El ABC de Andrés Caldera Pietri – Hijo del ex presidente Caldera

 

“Muchos líderes se contradicen a lo largo de su vida, pero Caldera siempre trató de ser fiel al pensamiento socialcristiano”

Macky Arenas.

Es el menor de los seis Caldera. Educado por los jesuitas y abogado como su padre. Hizo una fructífera pasantía en el BID donde aprendió a formular soluciones para afrontar los retos del desarrollo. Le gusta la política, pero subordinó sus aspiraciones personales para asistir a su padre buena parte del período de su segunda Administración. Con gran celo siguió las evoluciones de Mercedes Pulido, en la difícil tarea de gestar la biografía de Rafael Caldera para la Biblioteca Biográfica de El Nacional. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

¿Está bien labrada la biografía de Caldera?

– Mercedes Pulido hizo un buen trabajo, no es fácil resumir una vida tan intensa como la de Caldera. No perdió el tiempo, fue político, académico, profesor universitario, laboralista, bellista, escritor. Comenzó dando clases en bachillerato y luego pasó a la UCAB, donde enseñaba dos materias, Derecho del Trabajo y Sociología del Derecho. Fue tutor de cantidad de estudiantes; fue bellista, cultor de su obra, siendo casi un niño ya era admirador de Andrés Bello. Estuvo vinculado a la política desde muy joven. Además, laboralista, frecuentemente se olvida esto, pero a los 20 años fue Sub- Director de la Oficina Nacional del Trabajo y participó en la redacción de la primera Ley del Trabajo que formalmente conocemos en el país, la de 1936. Rafael Caldera fue consecuente con el Derecho del Trabajo toda su vida pues quien dirige 50 años después el proceso de reforma de esa ley de 1936, que contribuyó a redactar,  es él mismo.

– ¿Más político que laboralista o al revés?

–  Ambas cosas. El fue un católico con vocación social.  La dimensión política de la doctrina social de la Iglesia la descubre en el viaje que hace a los 17 años a Roma, para asistir a un Congreso Mundial de la Juventud  de Acción Católica. Allí se encuentra con líderes que luego fundarían la Democracia Cristiana en sus respectivos países. En Venezuela era un debate contra corriente por tratarse un país muy laico y anticlerical para aquella época.  Su primera gran lucha es por la defensa de la educación católica para luego, al frente de un grupo de jóvenes convencidos,  llevar los principios y valores del catolicismo a la política venezolana. La gran empresa fue la de crear un partido de masas que luego de muchos años logró llegar al gobierno. En algunos países de América Latina, hubo quienes lo intentaron, pero no pasaron de ser un grupo de intelectuales que planteaban  temas de importancia, pero sin llegar a ser partidos de masas.

– ¿Cómo Caldera logra eso?

El gran mérito de todo ese grupo es haber ido creciendo a través de la lucha política, siempre firmes en sus principios, aumentando pacientemente el número de electores que los favorecían con su confianza hasta llegar al gobierno.

– ¿Ese Caldera católico se gestó en la familia o fue  producto de la formación jesuita?

– Sin duda por la formación jesuita, fundamentalmente. Varios maestros que marcaron su vida notablemente: el padre Barquín, el padre Iriarte, el padre Manuel Aguirre, una de las figuras emblemáticas de los jesuitas de entonces. Incluso hay un centro en la UCAB que se dedica al trabajo social, importante vínculo entre la universidad y la comunidad, que se llama “Manuel Aguirre” en su honor.

– Un buen producto…

– El civil que gobernó Venezuela durante más tiempo en el siglo XX. Participó en esa lucha por construir la república civil. El léxico chavista habla de la “IV república” aludiendo al período democrático desde 1958, cuando en Venezuela hemos tenido una sola República desde 1830, esa que preferimos llamar la república civil, porque es el tramo histórico más prolongado en que este país ha estado gobernado por figuras civiles.  Antes, fue una eterna historia de Mesías y caudillos militares.

 

Amor y dedicación

 

– Caldera creció al lado de sus padres adoptivos y no de sus padres biológicos. ¿Cómo marcó ese hecho su niñez y su personalidad?

