La diplomacia inútil

Beatriz de Majo

Beatriz De Majo
beatriz@demajo.net.ve

  

El espantoso atentado del que fueron víctimas altos funcionarios de seguridad del Gobierno de Siria tiene un notorio componente de desesperación. Frustración, quizá, es lo que expresa mejor el sentimiento que viene experimentando el lado rebelde de ese país ante la esterilidad del esfuerzo de Naciones Unidas por ponerle fin a un conflicto bélico que ha cercenado 17.000 vidas.

Diecisiete meses han transcurrido sin que el ente creado para velar por la paz haya podido idear una fórmula capaz de contener el desangramiento orquestado por el más cruel de los criminales en vida.

¿Al fin, impulsará este golpe duro a la nomenclatura siria un cambio radical en la situación de ese país? La realidad es que las vidas que cobró la explosión mortal como consecuencia de una traición intestina dentro las filas del autócrata no son suficientes para hacer mella definitoria. En primer lugar, Al Assad y sus secuaces no tienen otra alternativa que continuar con la masacre de manera de mostrar capacidad destructora y de hacer evidente ante los insurgentes que el poder de guerra no lo tienen los alzados en armas, sino la oficialidad, lo que es una verdad monumental. La segunda, es que los desaparecidos funcionarios del régimen como consecuencia de este atentado, a pesar de tener una importante talla jerárquica en el Gobierno, no son los estrategas responsables de la política disuasiva del régimen.

Así que el golpe de entusiasmo que hoy se manifiesta entre los rebeldes por los resultados de tal acción de guerra debe apuntalarse con otros operativos capaces, per se, de confirmar cuán penetrada está la oficialidad, el Ejército y los adláteres del Gobierno con detractores y enemigos a los desafueros de Al Assad y cómo el régimen está en proceso de desmoronamiento. Pero aun cayéndose a pedazos, la mortandad puede continuar por meses.

No es un secreto que una de las amenazas que aceleraron la organización de este atentado por parte de la oposición, fue la creencia de que Al Assad se preparaba para usar armas químicas de destrucción masiva contra sus compatriotas. Con arsenales de gas sarín, mostaza y un derivado del cianuro en su poder, algo de esta naturaleza pudiera ocurrir.

Mucho más a favor de la liberación siria han hecho los aportes a las fuerzas liberadores efectuadas desde Arabia Saudita, Catar y Turquía que todas las gestiones organizadas desde el Consejo de Seguridad, las sanciones económicas, el cerco militar armado desdela ONU, las amenazas a Irán para que detenga su colaboración a Al Assad, etcétera. El que Rusia y China no sean solidarios con el resto de los países complica una acción de parte de los grandes, pero no deja de ser una excusa frente a la incapacidad manifiesta de aquellos a quienes corresponde hacer efectivo el desiderátum global de detener el baño de sangre en Siria.

 

 

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