Ni la chayota, ni Capriles tienen la culpa *

Saúl Godoy Gómez

SAUL GODOY GOMEZ
saulgodoy@gmail.com 

 

Si yo digo que mi novia está triste, que se me está haciendo tarde, o que la ensalada se ve deliciosa le estoy atribuyendo modalidades de existencia al sujeto/objeto a lo que me refiero cuando en realidad son mis propios juicios u opiniones los que atribuyo a las pesonas, cosas o situaciones que describo. Sin embargo, por la manera de expresarlas pareciera que son ellas – y no yo- quienes tienen ese carácter. Este juego de palabras tiene sus repercusiones: de allí surgen los malos entendidos y los problemas de comunicación.

 

Igual sucede con todo un repertorio de palabras reificadas que le atribuyen existencia a cosas que en realidad no existen, palabras como pueblo, tiempo, verdad, espíritu, ser, que no son otra cosa que conceptos, ideas, muchas de ellas que trascienden la realidad y que se les ha asignado un nombre y al nombrarlas, para quien no esté preparado, parecieran existir, Alfred N. Whitehead lo llamaba la Falacia de Asignar Erróneamente Concreción.

 

Hay personas que piensan que se puede “existir” en la ausencia de un cuerpo, como si la modalidad de existir estuviera divorciada de su vehículo, de su esencia que es el cuerpo, a esto lo llaman algunos filósofos, “existencia pura”, aunque contradiga las leyes de la física y de la realidad que exige que lo que exista, tenga masa, que es una condición sine cua non de la vida misma, la masa es energía, es gravedad, lo que nos lleva a lo que existe, que no son otras cosas que objetos en permanente cambio, las estrellas, los planetas, los animales, el hombre… el imperativo material de la existencia es el cambio, lo que no cambia, no existe.

 

Parménides fue el primero en explicar que no podemos saber lo que no existe ya que es imposible acceder a esa noción desde la existencia, y menos tratar de expresarlo, la no existencia y por ende, la nada, son conceptos impensables aunque los filósofos trascendentalistas lo hayan intentado, el no existir es una quimera, por ello es un error de quien se suicida, pensar que quitándose la vida deja de existir, cuando lo que hace es eliminar una modalidad de existencia, su yo, pero no deja de existir, su materia energizada continúa en su proceso de transformación, siempre somos algo.

 

Ciorán el gran detractor de la vida lo puso de la siguiente manera: “Estar persuadido de no poder escapar a un destino amargo, hallarse sometido a la fatalidad, tener la certeza de que el tiempo se ensañará siempre en actualizar el trágico proceso de la destrucción, son expresiones de lo Implacable. ¿No constituiría la nada en ese caso la salvación? Pero ¿qué salvación puede haber en el vacío? Siendo casi imposible en la existencia ¿cómo podría realizarse la salvación fuera de ella? Y puesto que no hay salvación ni en la existencia ni en la nada, ¡que revienten entonces este mundo y sus leyes eternas!”.

 

El concepto de la nada nos viene dado por una generalización de los opuestos, si algo existe, debe existir la nada, en el mundo de la física la nada, o el vacío, ha sido uno de los conceptos con mayores cambios en su contenido, empezando por referenciarlo como el vacío, como la ausencia de objetos, que luego fueron gases solo detectables por instrumentos, luego fuerzas como la gravedad o electromagnetismo, hasta llegar a ese zoológico de partículas cuánticas entre las que se incluyen cuerdas, antimateria, energía oscura y otros elementos exóticos que siempre están allí, haciendo imposible el vacío absoluto, la nada absoluta, que ahora resulta, según la última cosmogonía a la mano, “la nada” fue lo que parió el universo.

 

Pero para los nihilistas, esos filósofos de la desesperación, cuando no le encuentran sentido a la vida siempre es la nada la que finalmente los alcanza, haciendo de su miserable tránsito en el planeta Tierra un sin sentido que no pocas veces los ha llevado al suicidio, sin caer en cuenta que la nada no existe, que es solo un truco del lenguaje, un espejismo del más terrible autoengaño.

 

No me extraña que la nada o el vacío sean impulsores de esa pobrísima filosofía de vida que ha tomado por asalto el país, que es el chavismo, con su culto a la muerte, a la destrucción, a los ritos diabólicos, al crimen… el presidente Chávez en una de sus últimas apariciones en TV, torturado por su condición de paciente terminal de una grave enfermedad, caracterizaba el programa de gobierno de su contrincante como una chayota, una fruta criolla de muy poco sabor y olor para dar la idea, que sólo él era capaz de darle sentido a un programa político, desesperado gritaba “eso es una chayota… es la nada, es puro nihilismo”

 

Volvemos a nuestras anteriores apreciaciones, lo que dijo Chávez del programa político de Capriles no son sino modalidades del declarante en su desesperación de ver ante sí el terrible vacío, la nada que él mismo se ha creado, la derrota que sufrirá el 7 de octubre y a la que se dirige inexorablemente… ni la pobre chayota, ni Henrique Capriles tienen la culpa.

 

Versión editada

 



* Titulo original: LA CHAYOTA, LA NADA Y EL NIHILISMO

 

 

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