CIUDADANO Y USTED

Gustavo Linares Benzo

Gustavo Linares Benzo
glinares@cjlegal.net 

La Constitución venezolana, a pesar de tantos cambios, presenta unos estratos profundos que se mantienen a pesar de los caprichos de la mayoría de turno. Así, todavía dice que, “como todas las personas son iguales ante la ley, sólo se dará el trato oficial de ciudadano o ciudadana” (artículo 21, 3). Siempre se ha pensado que esa norma pretendía impedir el maltrato o la vejación de las personas por parte del funcionario autoritario y guapetón, lo que es verdad, pero su origen viene de la relación opuesta. Prohibía, así, que nadie exigiera un tratamiento de superioridad, de nobleza o prosapia, como más adelante se especifica: no se reconocerán títulos nobiliarios. Claro, la democracia había eliminado el aura cuasi divina del gobernante y la devoción al poder no era un riesgo.

 

Pero el regreso a la barbarie ha redescubierto el sentido original del trato igual para todos. Esta misma semana, en una entrega de casas en Petare, una señora se dirigió así a Chávez al recibir su apartamento: “cómo me explico hacia él, no es cualquier persona, es Chávez, delante de él nadie, como él no hay ningún otro, no salen las palabras como expresarse hacia él” (sic). Ante estas expresiones, que recuerdan los salmos, nadie, ni Chávez ni sus oficiantes, reaccionaron con “todos somos iguales” o “esto no se debe a mí sino al pueblo”, lo dejaron pasar como la respuesta natural del común ante la presencia del Poderoso.

 

Reacción además inducida por mensajes publicitarios del gobierno que incluyen frases, rayanas en la blasfemia para cualquier teólogo, de “para mí Dios y después Chávez”, o de atletas, por cierto el perdedor, que atribuyen sus triunfos al Presidente, como si éste dirigiera las estocadas y fintas desde Miraflores. Culto a la personalidad puro y duro. Y esos cultos terminan exigiendo sacrificios, humanos las más de las veces.

 

El esfuerzo liberador de estos atavismos es mucho más profundo y difícil que ejecutar el mejor plan de gobierno. Venezuela ha regresado a la sociedad semipedal de hace cien años, un paradójico feudalismo urbano, perdiendo en el camino el Estado laico que creíamos conquistado desde Guzmán Blanco. La nueva religión oficial es el culto a Chávez, y como los emperadores romanos, él es también el sumo pontífice.

 

 

@ELUNIVERSAL

 

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