La democracia y los parques

Marco Negrón


MARCO NEGRON
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Rescatar las ideas para La Carlota y casi 2.500 hectáreas de parques en Macarao y Caricuao

 

En 2001 Hugo Chávez se comprometió a transformar la Base Aérea de La Carlota en un parque, una idea que circula desde finales de la década de 1950. Pero a partir de entonces allí se ha visto de todo menos lo prometido: fue decretada Zona de Seguridad en 2002, luego se iniciaron movimientos de tierra para un inconsulto conjunto habitacional frustrado por la acción vecinal; subrepticiamente se instalaron ensambladoras de computadoras e incluso se contrató la formulación del Plan Maestro de lo que entonces se llamó Parque Bicentenario de la Independencia, del que no se han vuelto a tener noticias.

El año pasado la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales presentó unos elementales esquemas de lo que denominaron Parque Bolívar; pero para ser fieles a su tradición improvisadora, este año cacarean la disparatada idea de convertirla en un autódromo para competencias de Fórmula 1, la nueva pasión del socialismo tropical. En estos once años de marchas y contramarchas los mujiquitas de la arquitectura todavía tienen el tupé de justificarse con el argumento de que tampoco los gobiernos democráticos lograron desarrollarlo, callando que tampoco lo prometieron.

Aunque todavía queda una abultada deuda con la ciudad, la verdad es que todos los parques importantes de Caracas son obra de los gobiernos democráticos, especialmente de los que se sucedieron entre 1958 y 1998. El Pinar, una antigua hacienda gomecista, se convierte en parque con la construcción del zoológico en 1944; el Jardín Botánico se inaugura en 1945; el Ávila es decretado Parque Nacional en 1958, iniciándose su rescate y reforestación; en 1959 se ejecuta el proyecto del Parque Los Caobos, hasta ese momento un simple bosque de hacienda abierto al público; en 1961 es inaugurado el extraordinario Parque del Este, en 1971 el de Los Chorros, en 1973 el Vinicio Adames, en 1977 el de Caricuao con su zoológico y en 1983 el del Oeste. Antes sólo estuvo El Calvario de Guzmán y después las promesas incumplidas de Chávez.

El próximo gobierno democrático tiene el reto de saldar la deuda no sólo materializando las ideas que resulten del concurso de La Carlota, sino rescatando las casi 2.500 hectáreas de parques decretados en las parroquias Macarao y Caricuao, hoy abandonadas y amenazadas por las invasiones.

 
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