ENTRE EL TODO Y LA NADA

Gerardo Blyde

Gerardo Blyde

GERARDO BLYDE
gblyde@gmail.com
@GerardoBlyde

 

 

Ya no es el águila encumbrada; ahora él es El Todo sin el cual no existe nada

 

La Nada ha sido un concepto que ha inquietado a filósofos, a científicos, a intelectuales y a artistas. El tema ha sido abordado desde diferentes perspectivas y polaridades en recintos académicos. Hay quienes han defendido su existencia -o antes bien su inexistencia- y hay quienes señalan que al existir deja de ser la nada y se convierte en algo. Hombres como el filósofo existencialista francés Jean Paul Sartre y hasta el alemán Friedrich Nietzsche dedicaron buena parte de su vida a discernir sobre La Nada.

 

Friedrich Nietzsche dedicó muchos años de su vida para entender “La Nada”.

Muchos filósofos contraponen la nada al ser. Es decir, piensan que la nada sería el no ser. Los científicos enfrentan la nada al todo, pero entre la nada y el todo, hay un mundo. ¿Cómo dibujar la nada? Andy Wharhol quiso hacerlo. No lo logró. Es un problema jamás resuelto por los artistas.

 

Desde tiempos de los sabios de la antigua Grecia hasta los pensadores y científicos del siglo XXI, se sigue debatiendo sobre La Nada, pero no con La Nada. Miles de ensayos, textos científicos y filosóficos se han escrito y La Nada ha sido abordada desde cientos de ángulos y perspectivas.

 

El último en referirse a La Nada ha sido, por supuesto, nuestro Presidente, quien se ha negado a debatir con ella, aludiendo directamente con ese calificativo a su contendor electoral Henrique Capriles. Expresó con voz grave, gesto reflexivo y pausa aprendida -todo digno de un aventajado estudiante de la Academia Real de Arte Dramático de Luxbery en Londres, donde han estudiado actores tan connotados como Vivien Leigh, Peter O´Toole, Glenda Jackson, Anthony Hopkins, entre otros – que él no podía debatir con “la Nada”, todo ello seguido de otra profunda pausa al más acabado estilo de la famosísima actriz Sarah Berndhart.

 

Venía ya el Presidente en declaraciones sucesivas dándole forma a su táctica de minimización del contrario. Decenas de veces ha recurrido a la manida frase hecha conforme a la cual “Águila no caza moscas”, para señalar que él se encuentra encumbrado en lo más alto de la montaña, mirando hacia abajo o sobrevolando desde lo alto, en control absoluto de todo y todos, tan arriba que no le es dado ni tan siquiera fijar su atención sobre una pequeña mosca que, con diminuto tamaño y carente de majestuosidad, también esté volando por allí, retándolo en su territorio, o más bien en su reino.

 

Ya en plena precampaña electoral, el desprecio y la subestimación a su contrario se fue haciendo más y más evidente al expresar desde el palacio de Miraflores “Lánzate, Conde del Guácharo (…) te lo digo desde el alma, nos hace falta el Conde del Guácharo para que le ponga picante a esto”, a lo que muy seriamente respondió Er Conde que no tenía interés alguno en hacerlo. Tratando de hacer una gracia, al señor Presidente le salió su buena morisqueta.

 

Luego del trámite formal de las inscripciones ante el CNE de ambos candidatos y ante la solicitud de la sociedad de presenciar un debate, como sucede en todos los países con democracias estables y serias, surgió La Nada. Ya no es el águila encumbrada; ahora él es El Todo sin el cual no existe nada. Y Henrique Capriles, según él, es La Nada con la que no se puede debatir ni mucho menos dedicar ni el más ínfimo pensamiento. Ya entre Dios y el pueblo sólo existe él, pues ya ni Bolívar puede ocupar un lugar en la jerárquica relación con el pueblo en la cual, de seguir así, pronto desplazará hasta al mismo Dios del vértice superior.

 

La pregunta no respondida entonces es: ¿a qué fin todo el gigantesco y costosísimo aparato comunicacional del Estado, que utiliza el candidato presidente sin límites y sin pudor para hacerse campaña, se refiere todos los santos días y a toda hora a La Nada Capriles, en una pretensión constante de desprestigiarlo? Si La Nada no existe, se dedica demasiado esfuerzo a eso. ¿No?

 

La soberbia en el poder no es ni amiga ni buena consejera. Quien hoy se considera el Todo y desestima a su adversario al calificarlo como La Nada, puede llegar a descubrir y constatar muy pronto en su propia piel lo que escribió, con tanto tino, José Hierro, gran poeta español de la postguerra:

 

Después de todo, todo ha sido nada/ a pesar de que un día lo fue todo./ Después de nada, o después de todo/ supe que todo no era más que nada./

 

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!»./ Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!»./ Ahora sé que la nada lo era todo,/ y todo era ceniza de la nada.

 

Cuidado Presidente, no vaya a ser que el próximo 7 de octubre usted también descubra que La Nada lo era todo. Y usted, que se considera a sí mismo el Todo, termine descubriendo que todo esto al fin de cuentas no sirvió para nada.

 

 
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