DE VOTOS Y ACCIONES URGENTES

Andrés Cañizales


ANDRES CAÑIZALEZ

 

La alternativa democrática con Henrique Capriles Radonski a la cabeza debe estar en capacidad de defender los votos

 

En otros países, con sistemas electorales altamente confiables, la campaña y elecciones giran en torno a cómo obtener más votos. No existen preocupaciones alrededor de lo que en Venezuela hemos llamado “la defensa del voto”. Se dirá, desde la acera gubernamental, que no es un problema nuevo en el país y que en el pasado el sistema bipartidista imperfecto se hacía de los votos ajenos. Como en muchos otros ámbitos de la vida nacional, tal excusa no justifica, de ningún modo, la nueva versión de viejos males. Venezuela, donde tanto se pregona la democracia, merece tener un sistema electoral que sea confiable para todos los ciudadanos, tanto por razones técnicas como políticas.

 

En la acera opositora, este contexto impone tareas específicas. No se trata solamente de que la mayoría de venezolanos, con la fuerza del voto, logre derrotar al proyecto personalista y hegemónico de Hugo Chávez. Además de poder alcanzar la mayoría, la alternativa democrática con Henrique Capriles Radonski a la cabeza debe estar en capacidad ­tanto política, como organizativa­ de defender los votos.

 

Una reciente declaración de Leopoldo López, en su papel de coordinador del Comando Venezuela, pone sobre el tapete este asunto. Es una realidad: en el pasado las fuerzas que adversan el proyecto del chavismo no han logrado tener presencia en todas las mesas de votación del país. Ese es precisamente el tamaño del desafío para el 7 de octubre: tener presencia en cada mesa, incluso de los lugares más apartados.

 

Desde mi punto de vista, tal cobertura genuinamente nacional requiere acciones inmediatas de orden político. No se trata solamente de movilizarse el 7 de octubre, ese día la tarea será cuidar los votos, pero deben activarse tareas en el muy corto plazo para lograr que en torno a esas comunidades apartadas ­que ya están plenamente identificadas­ pueda llegar con fuerza el mensaje de Capriles Radonski. Para tales tareas se requieren voluntarios y voluntades, el candidato en persona no podrá estar en cada casa de cada venezolano.

 

La semana pasada hice un recorrido por el occidente del país. Tras un largo periplo que me llevó por los estados Trujillo, Mérida y Zulia pude observar la ausencia de la promesa de cambio que encarna Capriles Radonski. Tras atravesar buena parte de los dos primeros estados y un buen trecho del tercero, no encontré mensajes relacionados ni con la propuesta ni con el candidato. Estoy hablando de vallas, de paredes pintadas o grafitis.

 

Nada de nada. Recorriendo esas regiones ni siquiera parecía que hay un candidato de la MUD en campaña por la Presidencia. En contraposición, con abundancia está el mensaje único: aquel que promociona la figura del presidente Chávez, que resulta omnipresente en vallas, mensajes y anuncios de obras.

 

Para que la alternativa democrática tenga votos que defender, Venezuela adentro, en primer lugar necesita ganarlos. Para ello debe hacerse presente fuera de las grandes y medianas ciudades. El control hegemónico en materia de medios masivos, al cual ya nos hemos referido en otras oportunidades, ejerce en la práctica un bloqueo mediático. Hay que apelar a otras dimensiones de la comunicación política, incluida la colocación masiva de vallas para que el rostro del candidato y parte de su propuesta sean conocidos en el país entero, entre otras estrategias.

 

La ausencia del mensaje alternativo en los lugares más apartados puede ejercer el efecto de la espiral del silencio y provocar que, incluso aquellos que simpaticen con el cambio, terminen inhibiéndose a la hora de votar. Tal escenario podría ocurrir si el único mensaje que llega a un venezolano en una zona apartada es aquel de “la mayoría”, que con artificios simbólicos genere el Gobierno con el control de los medios masivos y su aparato propagandístico.

 

El camino hacia el 7-O entraña un doble desafío: cuidar los votos en cada mesa y antes lograr que cada venezolano reciba el mensaje del cambio. Que los venezolanos que están en Miami puedan votar es ­sin duda­ importante, voltear la mirada a la Venezuela profunda resulta urgente.

 

 
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