DIA DEL PERIODISTA

Alfredo Fermín


ALFREDO FERMÍN
afermin@el-carabobeno.com

 

Celebraremos este año el Día del Periodista en uno de los momentos más tristes de nuestra  historia, cuando se ha pretendido degradar nuestra profesión permitiendo impunemente  que la ejerzan personas sin capacidad, formación ni principios predispuestas a insultar, difamar y  amedrentar a quienes no creen en un anticuado régimen que impone la mentira como un dogma religioso.

 

Con el dinero de todos los venezolanos se financian innumerables medios para rendir culto a la personalidad de un personaje que, según sus seguidores, es tan inmortal como Cristo y tan heroico que, aún sin dejar este mundo, está postulado para acompañar a Simón Bolívar en el Panteón Nacional, el cual de paso está siendo reconstruido al estilo de los faraones, de acuerdo con los sueños de inmortalidad de quien lo ordenó. .

 

  Nunca se nos olvidará la noche en que uno de  los  voceros del régimen  insultó, hasta que le dio su gana, por “el canal de todos los  venezolanos”, a María Teresa Castillo, una venezolana universal, brillante y humanitaria, fallecida el pasado viernes a los 103 años.

 En el ejercicio del Periodismo fue una revolucionaria y, como gerente cultural, María Teresa convirtió el Ateneo de Caracas en una referencia internacional, algo que poco importó para que se le expropiara la sede que los gobiernos democráticos le habían construido.

 

En las reseñas biográficas publicadas en estos días se ha insistido en afirmar que fue la fundadora del Ateneo de Caracas, lo cual – a decir  verdad- no es cierto. Esa institución fue fundada por la artista valenciana María Luisa Escobar, a quien sucedieron en la presidencia Ana Julia Rojas, Josefina Juliac de Palacios y Marìa Teresa Castillo, quien ejerció el cargo desde 1958 hasta sus últimos días. Ella vivirá por siempre en el corazón de todos a los que enseñó a  amar y creer en  el Arte y la Cultura como las únicas fuerzas capaces de liberar a los pueblos de la ignorancia y de aquellos que, utilizando la mentira, pretenden eternizarse en el poder.

 

UNA FORMA DE VIDA

 

En estos días de celebraciones, se nos ha preguntado qué se siente después de haber ejercido esta profesión durante tanto tiempo. La respuesta  no la tenemos. Sentimos el mismo temor que cuando comenzamos, porque no somos una máquina que se puede programar para que todos los días haga lo mismo. Cuando se es periodista, en cada nota que escribimos, por más “calichosa” que sea, queda  nuestra impronta, el temblor de la creación. Esa es la gran diferencia entre el comunicador y el que cree que con bajar una nota de las redes sociales y darle la vuelta está haciendo periodismo.

 

Nuestra profesión  debe educar, orientar y sensibilizar. Esa es la razón por la cual los regímenes que desprecian la inteligencia nos tienen entre sus enemigos y nos temen cuando no logran “seducirnos”. Que haya libertad de expresión no quiere decir que en el país está consagrado el principio constitucional para su ejercicio. Se niega o se limita cuando no hay acceso a las fuentes de información o cuando los medios viven en un permanente acoso para que suavicen la línea editorial  a cambio de divisas para comprar insumos en el exterior o de publicidad oficial. No hay libertad de expresión  cuando el periodista debe ingeniárselas para informar sin crearle un problema a la empresa o exponerse a  ser calificado de apátrida, gusano, basura, asalariado.

 

El  periodista  debe estar consciente de que su misión es servir y, en consecuencia, nunca debe creer que es una estrella. Los cumplidos y halagos hay que saberlos administrar para no creerse la última Coca Cola del desierto o arriesgarse después a sufrir  desencantos.

 

Hace algún tiempo nos encontramos con un personaje que se nos acercó para pedirnos que le publicáramos una información. Como no le prestamos mucho interés nos dijo que era un asiduo lector de nuestro trabajo, que no había ninguno mejor, que diariamente devora todo cuanto escribimos. Lo decía con tanta vehemencia que estuvimos a punto de creerle hasta que nos preguntó si seguíamos en  La Calle, cuando ya tenemos más de 40 años laborando en El Carabobeño.

 

Para  nosotros, informar y tratar de orientar al lector es vital. Es nuestra misión. Por eso hemos sido constantes con esta columna que bien podría ser considerada no una radiografía sino una resonancia magnética de lo que somos.

 

Versión editada

 

 

 

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