CAE LA MASCARA DE EVO

 

Elizabeth Burgos

ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr  

 

¿Cuándo será escuchado el clamor de los indígenas bolivianos por la oposición venezolana?

 

En Bolivia, el presunto indigenismo de Evo Morales se quitó la máscara. La represión trata de silenciar a una población absolutamente clara sobre los planes dictatoriales y de falsificación del sufragio por parte de un presidente que la engañó con un discurso falso y sólo obedece a órdenes venidas del exterior.

Un alarmante manifiesto de la IX Marcha Indígena que agrupa a las 36 naciones y pueblos indígenas originarios de los 9 departamentos de Bolivia, reactualiza el conflicto que enfrentan con el gobierno “indigenista” de Evo Morales los pueblos de las regiones tropicales de Bolivia, asentadas en el territorio denominado TIPNIS.

Las protestas de las comunidades indígenas del trópico boliviano se han realizado en forma de marchas masivas, con la participación de mujeres, niños y ancianos, desde las regiones de asentamiento de esas poblaciones, hasta la Ciudad de La Paz, sede del gobierno.  La que acaba de realizarse es ya la novena, y fue fuertemente  reprimida a su llegada a La Paz.  La exigencia de los marchistas era la de poder entrevistarse con el primer mandatario quien se negó a recibirlos y en su lugar, ordenó una brutal represión.

El manifiesto de la IX Marcha Indígena es un intento de sensibilizar a la opinión pública sobre la lucha que llevan desde hace varios meses contra el proyecto del gobierno de construir una carretera que atravesará el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), que como expresa el Manifiesto “con el fin de favorecer a las transnacionales y al sector cocalero y campesino, quienes han recibido el compromiso político de este gobierno de tener tierras dentro del TIPNIS, bajo un proyecto de eliminación de los territorios indígenas, y contribuyendo a su modo de devastación de las culturas milenarias del Estado; aspectos que además de ampliar la frontera agrícola, la contaminación socioambiental, el aprovechamiento indiscriminado de los recursos naturales, van a profundizar en un corto plazo el modelo de desarrollo extractivista y capitalista en Bolivia”.

Evo Morales, quien ostenta el título del primer indígena presidente de Bolívia, cargo que alcanzó tras varios años de disturbios que lograron derribar tres gobiernos constitucionales, hoy muestra la otra cara de la moneda.

Su discurso y su programa político se sustentaban, en primer lugar, en la defensa de los derechos de todos los indígenas del país.  Hoy, tras su decisión de autorizar a empresas brasileñas la construcción de una carretera que atravesará un parque natural, asiento de comunidades indígenas tropicales, y ejercer una represión sin merced contra las manifestaciones de los pobladores de la región opuestos al proyecto, la máscara del indígena solidario se cayó de manera estrepitosa.

Evo Morales, al igual que sus socios de ALBA, considera que todos los medios son admisibles a condición de hacerse con el monopolio del poder, cumpliendo al pie de la letra el modelo castrista de monopolio del poder y destrucción de las instituciones.  En Bolivia, debido a una fuerte presencia de población indígena, al modelo castrista se le agregó una dimensión étnico-cultural, que ha llegado a alcanzar expresiones inquietantes de racismo hacia blancos y mestizos.

Una de las denuncias del Manifiesto de la IX versa contra la decisión del gobierno de realizar una consulta en el TIPNIS.  El manifiesto la considera “ilegal y fraudulenta (…) y como una amenaza a la democracia boliviana, al patrimonio natural y cultural, y una vulneración a los derechos de las naciones de los pueblos indígenas”.

Las razones para oponerse a someter a consulta el proyecto de construcción de dicha carretera se deben a que los pobladores perciben el carácter de manipulación de la decisión del gobierno.  Con justa razón, los defensores de la preservación de la integración de su territorio, consideran que cuando tengan que exigir su derecho a la consulta previa, “ahí será que el gobierno entregue gato por liebre, desarrollando consultas como mejor le plazca: organizando los procesos unilateralmente, dividiendo comunidades y las propias organizaciones, enfrentando a familiares y entre comunarios, eligiendo arbitrariamente los temas sujetos a la consulta y, finalmente, decidiendo quiénes  harán la consulta y quiénes serán los sujetos de ella, con el objetivo de aprobar y viabilizar las medidas, proyectos, actividades y obras de gran escala, envergadura y extractivos en todos lo territorios indígenas originarios, para beneficio de las transnacionales y los grupos que ahora detentan el poder político: campesinos, cocaleros, empresarios y liberales – algunos camuflados en las viejas izquierdas y como indigenistas, ligados al narcotráfico, a la acumulación del capital estatal y a la estrategia de desplazamiento y eliminación de las naciones y pueblos indígenas originarios”.

Evo Morales ha logrado alimentar una guerra civil entre indígenas.  La construcción de la carretera, cuyo objetivo para los intereses del Brasil es obvio pues será la ruta que más allá de las fronteras bolkvianas, desembocará en el Pacífico, suscita la división entre las comunidades indígenas.  En lugar de refundar un Estado Plurinacional, como al inicio lo prometió Evo Morales, ha creado una división entre las poblaciones, tradicionalmente oprimidas.

La represión a la que han sido sometidos los manifestantes, agredidos, gasificados, golpeados, no se diferencia en nada de la que ejercían los diferentes gobiernos de Bolivia.

Nunca ha parecido tan cierta la idea de que todo cambie, para que todo continúe igual.

“Hermanas y hermanos, la razón y la verdad está en el pueblo boliviano y no en el gobierno de Evo Morales”, reza el último párrafo del Manifiesto.

¿Cuándo será escuchado el clamor de los indígenas bolivianos y el de la oposición cubana del interior, por la oposición de Venezuela?

Mientras desde La Habana se dictan las normas de una política internacional llevada a cabo desde Caracas hacia el resto del continente, la oposición venezolana ignora dramáticamente que esa misma lucha la están librando los demócratas de los países sometidos a la influencia de los petrodólares venezolanos.

 

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos
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