– El es hijo de Rafael Caldera Izaguirre, un abogado sanfelipeño, summa cum laude en la universidad, un hombre muy culto. Ejerció el Derecho siendo juez en San Juan de Los Morros. Caldera queda huérfano de madre con apenas 2 años de edad. Tenía dos hermanas. Los familiares maternos tomaron a los niños para protegerlos y cuidarlos pues el padre quedaba viudo, sin hogar estable que ofrecerles. María Eva Rodríguez, tía de papá, que no tuvo hijos, lo crió con gran amor y dedicación. “Sólo me faltó haberlo parido”, decía. Ella era casada con Tomás Liscano, un ilustre abogado que fue Presidente del Senado, del Colegio de Abogados y del Estado Falcón.

– ¿Y qué pasó con el abuelo Caldera?

Vivió hasta que su hijo se casó. Murió en su casa, llamada “Puntofijo”, que  dio  nombre al Pacto que se firmó a comienzos de la democracia. Papá fue muy unido a sus hermanas, Lola y Rosa Elena, a pesar de que se criaron en hogares distintos. Mi abuela María Eva era un torrente de amor y de simpatía. Era la primera “fan” de papá y él no pasaba un día sin que se hablaran o la visitara.

– La armonía en el hogar frecuentemente se refleja en el rendimiento escolar. ¿Cómo era el de Caldera?

– Era muy disciplinado y adquirió hábitos de vida  y estudio que conservó hasta el final. Aprendió 6 idiomas sin haber vivido nunca fuera de Venezuela. Hablaba fácilmente el alemán. Yo lo vi improvisando un mitin en Munich, delante de cien mil de personas. Igualmente en Roma, cuando en una cena se dirigió a 400 personas en fluido italiano. Hablaba también francés e inglés. Lo hizo él sólo, sin las facilidades que existen hoy en día para aprender idiomas.

– ¿Ser tan metódico no influía su carácter tornándolo adusto y severo?

– Al contrario, tenía muy buen humor. Eso le venía de mi abuela, del modo de ser yaracuyano. El sentía que todo el que quisiera hacer algo importante en Venezuela debía tener arraigo en la provincia para poder entender realmente al venezolano en su naturaleza. Cantaba mientras se bañaba, hacía ejercicio todos los días, tenía una fina ironía que manejaba frente a todos, incluso a la hora de reprender a quienes trabajaban con él.  Jamás era brusco o irrespetuoso.

 

“Como amigo, compañero, esposo y padre era transparente y sincero”.

Pensamiento y acción

 

– Muchos aún piensan que Caldera no era capaz de trabajar en equipo porque no podía sino ser jefe…

– Se formó para ser líder y lo fue desde pequeño. Es probable que él no se viera a sí mismo sino actuando en primera línea. Ciertamente, su presencia en el escenario político elevó el debate, el nivel de la política. Sólo compara sus tiempos con los que vivimos ahora y verás las dramáticas diferencias entre la actual Asamblea Nacional y el Congreso de la República cuando debatían Caldera y sus contemporáneos. Sus intervenciones, el lenguaje que utilizaba elevaban el tono de la discusión. Era un académico, un preciosista de la lengua. No hay duda de que estaba acostumbrado a estar en primera línea, pero en contraste, en las reuniones del partido siempre hablaba de último, después de escuchar a todos, justamente para no frenar a los demás.

– Lo importante en un político es que pueda conjugar el pensamiento y la acción…

– El fue coherente. Muchos líderes se contradicen a lo largo de su vida, pero Caldera siempre trató de ser fiel al pensamiento socialcristiano. Su fe era enorme. Dije ante su tumba que su fe era del tamaño de su voluntad, sin explotarla jamás en el campo de lo político. Le ruborizaba que pensaran que se pudiera aprovechar políticamente del hecho de ser un hombre tan profundamente cristiano.

– ¿Realmente lo era tanto?

