¡Viva la pepa!

Mons. Baltazar Porras

 

MONS. BALTAZAR PORRAS
faustih@hotmail.com

 

Vale la pena recordar estas efemérides y cotejar las ideas de igualdad y libertad

 

La Constitución que se firmó en Cádiz el 19 de marzo de 1812, es conocida popularmente por el mote de “La Pepa”. La invasión napoleónica a la Península Ibérica, en 1808, dio inicio al desmoronamiento del imperio español en las Indias y al proceso de la guerra de independencia contra el invasor francés. Más de la mitad de los recursos financieros con que contaron los organismos que asumieron el poder ante ausencia física y moral de la monarquía, procedieron de América. Los españoles americanos, al igual que los habitantes de las diversas provincias españolas, recurrieron a la figura jurídica puesta en práctica durante la Reconquista; de asumir el poder desde lo local, a la espera de ver qué pasaba con el legítimo monarca ausente.

Se mezclaron circunstancias e intereses disímiles que marcaron el fin de una época y el comienzo de otra, en ambas orillas del Atlántico. Cádiz, la tacita de plata, mítica y señorial, burguesa y bulliciosa en negocios e ideas, fue el último eslabón de unión entre ambos continentes. Cádiz será la atalaya que vio nacer entre dolores de parto y angustias contenidas, las nuevas patrias americanas y el fugaz intento liberal de una Constitución que, será, sin embargo, emblemática para el futuro de España. Nada fue igual después de ella.

La Constitución gaditana del 12 llegó tarde a América. En Caracas se había firmado meses atrás, una Constitución el 5 de julio de 1811, con ideas similares. Aunque una cosa son los conceptos de igualdad de clases y libertad para todos y para todo; y otra, las realidades políticas, siempre más chucutas. Vale la pena recordar y valorar estas efemérides en su justo medio, y cotejar las ideas universales de igualdad y libertad, que cambiaron el rostro de Europa y de la América hispano-lusitana.

 

 

 
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