Punto y final


RAFAEL BELLO
bello.rafael@yahoo.es 

 

El régimen es el cuadro lánguido de obligados que aplauden pero murmuran vete ya

 

Silva el viento entre las hendijas y la noche se arropa en silencio y sobresaltos de los envalentonados con el poder pretendidamente a perpetuidad porque la delincuencia política no ve más allá de sus limitaciones persecutorias. Angustias, desvelos e impaciencia porque la verdad acecha y el círculo se cierra. Cada día el pueblo se vuelca a sus calles de siempre y en esas calles deja plasmada la fuerza incontenible de la determinación de cambio. Por eso ya el final en el tiempo que corre es irreversible y desnuda la tragedia de los aventureros.

La gente avanza con el poderío de su vocación democrática. Mientras tanto octubre se acerca y la tiranía va palo abajo. El autoritarismo tiene el tiempo contado, las demandas de integridad de la nación, en los estrados de la justicia, tendrán las resultas que la colectividad espera. Indudablemente que la desesperación en los círculos del poder está más que justificada. La libertad es precepto de Dios.

No puede ser menos para quienes han convertido las finanzas públicas y bienes de la nación, en un harén de perversidad. El régimen ya es el cuadro lánguido de obligados que aplauden pero murmuran vete ya. Esas personas no son indiferentes a lo que a diario ven: una Venezuela en alarmante empobrecimiento y sometida a la desgracia de la violencia y criminal entrega de sus recursos naturales.

Somos un país que ha sido víctima de un saqueo jamás visto en su historia. Por eso no es una cómoda manera de posturas políticas electorales entender y desarrollar las acciones exigentes de reconstrucción que urgen en Venezuela. Es la inmensa tarea de la democracia en la conducción de la vida y destino nacional. Una Venezuela que hace suya la capacidad de trabajo de hombres y mujeres en sólida unión para el desarrollo. Hora es de la inteligencia y el saber en libertad, convivencia y paz.

 

 
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