EL PROGRAMA DE GOBIERNO DE CHÁVEZ

Diego Bautista Urbaneja

Diego Bautista Urbaneja
dburbaneja@gmail.com 

 

“Para vivir en una sociedad como la que allí se aspira construir, los venezolanos habremos de ser distintos. ¿Cómo habremos de ser? Lo sabremos cuando lleguemos allá”

 

Leer el programa de gobierno de Hugo Chávez es una verdadera proeza. Un tráfago de palabras verdaderamente atragantante. Como comer estopa.

 

Para comentar un poco su contenido podemos empezar por una falla conceptual. El programa se plantea como un programa de transición al socialismo. Es decir que forma parte de un trayecto que nos va a llevar a un tipo de sociedad que no queda definido. Es un programa de transición que no incluye una definición de aquello hacia lo cual transita. Lo único que al respecto hay es un nombre: socialismo. Posiblemente, para vivir en una sociedad como la que allí se aspira construir, los venezolanos habremos de ser distintos a como somos ahora. ¿Cómo habremos de ser? Pues lo sabremos cuando lleguemos allá. No sé si a alguien le puede gustar la oferta de votar por un programa que nos va a servir de puente para una sociedad que no sabemos cuál va a ser, y en la que seremos distintos de como ahora somos, de maneras que no conocemos. Pero de todo hay en este mundo.

 

El programa contiene propuestas en distintos terrenos. Veamos dos: el político y el económico. En lo político, lo que se ofrece como cosa que se va a llevar a cabo en los próximos seis años, en caso de ganar Chávez las elecciones, dibuja una especie de utopía comunal. Comunas y consejos comunales como arroz. Miles de comunas para esto, otros miles para lo otro, otros miles para lo de más allá. Quedarán incorporados a los distintos complejos comunales, tantos millones de venezolanos por este lado, tantos millones por este otro, tantos más por aquel de más allá. Miles de comunas, millones de venezolanos, reuniéndose, “protagonizando”, encargándose de todo cuanto hay. Proyectos comunales van y proyectos comunales vienen, alimentados por una abundante renta petrolera. Como bien se sabe, entre la utopía y el infierno no hay más que un paso, el mismo que hay de la utopía comunal al infierno comunal, que es lo que al respecto viene a ser ese programa de gobierno.

 

Las comunas funcionan de modo paralelo a la institucionalidad conocida, y de forma que quede bien asegurada su obediencia a los dictados del Poder Ejecutivo. Por otra parte, está previsto en el programa que esas entidades de funcionamiento oscuro y sujetas a la voluntad del comandante, se chupen la sustancia de esas otras instancias de alcance práctico, que ya nos son familiares, con las que sus poblaciones han aprendido a relacionarse, como son las gobernaciones y las alcaldías. Competencias que hoy están en manos de esas instancias y por las que estas tienen que responder, se difuminan ahora en ese archipiélago de comunas, a las que nadie sabe bien cómo hacer responsables de nada, y a las que nadie hará responsables de nada, mientras cumplan bien su verdadero deber fundamental: ser leales al “líder máximo”.

 

Luego está el tema económico. En teoría, se trata de pasar del capitalismo rentístico a lo que el programa llama el socialismo productivo, mediante la creación de un tejido de unidades de propiedad social, que contrarresten lo que el programa llama “la lógica del capital”, concepto cuyo significado el programa deja sujeto a las facultades adivinatorias del lector. Se trata de emprendimientos que no tienen un propietario definible, que no acumulan los beneficios que puedan obtener, cuyo desempeño no tiene ni dolientes ni responsables precisos. Se espera que producirán un excedente cuyo destino no fijarán ellas mismas, sino una autoridad planificadora central. En la práctica, el diseño apunta a una ineficiencia tal, que se tratará de unidades económicas que chuparán renta petrolera como locas, en aras de la construcción de ese tejido de propiedad social que nunca se saciará de tragar petrodólares y nunca adquirirá impulso propio. “Socialismo“, nadie sabe, pero, lo que sí es seguro es que, sea lo que sea, rentístico será a millón.

 

El programa de gobierno de Chávez es un rompecabezas de palabras, que encajan unas con otras, que se remiten las unas a las otras, conformando el todo una inmensa tautología, un universo cerrado y auto-referencial. El contacto que fuese a tener con la realidad sería el que le permitiera la renta petrolera, que en definitiva sería la bomba de oxígeno que le daría la vida que fuese a tener.

 

Ya en las últimas líneas del artículo, es apropiado hablar en condicional, como acabamos de hacer. Porque el programa supone, claro está, que Chávez va a ganar las elecciones, cosa que a estas alturas de la campaña electoral hay muchísimos motivos para poner muy en duda.

 

 

 

 

 
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