¿Y DESPUÉS DEL 7-10?

 

JESÚS HERAS – 
 

El candidato Henrique Capriles Radonski presentará ante la AN un proyecto de ley para regular el período de trasmisión de mando.  La iniciativa es pertinente, mucho más si se toma en cuenta que en las últimas elecciones parlamentarias el tramo entre la elección y la toma de posesión de los nuevos diputados fue usada por Chávez para aprobar leyes que despojaron al poder legislativo de muchas de sus funciones.

Ahora, ante la perspectiva cada vez más cercana de una victoria del abanderado democrático se impone la necesidad de formalizar un acuerdo mínimo de gobernabilidad para el proceso de transición que sucederá al triunfo electoral.  En las circunstancias venezolanas no se trata de un simple relevo de gobierno o cambio de administración sino de iniciar un período de reconstrucción de las instituciones para reencauzar al país hacía el progreso y el entendimiento. Una transición que será particularmente difícil si se toma en cuanta que durante 14 años el proyecto chavista ha pulverizado las instancias democráticas; destruido el aparato productivo; reconvertido a las Fuerzas Armadas y PDVSA, además de comprometer la soberanía nacional  a los intereses de Cuba, Irán y otros países en un peligroso juego geopolítico.

 

 

De otra parte, por muchos votos que obtenga el candidato democrático, éstos no necesariamente le darán el tiempo indispensable para enfrentar sin contratiempos los inmensos desafíos de los meses por venir. Sobre todo si se toma en cuenta que el proceso de regreso a la democracia se dará en presencia de los factores responsables de haber conducido al país al actual cuadro de descomposición e incertidumbre.

La transición venezolana por esta razón resulta inédita en relación a otras experiencias ocurridas en América Latina. El caso venezolano demandará una alta dosis de compresión y realismo para que el nuevo gobierno pueda cumplir con el mandato popular y al mismo tiempo asegurar la paz y la convivencia. No se trata de postular un acuerdo sobre todos los temas sustantivos lo cual luce utópico, sino de fijar metas precisas en torno a las cuales pueda lograrse la integración de la mayor suma de sectores posible. Todo lo cual requerirá de tiempo, de mucho tiempo, y demandará, a su vez, que el nuevo gobierno le otorgue inusual prioridad a un objetivo frecuentemente soslayado. No referimos al objetivo, en este caso fundamental, de alargar sustancialmente ese período de apertura y de buena voluntad, la “Luna de Miel”, con la que los pueblos suelen desposarse con sus nuevos mandatarios.

Para que ello ocurra, será necesario regular el período de trasmisión de mando y evitar a toda costa que el lapso intermedio sea utilizado, como lo fue luego de las elecciones parlamentarias, para entorpecer el arranque del nuevo gobierno y hacerle aún más difícil superar los enormes retos que heredará.

 

 
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