ENCUESTAS AL MEJOR POSTOR

Gerardo Blyde

Gerardo Blyde

GERARDO BLYDE
gblyde@gmail.com
@GerardoBlyde

 

Cuando vea a un encuestador dando una rueda de prensa a motu propio, sospeche de sus  intenciones

 

Ya es muy común en campañas electorales que se disparen las encuestas en todos los sentidos. En principio, las encuestas son herramientas útiles para los comandos de campaña a los fines de tener una idea más o menos clara de dónde están las fortalezas y dónde las debilidades de sus candidatos. Partiendo de esos números, se trazan las estrategias de crecimiento, la construcción de los mensajes y las ofertas electorales. Se pulsa también las debilidades del oponente, el descontento generado si es gobierno, los sectores sociales y geográficos en los que hay que trabajar más, en fin, sirven de instrumentos de trabajo sin ser deterministas en lo absoluto.

 

Normalmente los estudios de opinión que antes un comando de campaña ordenaba, no se publicaban; tampoco se utilizaban como medio propagandístico a favor o en contra de una tendencia. Esto ha venido variando sensiblemente en el mundo y nosotros no escapamos a este fenómeno. Ahora las encuestas son usadas para tratar de convencer a los electores sobre lo que sucederá en los procesos electorales y se han constituido en un elemento más de la publicidad electoral.

 

En cada campaña aparecen los números de las encuestadoras tradicionales y también aparecen números de encuestadoras recién paridas que normalmente tienen la misma corta vida que tienen las campañas electorales. La moda, como para convencer más, consiste en colocarles nombres anglosajones para que suenen creíbles e impresionen, jugando con los viejos atavismos conforme a los cuales lo extranjero es mejor que lo nacional.

 

Con la proliferación de las redes de información, muchos de estos falsos estudios se introducen en ellas y se expanden como un virus de una persona a otra. Para aderezarlos y tratar de darles mayores características de credibilidad, algunos, antes de difundirlas, le colocan frases como: “esta es la encuesta que mandó a hacer la Polar para sus ejecutivos de manera confidencial” o, “esta es la encuesta que mandaron a hacer los gringos con el tipo que se las hace a Obama”. Lo cierto es que en el 99.9% de los casos esas encuestas no existen, son falsas, y las lanzan para tratar de beneficiar a quien las paga y de perjudicar la candidatura del contrario.

 

Otro fenómeno que se ha vuelto común consiste en que algunos dueños de encuestadoras se han venido convirtiendo en vedettes de televisión y radio y, sin decirnos quién les contrató determinada encuesta, porque siempre detrás de cada encuesta existe un interesado en medir que paga por ese trabajo, se lanzan sendas ruedas de prensa para exponer los “resultados de su último estudio de opinión”, como si se tratara de una contribución que esa empresa encuestadora nos esta haciendo a los venezolanos al ponernos al día, de manera desinteresada y gratuita.

 

Resulta que ningún encuestador puede publicar los resultados de un estudio que haya realizado sin que el dueño de ese estudio, es decir, quien pagó para que se hiciera, le dé la expresa autorización de publicarlos. Una encuesta no pertenece a la empresa que la realiza sino al cliente que pagó por ella. Por tanto, cuando usted vea a un encuestador dando una rueda de prensa a motu propio para hacer públicos sus números, sospeche de esa alma caritativa y generosa que decidió, en un acto de desprendimiento absoluto, hacer públicos sus resultados. Lo cierto será que su cliente, quien le pagó por el estudio, seguramente también le esté pagando para que salga públicamente con esos números.

 

Distinto es si la empresa encuestadora da sus resultados y nos indica abiertamente quién contrató el estudio en referencia. Por ejemplo, los resultados del último estudio de opinión de Consultores 21 fueron dados en la sede del Comando Venezuela, no había gallo tapado. Claramente todos podíamos saber que ese estudio había sido contratado por ese comando. Uno de sus socios, Luis Christiansen, la explicó y se sometió a las preguntas que los periodistas y asistentes quisieron realizarle sobre esa encuesta.

 

Hay otros por allí que, por ejemplo, salieron del Gobierno de altísimos cargos y montaron una encuestadora. Nunca nos han dicho quién les contrata y paga los estudios que publican en sus ruedas de prensa, ¿será que son tan altruistas que la pagan ellos mismos de sus bolsillos? Hay otros que ni estructura tienen y fabrican sus estudios en una laptop en algún bar de la ciudad.

 

Viendo algunos de los resultados hechos públicos últimamente, ¿alguien puede creer que a estas alturas Capriles pueda tener menos votos que los casi 6.000.000 que obtuvimos en las parlamentarias e, incluso, menos votos que los obtenidos en las presidenciales hace 6 años? 6.000.000 es nuestro piso y ni siquiera eso respetan. Hace mayor seriedad.

 

Versión editada

 

 

 
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