POBRE PAIS RICO

 

Víctor Rodríguez C.

 

Pocos se atreven a presentar el tema de Venezuela en los organismos interamericanos

 

Las declaraciones y posturas de la dirigencia Latinoamericana no dejan de sorprender al analista político adentro y afuera. Los responsables políticos de la región de hoy juegan con los principios y los valores para proteger intereses individuales mezquinos. Lo económico prevalece. Las reivindicaciones propuestas por los demócratas venezolanos, hoy mayoría, sin duda, no parecen tener ninguna importancia.

  

Pareciera que lo primordial es mantener las “mejores” relaciones con el régimen venezolano, para obtener todos los beneficios del pobre país rico. En días pasados la canciller de Colombia reconoció que el asunto de las FARC en territorio venezolano era una constante en la agenda bilateral entre los dos países; es decir: el Gobierno colombiano acepta públicamente la presencia del grupo terrorista en territorio venezolano, apoyado y protegido por el régimen venezolano tal como lo señalan el ex presidente Uribe y otros dirigentes colombianos. Tan sorprendente como contradictorio.

 

A diferencia de lo ocurrido en la década de los ochenta, cuando Estados Unidos brindaba su apoyo a los “contra” en su lucha contra el sandinismo, lo que fue condenado entonces por la comunidad y los tribunales internacionales, Colombia parece “tolerar” la agresión que se organiza desde afuera para dar paso a “mejores” relaciones económicas y comerciales. De comprobarse esta interpretación, además de las implicaciones que ello tendría en el vecino país, se estaría comprometiendo la responsabilidad internacional de Venezuela y la responsabilidad penal internacional individual de las autoridades venezolanas responsables de los actos cometidos por el grupo terrorista en contra del pueblo colombiano, según la definición del acto y del crimen de agresión adoptada por Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional.

 

José Mujica

Las últimas declaraciones de Lula son igualmente alarmantes y sintomáticas del deterioro político de la región. El ex Presidente de Brasil, actuando de manera distinta de estadistas serios y responsables como Cardoso, Frei y Uribe, expresó de la forma más irresponsable su apoyo a Chávez en el proceso electoral de Venezuela. Una injerencia inaceptable, hecha para darle oxígeno a un grupo decadente, integrado por fracasados e inadaptados marginales reunidos en el Foro de Sao Paolo. Una postura grosera e hipócrita. Interesada, simplemente. Todos sabemos que Lula nunca hubiera intentado construir en su país un sistema político, económico y social como el que pretende implantar por la fuerza Chávez en Venezuela. A Lula y a la dirigencia de Brasil hoy en el poder solo le interesan los beneficios económicos, los mismos que interesan a los gobiernos de los otros países del Mercosur y de la región. El Presidente de Uruguay lo dijo claramente a propósito del ingreso forzado de Venezuela al esquema regional: “Venezuela tiene petróleo y lo necesitamos. No produce nada, todo lo importa.”

 

María Ángela Holguín

No solo las declaraciones expresas causan preocupación; las omisiones e inacciones, el silencio, de los gobiernos de la región, son igualmente graves. Pocos se atreven a presentar el tema de Venezuela en los organismos interamericanos, tampoco dentro del sistema de Naciones Unidas. Temen perder los “beneficios” del pobre país rico. Un silencio que se traduce en una lamentable complicidad.

 

A pocos les preocupa en realidad lo que sucede en Venezuela.

 

La violación constante del orden constitucional, el irrespeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, el ataque sistemático a la disidencia no parecen tener importancia. A ninguno parece interesarle el desprecio del régimen venezolano por el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos. Tampoco que haya elecciones fraudulentas.

 

Lula da Silva

Únicamente Estados Unidos ha expresado su preocupación por una elección honesta y transparente. Pareciera que solo al tan criticado imperio le preocupa la vida de los venezolanos, a pesar de que son ellos los primeros socios comerciales del país.

 

Ojalá que el fraude en pleno desarrollo que lleva a cabo el régimen pueda ser considerado por los países amigos, antes y después del 7 de octubre para evitar un daño inmerecido a un pueblo que lucha por su libertad y la dignidad desde hace 13 años. La indiferencia y la complicidad serían imperdonables.

 

 

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Víctor Rodríguez C.Víctor Rodríguez C.
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