Simón Bolívar: el explotado

Carlos Ochoa

 

Mercuriales
Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com 

Los venezolanos hemos admirado y rendido culto a Simón Bolívar de múltiples maneras. Es mucho lo que le debemos al Libertador por todo lo que hizo por la independencia de Venezuela y de América en el siglo XIX, pero a propósito de la celebración de su natalicio y la inminente inauguración de una edificación faraónica que servirá de nuevo Panteón para el descanso de sus restos me pregunto: ¿hasta dónde Chávez llevará la expropiación de los réditos históricos que nos legó el Libertador a todos los venezolanos?

En la historia republicana de Venezuela casi todos los que han ejercido la primera magistratura después del General José Antonio Páez, han explotado para su provecho político la herencia que con mucho sacrificio, inteligencia y arrojo nos dejó Bolívar y la generación de independentistas. El culto bolivariano ha servido a demócratas y a déspotas por igual. El General Antonio Guzmán Blanco fue el primero en darle forma al culto bolivariano de estado para beneficiarse  políticamente, luego a principios del siglo XX Juan Vicente Gómez le daría continuidad y fortaleza, ambos en su momento se sintieron con derecho a sentirse “segundos libertadores”.

Ahora vemos como el Presidente Chávez también se siente ungido de “segundo libertador”, y explota a Bolívar sacando de contexto lo que hizo y dijo el caraqueño en su tiempo, para sustentar su proyecto de mantenerse indefinidamente en el poder. A Chávez no le fue suficiente el capricho de exhumar los restos de Bolívar, para intentar probar una fantasiosa teoría de magnicidio sacada de la nada y sin ningún apoyo histórico respetable,  ahora quiere ofrecerle unas segundas exequias, un segundo Panteón, unas pompas fúnebres socialistas, porque así  la conexión entre la revolución  de Chávez y la revolución de independencia, se constituirían según el plan del “segundo libertador”, en una sola en el imaginario popular. 

Sin embargo pienso que independientemente de los resultados de octubre, la supuesta revolución socialista de Chávez está en su última etapa, el país está agotado por la peleadera, cansado de tanta promesa incumplida, reciclada. Apelando al refranero popular, esta revolución está como “el buey viejo al que no se le saca paso”, y por eso la explotación de Bolívar colocando sus restos en el nuevo Panteón para conectarlo con Chávez, no va a darle los  beneficios esperados.

Más temprano que tarde, los restos de Bolívar retornarán a la iglesia de la Santísima Trinidad construida en 1744, de donde nunca deben ser trasladados a ninguna edificación, salvo que ocurra una catástrofe y se desplome el Panteón Nacional.

De hecho, antes de hacerlo y por tratarse de una materia del mayor interés,  debería  convocarse un referéndum para que los venezolanos fijemos posición sobre la pertinencia o no, del cambio de residencia de los restos del primer ciudadano ilustre de la república.

 

 
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