Boom y crimen

Gustavo Linares Benzo


GUSTAVO LINARES BENZO
glinares@cjlegal.net

 

La otra realidad básica de la inseguridad es que al Gobierno le conviene

 

Como es costumbre, esta enésima campaña del gobierno contra la inseguridad comienza con la mentira. La manipulación de las estadísticas en la cadena del miércoles fue épica, solo para fundamentar la causa de esta guerra civil de baja intensidad en causas etéreas como el capitalismo. Así, el Presidente se limitó a referir el supuesto aumento de la criminalidad en Latinoamérica en los ochenta y noventa, debida a los ajustes neoliberales según su catecismo, pero hasta ahí llegó. Convenientemente, no habló del descenso vertiginoso de la criminalidad en la primera década del siglo XXI, especialmente en Colombia y Brasil, con la sola excepción de Venezuela que pasó a tener, bajo la responsabilidad de Chávez, niveles de homicidios de los más altos del mundo.

La verdad es que por primera vez en nuestra historia presenciamos un aumento de los crímenes, especialmente de los más violentos, al mismo tiempo que un boom económico. En otras palabras, la tan cacareada criminalidad del pobre ha aumentado a medida que hay menos pobres, de creerle a las también voceadas estadísticas oficiales. Esto revela un panorama desolador, terrorífico, de una cultura de la muerte que no se basa principalmente en circunstancias socioeconómicas sino en una violencia muy anclada en el nuevo ideario venezolano.

La primera es la anarquía. Chávez solo gobierna a ese pequeño sector social (empresarios y clase media) al que llegan sus poderes represores, bien a través de los controles comerciales e industriales a realazos (expropiaciones, cierres o sequía de divisas), bien con la amenaza del despido o el acoso (funcionarios y empleados del Gobierno). La mayoría de la población está atrapada en una relación clientelar que solo se satisface con más prestaciones y que por otro lado permite el chantaje constante del Ejecutivo. Dentro de ese universo están las principales víctimas y victimarios.

En efecto, algunos miles de malandros tienen a su merced sobre todo a los más pobres, cuyo día empieza de madrugada pero termina con la luz del sol, toque de queda impuesto por el poder popular real, éste con minúscula, de traficantes y bandas motorizadas. La otra realidad básica de la inseguridad es que al Gobierno le conviene. La desmovilización política que produce el miedo al atraco o al homicidio le deja la calle a quienes tienen guardaespaldas y chapa.

 

 

 

 

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