Lo que la crisis del euro no nos deja ver

José Ignacio Torreblanca

JOSE IGNACIO TORREBLANCA

 

¿Cuántas cosas interesantes están ocurriendo a nuestro alrededor que nos estamos perdiendo o sobre las que no estamos actuando por culpa de la crisis?

 

Se ha dicho ya que la crisis del euro ha distraído, primero, y disminuido, después la capacidad de actuación internacional de Europa. Peor aún, para todos aquellos que luchaban por lograr que Europa fuera relevante en las nuevas instituciones, que como el G-20, reflejan la nueva distribución de poder y temáticas imperante en las relaciones internacionales, se han encontrado con una desagradable sorpresa: en lugar de ser el G-20 el foro donde Europa puede forjar una relación constructiva con los países emergentes (emergidos, más bien) y hablar de las agendas que importan en el siglo XXI (pobreza global, cambio climático, seguridad humana etc.), la UE se ha convertido en inesperado objeto de atención, cuando no de reproche unánime. Brasil, India, China, Estados Unidos, todos notan ya la ralentización económica derivada de la lentitud con la que Europa está manejando esta crisis y preguntan, antes en voz baja y entre bambalinas, ahora en voz alta y en público: “¿Por qué no paráis este sinsentido de una vez por todas antes de que nos arrastre a todos?”

Pensemos ahora por un momento en las cosas sobre las que, por culpa de la crisis, no tenemos mucho tiempo de pensar, ni de actuar, un ranking, en el que les invito a participar, sobre las cosas que están pasando a nuestro alrededor y que son importantes. Me quedo, a la espera de sus comentarios, con tres fenómenos que están tan cerca de nosotros que no deberían estar pasando desapercibidos y sobre los que, en teoría, deberíamos poder influir positivamente.

Uno. El carnicero Asad sigue matando a su gente sin que la comunidad internacional haga nada por impedirlo. Estados Unidos ni se plantea intervenir,  Europa ni quiere ni podría, la ONU ha vuelto a sus peores tiempos de ineficacia y tampoco parece que la Liga Árabe, sean los gobiernos o los árabes normales y corrientes, estén muy preocupados por evitar que Siria se meta de lleno en la guerra civil que Asad está empeñado en generar.

Dos. Los demócratas rusos han salido a la calle para decir “basta” al autoritarismo de Putin ante nuestra total indiferencia. Decenas de miles de rusos que se han hartado de la corrupción, prepotencia, arbitrariedad y autoritarismo del régimen de Putin está desafiando desde hace semanas al Kremlin en las calles, pero también de la forma más eficiente: asociándose, creando un tejido civil vital para sostener una democracia sana. Sabemos que cuando la gente pierde el miedo, el cambio es imparable. Sin embargo, pese a que la transformación democrática de Rusia tendría un impacto tremendo sobre decenas de asuntos que son cruciales para la UE, no estamos prestando nada de atención a ese fenómeno.

Tres. La primavera árabe está embarrancando. Desde Egipto, hasta Libia, pasando por Túnez, los reformistas son cada vez más marginales. Los actores del pasado, militares e islamistas, dominan el juego, y sofocan a la sociedad civil que impulsó las revoluciones el año pasado. Por tanto, no se trata tanto de que ganen unos u otros sino que, como demuestra el caso de Egipto, que la gente no pueda elegir un futuro nuevo y distinto que represente mejor sus aspiraciones, un futuro democrático y sin corrupción (lo que excluye al establishment militar y laico del pasado) y de libertad individual y realización personal (lo que excluye a los islamistas).

¿Sugerencias?

 

@ELPAIS

 

 
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