La tentación aún vive arriba

 

La estatua de Marilyn ha viajado de Chicago a Palm Springs, donde se tomó esta imagen.

La herida por su muerte sigue abierta en EE UU. Una investigación pretende recuperar los archivos perdidos del FBI sobre ella

 David Alandete / Washington

 

Marilyn, su memoria, sigue muy viva en el país que la vio nacer, justo en la jornada en la que se cumplen 50 años de su muerte en su casa de Brentwood, en Los Ángeles. Según la revista Forbes es el tercer famoso fallecido que más dinero sigue generando en Estados Unidos, por debajo solo de Michael Jackson y Elvis Presley. En total, todo aquello que Marilyn dejó atrás —su imagen, eminentemente— crea al año 27 millones de dólares. La actriz tiene también una cuenta en la red social de Twitter, dedicada a su memoria, en la que la siguen 54.000 personas, y una página de Facebook con más de 3,3 millones de seguidores.

Marilyn no es solo una actriz que participó en una treintena de películas y murió joven, a los 36. Es un icono, y aún más que eso, dada la facilidad en la que el mundo fabrica iconos a día de hoy. Es fuente inagotable de reposiciones de filmes antiguos en filmotecas y canales de televisión. Es una estatua gigante que ha saludado a Chicago durante meses y que recientemente ha sido trasladada a Palm Springs. Es un mural gigantesco que mira, melancólico, sobre Adams Morgan, uno de los barrios más vibrantes de Washington. Es también el obsesivo objeto de una exitosa serie de televisión norteamericana, Smash, donde jóvenes actrices aspiran a interpretarla. Y es, finalmente, el propósito de numerosas exposiciones que muestran sus fotografías y sus vestidos, todas sus reliquias.

Marilyn Monroe, actriz insatisfecha por la fama, amiga de presidentes, esposa de estrellas del deporte y dramaturgos, tiene incluso su propio fichero, ya algo polvoriento, en uno de los cuartos del FBI. La mayoría de sus páginas están al alcance de cualquiera, en Internet. Son 97 páginas. Un informe sobre cómo la actriz pidió un visado para la URSS en 1955. Un encuentro con miembros del Grupo Comunista Americano en México en 1962. Detalles minuciosos de sus encuentros con el presidente John F. Kennedy, como una cena en Nueva York en la que le “hizo una serie de preguntas socialmente significativas sobre la moralidad de las pruebas atómicas”. Puro macartismo.

Hay algo que falta, sin embargo, en ese archivo tan minucioso, seguramente revisado por el jefe del FBI, Edgar J. Hoover, personal y compulsivamente. Son otros documentos de muchos otros días de vida de Marilyn, incluidas aquellas lúgubres jornadas de agosto de 1962 previas a su muerte, desaparecidas de los legajos de anodinos informes de los agentes del FBI.

La agencia Associated Press pidió al Gobierno de EE UU, a través de la Ley de Libertad Informativa, que revelara esos reportes para este 50 aniversario de su muerte. La respuesta del FBI y de los Archivos Nacionales de EE UU: “No podemos encontrar los archivos”. Perdidos, parece, sin más explicación. El Gobierno ha abierto una investigación.

Ya hubo dos investigaciones tras la muerte de Marilyn. La primigenia la condujo la fiscalía pertinente tras su muerte. Probable suicidio. La segunda, abierta en 1982, la dirigió el Fiscal de Distrito de Los Ángeles, dadas las persistentes dudas sobre las condiciones de su fallecimiento. En 1973, de hecho, su amigo Norman Mailer había publicado una enjundiosa biografía en la que sugería que Marilyn no se habían suicidado, sino que la habían asesinado, una tapadera. ¿Había muerto realmente por una sobredosis de hidrato de cloral y pentobarbital? ¿A quién había llamado antes de fallecer? Ninguna de las dos investigaciones ofreció resultados convincentes, más allá de la conclusión original de que se trató de una muerte autoinflingida.

Seguidores suyos, jóvenes y ancianos, depositaron flores frente a su tumba, un pequeño nicho en el cementerio Westwood Memorial Park de Los Ángeles, donde también descansan Natalie Wood, Jack Lemon, Walter Matthau, Eva Gabor y Truman Capote, viejos recuerdos de un Hollywood en blanco y negro o en tecnicolor. Una reproducción de la célebre portada de Playboy en la que apareció Marilyn, entonces joven y pelirroja, firmada por Hugh Hefner, presidió el servicio y fue subastada, a beneficio de asociaciones de ayuda a huérfanos y niños maltratados.

 

 
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