– Fue un católico practicante hasta el punto de haber hecho los “primeros viernes” a lo largo de toda su vida, pero lo notable era cómo él encontraba en su fe la fuerza para enfrentar todos los momentos duros que le tocó vivir, los golpes que la vida política le dio, las derrotas, los fracasos. Impresionaba ver cómo al día siguiente de cada revés, se recuperaba y continuaba adelante con la alegría y el optimismo de siempre.

– ¿Nunca se deprimió por las derrotas?

– Nunca lo vi deprimido, siempre optimista. El cristiano tiene el recurso permanente de la alegría y la esperanza. Creo que eso le dio a él la capacidad de afrontar lo que le tocaba.

– Eres el hijo menor y te tocó una sección particularmente difícil de su vida pública. ¿Tenía tiempo para la familia?

– Era especialmente humano. A la hora en que necesitara hablar un problema particular, mío, siempre estaba disponible. Dejaba de lado lo que fuera para escuchar. Eso sí, nunca daba un consejo si uno no se lo pedía. El no se adelantaba, sino que esperaba que solicitaran su opinión.

– ¿Crees que fue un hombre inclinado a promover nuevas generaciones de líderes o prefería a su lado gente sumisa e incondicional?

– Ese es un tema difícil, delicado. El promovió a los jóvenes y esa era una de las virtudes que le resaltaban en relación a Betancourt, quien era señalado de haber dividido varias veces a AD. En Copei se levantaron varias generaciones después de él, la de Luis Herrera y la del 58, con Eduardo Fernández. Esa capacidad de relevo la promovió Caldera. Luego se produjeron enfrentamientos que yo atribuyo –en mi criterio- a lo que él consideró una desviación del pensamiento original socialcristiano. Diría que fueron razones más ideológicas que de poder.

– Él lo hizo explícito en el famoso discurso de Barlovento…

– En efecto, producto de la ola neoliberal –las recetas fondomonetaristas que se fueron aplicando en todos los países- él alertó, como uno de los pocos políticos en América Latina que se opuso al Consenso de Washington, sobre los daños que podrían producir en nuestros países recetas impuestas desde fuera que no entendían nuestras realidades. Países que protegían lo suyo, mientras a nosotros nos obligaban a abrirnos a los mercados sin ninguna protección, siendo muy frágiles para competir con países de experiencia y  mercados muy sólidos. A él lo vieron como una especie de dinosaurio opuesto a las políticas modernas, pero el tiempo le ha dado la razón. Las crisis actuales son producto de las especulaciones financieras y los problemas de la banca que han escapado a todo control. La tesis socialcristiana de que el Estado tiene un papel que jugar y que la economía debe estar al servicio del hombre parece tomar fuerza, de cara a los acontecimientos.

– ¿Veía con buenos ojos que sus hijos siguieran la carrera política?

– Era un hombre extremadamente respetuoso, tanto en su trabajo como en la casa, con nosotros. Promovió siempre la discusión, el debate, el que uno razonara sus decisiones. Era un demócrata convencido y lo ejercía en toda instancia, a pesar de que tenía un carácter muy fuerte porque fue criado como hijo único. Estaba acostumbrado a ser centro de atención y le gustaba serlo.

Andrés Caldera Pietri

 – Vamos a decirlo en criollo: ¿cómo quedaba tu mamá allí?

 – Jugó un rol importantísimo, aunque el eje de la familia fuera él.

– Ella lo decía, que en casa mandaba él. Pero sabemos que a ella no le gustaba la política ni que él persistiera tanto en candidaturas y no lo  llevaba bien…

– Sin embargo, ella aprendió de él y lo demostró a lo largo de toda su vida, su amor por Venezuela. Ella se entregó al país al igual que él. El norte de su vida fue el país y su familia. Cuando ella se casó con él y le decían que era un político, pensaba que sería como hacerlo con  un ingeniero o un arquitecto. Ella no tenía idea en lo que se estaba metiendo. Tuvo seis hijos en diez años y mientras tanto él fundando el partido y recorriendo el país una y otra vez. Ella, jocosamente, se llamaba a sí misma “Soledad” Caldera. Decía que no temía a ninguna mujer, que su rival era el partido, Copei.

– ¿Qué les transmitía a ustedes, sus hijos?

