Lo afirmativo venezolano

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com    

Sucedió en el Palito,  en la “ruta de las empanadas” situada en la vía que conduce a la ciudad de Puerto Cabello. Me estacioné para degustar los tradicionales rellenos que  ofrecen damas de la localidad y  entablé conversación con varias de las señoras que dispensan este exquisito recurso de la gastronomía criolla. Desde luego, el diálogo derivó hacia la cuestión electoral. Los resultados,  previsibles.

Lo importante a subrayar de esta experiencia, no es la intención del voto de mis contertulios, sino la valoración positiva e internalización de la palabra socialismo en su vocabulario cotidiano y el poco uso en sus relatos del vocablo democracia para dar cuenta de su situación personal y colectiva. Recordemos que este segmento de nuestra población, a lo largo del período democrático, rechazó sistemáticamente la carga ideológica y el significado de la expresión socialismo. Como prueba empírica de esta resistencia tenemos los esfuerzos infructuosos de la izquierda  de la época para seducir a la población con sus fórmulas del socialismo democrático

Por otra parte, este “olvido” del significante democracia pareciera corroborar ciertas evaluaciones del período democrático (1958-1989). Por omisión o ausencia de un sentido estratégico los actores políticos no defendieron los logros de la cultura democrática y permitieron la satanización de este período histórico. En pocas palabras, en la percepción de sectores populares,  democracia está siendo sustituida por  socialismo.

No hay duda.  Este gobierno ha devenido en un aparato de comunicación que se ha planteado construir una nueva identidad e impregnar nuestro inconsciente colectivo  con nuevos valores y nuevas significaciones sustitutivas del poder simbólico de nuestra cultura democrática.

 Sin embargo, esta estrategia discursiva muestra un flanco débil. Su relato rechaza y se aleja de lo que Don Augusto Mijares calificó como “lo afirmativo venezolano”. Este desconocimiento y desprecio por  nuestras virtudes cívicas brinda una extraordinaria oportunidad para la construcción de un relato alternativo que engarce emocionalmente a los sectores populares.

Una digresión teórica. “Lo afirmativo venezolano” debe ser sustentado por poderosos grupos  sociales para tener poderosos efectos políticos y electorales. Debe ser reverenciado, celebrado y defendido. Solo así lograría potenciar su capacidad hegemónica. La antropología advierte que las interpretaciones culturales de la política “son vigorosas hasta el punto que pueden sobrevivir, en un sentido intelectual, a los acontecimientos de la política; y su capacidad de sobrevivir depende del grado en que estén bien fundadas sociológicamente, no de su coherencia interna, de su efectividad retórica o de su brillo estético”. La democracia como cultura ha sobrevivido “a los acontecimientos de la política”. En consecuencia, esta  carga emocional positiva  es la que puede contrarrestar la negativa que proyecta el adversario político.

Henrique Capriles lo está haciendo bien. En su recorrido por más de 100 municipios del país afirma la cultura cívica que nos caracteriza como pueblo. Esa es la vía: sembrar el concepto de creer en nosotros, en nuestras capacidades como nación. Este esfuerzo, esta “huella” debe ser reimpresa con vigor, iniciativa y creatividad por los distintos comandos regionales a lo largo del país.

 El candidato presidente  será derrotado, si, pero siempre y cuando  se invoque con contundencia “lo afirmativo venezolano”.

De ser así,  nuestras empanadas  estarán de nuevo rellenas con democracia.

 

 
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