La política, es la utopía

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com    

 

“Siempre en la Utopía. Crónicas de medio siglo y una historia del MIR” Con este título, Segundo Meléndez Castillo narra, desde una perspectiva biográfica, un trozo importante de la historia política del país. El libro de Meléndez, podría definirse, como el relato heroico de una voluntad militante enclaustrada en un horizonte utópico.

El autor jugó un papel protagónico en la lucha revolucionaria desplegada por el MIR en los años sesenta. Fue actor y testigo de primera línea de ese derroche de idealismo, valentía y coraje que caracterizó a toda una generación de jóvenes venezolanos. Su crónica abarca, desde luego, el entorno político y social del país dentro del cual se desplegó esta confrontación armada.

Al inicio de esta breve crónica afirmamos que su lucha estuvo encerrada dentro de una utopía revolucionaria. Concepto que reitera en el título de su libro. Es bueno recalcar que el autor utiliza el término en un sentido positivo: optimismo utópico que debe ser permanente en la voluntad de todo revolucionario.

Sin embargo, pudiera ser apropiado a esta altura histórica preguntarse sobre la relación existente entre utopía y política. Reflexión útil en el escrutinio sobre las causas del fracaso de los diversos intentos llevados a cabo para construir una alteridad al sistema democrático que experimenta el país.

Es paradójica esta relación. Veamos. En circunstancias en la que las instituciones políticas parecen inmodificables y en el horizonte ningún agente colectivo ofrece la esperanza de modificar el status quo es tiempo de construcciones utópicas; de imaginar todo tipo de variaciones y recombinaciones institucionales. Por el contrario, en momentos en que el sistema se encuentra en vías de perder su legitimidad. Cuando la élite gobernante se muestra a todas luces insegura y asediada por divisiones internas; las reivindicaciones populares se hacen más  seguras y las urgencias políticas más concretas en su apremio e insistencia, es tiempo de formulación de programas políticos que desplacen las reflexiones y digresiones especulativas.

Desde luego, ello no implica que lo utópico carezca de sentido práctico. Siempre, el ejercicio imaginativo se encuentra inscrito en el alma de la tormenta. Y este torbellino hace obligante la formulación realista de la política. La generación de año 28 y 36, por ejemplo,  vivieron períodos de ideaciones utópicas que, posteriormente, sustentaron la creación de esta institucionalidad democrática que hoy luce agotada.

Las imágenes del futuro se encuentran ya formuladas. Es el momento de hacerlas realidad. Tiempo de concreción  política. Ahora sí, amigo Segundo Meléndez, estamos cerca de poder alcanzar el sentido que arropa tu biografía: una política “con rostro humano, de justicia social y libertad” en un marco, agrego yo,  distributivo del poder, federal, autonómico y democrático.

 
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