EL ESTADO COMUNAL PARALELO

 

Domingo Alfonzo Bacalao

DOMINGO ALFONSO BACALAO
dabacalao@cantv.net 

 

El régimen apura los pasos hacia el estado comunal paralelo. La agonía de la habilitación legislativa le ha servido en este sentido para reafirmar su carácter ideológico contrarrevolucionario y su marcado acento político aventurero.

 

Emponzoñado contra la descentralización, el gobierno venezolano vuelve al atajo del centralismo primitivo. El pesado aparataje estatal del chavismo, ya infuncional, arrojará a las ruinas muchos de los rasgos democráticos modernizadores en la evolución del país.

 

La burocracia centralista y centralizadora, despojará a los estados y municipios de los avances obtenidos y, sobre una reaccionaria concentración de poder, procederá a liquidar las más genuinas conquistas ciudadanas de los últimos años. Todo esto violentando los principios y el articulado constitucional del 99.

 

La Carta Magna vigente declara la descentralización como política de Estado destinada a profundizar la democracia, acercando el poder a la gente, procurando mejores condiciones para su ejercicio, así como para una eficaz y eficiente prestación de los cometidos y servicios estatales.

 

La concentración autoritaria de poder resta facultades a la población, al ciudadano, para transferirlas a una élite capitalina, la nueva clase, desvinculada totalmente de las necesidades y urgencias de sus requerimientos. Se aleja entonces el poder de las comunidades, del pueblo, y se hace más lerdo, desmotivado, el cumplimiento de las tareas que corresponden a la gestión pública.

 

La gran mayoría de los Estados contemporáneos han venido trasladando competencias desde el poder central a los estados, municipios y regiones, con el propósito de descongestionar la maquinaria gubernamental y hacerla más eficiente y productiva, al mismo tiempo que acerca a los gobernantes a los gobernados, haciendo de la democracia un régimen donde se estrechan los vínculos políticos y emocionales de quienes dirigen la cosa pública con aquellos que reciben sus prestaciones.

 

A contramarcha del auge y del empuje de los pueblos, el gobierno nacional pretende regresar a un arcaísmo político y administrativo en patético contraste con el florecimiento de las ideas y logros de nuestro tiempo. Ingrata paradoja de esta época pos moderna que en nombre de una supuesta “revolución “parece conducirnos en dirección al regazo de la pre modernidad.

 

El propósito de dominarlo todo terminará paralizando el engranaje estatal y empujando aún más a la nación hacia el subdesarrollo. Ante esta perspectiva trágica, las fuerzas progresistas de la alternativa democrática y su candidato Henrique Capriles, se preparan para el gran triunfo del 7 de octubre que abra a la República un nuevo horizonte para su recuperación.

 

El gran esfuerzo descentralizador del periodo democrático demostró, entre otros aciertos, que los estados y municipios administran sus responsabilidades con más idoneidad y competencia que el gobierno central, provocando además una dinámica política que le abrió posibilidades inmensas de transformaciones y cambios a las regiones.

 

Una toma de conciencia del liderazgo estadal y local se evidenció en la conquista de objetivos concretos que, bajo la égida centralista, hubiesen resultado imposible.

 

Gobernadores y alcaldes asumieron sus deberes con altas motivaciones, pero incurrieron en errores y vicios que deben tomarse en cuenta para no cometerlos de nuevo en el futuro. El debate descentralizador es oportuno en la perspectiva de un nuevo gobierno que rescate la vigencia de nuestro federalismo constitucional.

 

 
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