PORNO PARA SENTIMENTALES

 

Alberto Barrera Tyszka

Alberto Barrera Tyszka
abarrera60@gmail.com  

 

La secuencia transcurre aparentemente en una habitación de hotel. Es una recámara sobria, estándar, sin mayores detalles

 

La noticia temblaba en la red: “Despiden a viceministra por video erótico”. Es difícil ver cruzar un titular así y no salir de inmediato a perseguirlo. Devoré la nota rápidamente. Todo lo que leía me resultaba, cada vez, más interesante: la protagonista del alboroto era, además, viceministra de Cultura. ¡De Cultura! No me aguanté y fui directamente a Youtube. Escribí su nombre en el buscador como si se tratara de una estrella porno…

 

Karina Bolaños

Karina Bolaños. Jamás había ni siquiera imaginado ver un material triple equis hecho en Costa Rica. Ya no tengo dudas: la curiosidad es carnívora.

 

La secuencia transcurre aparentemente en una habitación de hotel. Es una recámara sobria, estándar, sin mayores detalles. Solo se ve la cama, todavía en orden, con las sábanas lisas. Tras unos segundos, apremiada y pudorosa, por el costado derecho de la pantalla de pronto entra a cuadro Karina. Está en ropa interior. Pero no viste de negro y liguero.

 

No trae un encaje. No viene en plan de tanguita y modelito seductor. Nada de Victoria´s Secret. En rigor, se nota que lleva puesta su ropa de faena, una patriótica pantaleta, un sostén cotidiano de copa ancha. Solo eso. Y se tapa el cuerpo con una almohada. Además, se acuesta sobre la cama queriendo ocultarse más que mostrarse. Luce apenas decidida, incómoda.

 

Mira de frente sin demasiado convencimiento. Si en este momento dijera: “Después de un día agotador… ¡Hoteles Yuraima Inn! ¡El confort del hogar para sus viajes de negocios!“, quizás le creeríamos. Quizás, también, entonces, no sería tan famosa.

 

Todo el escándalo viene porque Karina, que es viceministra y está casada, le graba un mensaje a un amante. Vestida solo con su ropa interior, le dice: “Hola, Pequis, ¿cómo estás? Me estás pidiendo mucho, de verdad. Porque no estoy acostumbrada a hacer esto. Aquí estoy sola, deseándote, esperando verte el martes…” La grabación sigue un poco más, sin mayores sobresaltos en las imágenes o en los parlamentos. Ese es en general el tono y el nivel del video. Es una declaración de amor, algo ruborizada, que más que erótica resulta casi conmovedora, entrañable. Hay mucha inocencia. Podría incluso ser el argumento de una heroína de telenovela: Karina ama y está dispuesta a hacer cualquier cosa por amor. Karina da algo más que el cuerpo. Karina entrega su confianza. Cierra los ojos y se lanza a esa promiscuidad llamada ciberespacio. Lo verdaderamente pornográfico empieza después.

 

La historia real tiene que ver con la explotación de la intimidad y con el chantaje. Karina asegura que todo empezó hace años, con un técnico en computadoras que fue a instalar cámaras de seguridad en su casa y que, al final, terminó usando parte del material grabado en contra de ella y de su esposo, quien también es un personaje público, un diputado de la República para más señas. El cuento es algo complicado y nada logra explicar muy bien el mensaje a Pequis aquella noche desde aquella habitación.

 

Pero es natural: cualquier relato en el que aparezca un o una amante tiene momentos oscuros, sombras difíciles de narrar.

 

La matemática de los cachos siempre es distinta. Su exactitud está en otro lado.

 

En el fondo, cualquiera tiene todo el derecho de hacer con su cuerpo lo que desee. Es parte de la declaración personal de independencia. No hay ningún delito en la desnudez de Karina Bolaños. Probablemente, además, ninguna intimidad pueda soportar la exposición ante el morbo público. Lo inmoral en realidad no es el video sino la acción que utiliza el video para extorsionar y convertir la vida privada de otro en un espectáculo. Lo de Karina casi fue una cursilería. Lo de su amante es una forma de violación.

 

Con base en lo que ha dicho la ex viceministra, llevaba ya varios años padeciendo diversos chantajes. Ella sabía que, en cualquier momento, la grabación podía estallar. Apenas salió una reseña en la prensa y el video fue colgado en Youtube, el Gobierno de Costa Rica reaccionó con una rapidez inusitada, con un desespero religioso. En la Presidencia se firmó un decreto separando a Karina Bolaños de su cargo. Como si la grabación supusiera una falta laboral imperdonable, un cataclismo para la imagen oficial. No se dice si era buena o mala como funcionaria pública. Ahora solo se sabe que, además de tener que soportar el asedio de los medios y el bochorno público, también debe buscar trabajo.

 

La decisión del Gobierno de Costa Rica retrata una de las tragedias de nuestras sociedades: en vez de juzgar a los culpables, muchas veces el Estado castiga a las víctimas.

 

Lo de Karina Bolaños solo fue una confesión sentimental. Lo del poder es más impúdico.

 

Sin duda, deja a la presidenta Laura Chinchilla mucho más desnuda.

 

 

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