– En lugar de quejarse de que el marido no estaba, inculcó en nosotros gran admiración y respeto por lo que él estaba haciendo. Nos ayudaba a entender sus ausencias y él a veces nos llevaba en sus giras. Y como era un hijo especial, fue un esposo especial, pendiente de mamá todo el tiempo. De donde llegaba la llamaba. Ella era tímida. La gente la creía pedante, pero en grupos pequeños era encantadora. Logró cautivar a mucha gente para su iniciativa del Museo de los Niños. Papá fue su gran aliado, muy compañero estimulándola y apoyándola en ese proyecto que ella llamaba su “séptimo hijo”. Ella era como papá, seria, responsable, constante. Eso sí, le aterraba un micrófono. Tuvo que vencer esos miedos. Para ella fue tremendo. Pero se esforzaba pues quería que, en un futuro, sus hijos estuvieran tan orgullosos de ella como lo estaban de su papá.

– ¿Tenía Caldera amigos o, como dijo alguien una vez, sólo subalternos?

– Claro que los tenía, pero no era “parejero”. Eso de pasar horas de juerga, no. Le gustaba el billar, las bolas criollas. Pero sólo el dominó lo hacía excederse. Disfrutaba jugar y si iba perdiendo, pues allí quedaba hasta ganar. En los viajes era una persona totalmente distinta, porque se le sentía más relajado, sin la constante presión por el uso del tiempo, que lo marcaba. Por eso pudo hacer todo lo que hizo.

– ¿Había algo que lo enfureciera?

– La mentira. Como político sostenía en público lo que había dicho en privado. Como amigo, compañero, esposo y padre era transparente y sincero. Era coherente y actuaba siempre con la verdad por delante. Por eso esperaba de los demás el mismo comportamiento. Detestaba el engaño como forma de manipulación y falta de respeto al ser humano. Por eso prefería siempre que se le dijera la verdad, por más inconveniente, dolorosa o grave que ésta fuera.

¿Será por eso que la leyenda urbana ha divulgado que era soberbio?

– Podría darte muchos ejemplos de testimonios, propios y ajenos, que darían al traste con la imagen del Caldera soberbio que algunos tienen. Eso sí, era recto e íntegro y en ello no claudicaba…

– Teniendo talento, jamás lo tentó el producir ni acumular dinero…

– Nunca le interesó hacer fortuna. Sólo lo motivaba construir una democracia con instituciones sólidas, atender el reclamo de las mayorías, promover gobiernos civiles cada vez más capaces. Si tuviera que resumir su vida en una frase diría: Rafael Caldera amó a Dios y a Venezuela.

 

Artículos relacionados

3 Comentarios

  1. Isa Dobles said:

    Rafael cAldera merece el respeto de sus generaciones como demócrata y venezolano honesto, y no reconocerlo en esta convulsa y frágil vida venezolana es negarse uno mismo el respeto que exigimos. La entrevista de Andrés es excelente y es él. Yo no soy objetiva con ANdres, lo quiero mucho , lo conozco y lamento que no esté en la lucha por adecentar y reforzar la política en mi Pais.Las infamias se han estrellado contra él.

  2. Ramon valera medina said:

    La fuerza del pensamiento de Caldera esta vigente, el respeto a las instituciones y a la libertad, fue un luchador siempre me distingio con una palabra de afecto y carino Dios lo tenga en la gloria cuando sea llamado por el senor preguntare por el segurlo

  3. Juan Antonio Herrera Betancourt said:

    El Dr. Rafael Caldera fue en todo sentido un hombre honorable. Su vida es conocida porque fue transparente. En tres años y medio que tuve la oportunidad de estar cerca de él como Jefe de Operaciones de la Guardia de Honor, viví la magestad, dignidad y honrra que se sentia en Miraflores. Sus grandes “parrandas” eran en la casa del Dr. Hugo Pérez La Salvia, donde jugaban domino y le gustaba oir tangos que interpretaba el dueño de la casa. Fue un ejemplo permanente como político y como ciudadano.

Los Comentarios han sido cerrados.

Top