra la humanidad en la guerra sostenida por él durante años, conflicto que causó centenares de miles de muertes, más el daño irreparable de quienes sufrieron violaciones, mutilaciones y tantas atrocidades.

 

Taylor era un hombre extravagante, sin duda carismático, con muchos recursos gracias a sus negocios con los diamantes de Sierra Leona, pero era, sobre todo, cruel. Lo conocí cuando cumplía una misión en mi condición de presidente del Consejo Ejecutivo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, a finales de los noventa. En medio de un clima de absoluta desconfianza, le transmití la preocupación de la comunidad internacional por los refugiados en la región de África occidental.

 

De sus crueldades fui también testigo: miles de hombres, mujeres y niños mutilados, marcados para siempre por la violencia que generó la guerra del diamante, cuyo beneficiario directo era Taylor. Vi también con espanto a los niños combatientes que no tenían más de 15 años de edad.

 

Muchos de ellos fueron usados como escudos humanos, esclavos sexuales y obreros en las minas de diamantes. Un verdadero horror.

 

Pero la justicia llega, y a Charles Taylor le llegó, como a todos los que causan daño envalentonados por el ejercicio de un poder temporal. Ni su carisma, ni su jocosidad, tampoco su fortuna, impidieron que se le procesara y se le castigara con una pena de 50 años de cárcel, por 11 cargos, entre ellos el reclutamiento y uso de combatientes menores de 15 años de edad, que cumplirá probablemente en Reino Unido.

 

El tribunal que sesionó para este caso en La Haya halló culpable a Charles Taylor de haber instigado y planificado crímenes contra la humanidad y de guerra, a través del Frente Unido Revolucionario, odioso grupo de Sierra Leona. Para la Sala de Primera Instancia del Tribunal, Taylor había abusado de su función de presidente de Liberia para hacerse cómplice de los crímenes en Sierra Leona, “una circunstancia particularmente agravante” como lo es el carácter extraterritorial de los crímenes cometidos. Si la complicidad es menos grave que la participación directa, el tribunal consideró que el papel central de Taylor en el conflicto le hacía tan responsable como los autores.

 

El 26 de mayo de 2012 es sin duda un día histórico y memorable para el pueblo de Sierra Leona y para el mundo. Una decisión que “envía una fuerte señal a todos los líderes (…) que pueden ser responsabilizados por sus acciones”, como lo afirmó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Un mensaje que obliga a los aventureros con pretensiones mesiánicas, incluso más allá de las fronteras, y con ambiciones desmedidas de poder, a reflexionar y rectificar sus políticas de acoso y de discriminación, generalmente al comienzo de estas catástrofes.

 

A diferencia de los tribunales para conocer los crímenes en Ruanda y en la antigua Yugoslavia, creados por el Consejo de Seguridad de la ONU, y de la Corte Penal Internacional, creada por la comunidad internacional tras largos años de negociaciones, el Tribunal para Sierra Leona fue creado por la ONU y el Gobierno sierraleonés para investigar y procesar a los principales responsables de los crímenes ocurridos en el país desde el 30 de noviembre de 1996; descartó, lamentablemente, los ocurridos desde 1991 cuando se inició el conflicto.

 

El Tribunal para Sierra Leona tiene una competencia particular: conocer crímenes internacionales (crímenes de lesa humanidad y otras violaciones serias de Derecho Internacional Humanitario), pero también los establecidos por el ordenamiento jurídico interno de Sierra Leona. De allí su carácter híbrido que le distingue de los otros tribunales internacionales.

 

La justicia funcionó. El sufrimiento de años deja huellas enormes, especialmente en niños, con traumas probablemente insuperables, pero el castigo que se impone a los responsables fortalece la lucha para erradicar definitivamente la impunidad y abre la esperanza de que no se repitan en el futuro estos horrendos crímenes representativos de una época de barbarie que debe, definitivamente, finalizar.

 

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Víctor Rodríguez C.Víctor Rodríguez C.

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