CUESTION DE METODO

Andrés Cañizales

Andrés Cañizalez

 

El chavismo simboliza hoy una clara regresión en las reglas democráticas, como base de un modelo personalista en el ejercicio del poder

 

En el punto álgido de la confrontación y polarización política en el período 2002-2004 le escuché a Tulio Hernández una frase que luego convertí en una suerte de mantra personal. Era aquel el período en el cual la propuesta opositora parecía reducirse a un eslogan: Chávez vete ya. Tulio sostenía, y yo me uní a él en varias intervenciones públicas, que en el asunto de derrotar a Hugo Chávez y al chavismo era tan importante el método como el resultado obtenido. Con ello descartaba cualquier salida extra constitucional como las que se movían por aquellos días. Nos parecía, y hoy lo ratifico, que la oposición debía erigirse como alternativa genuinamente democrática ­con métodos que la legitimaran-, aferrarse a la ruta electoral y construir de forma consensuada un proyecto de país. Debo recordar que sostener públicamente aquellas posiciones equivalía a hacerse merecedor de descalificaciones de los más diversos calibres.

 

Desde entonces mucha agua ha corrido en la vida política del país y ante las elecciones del 7 de octubre no sólo contamos con un candidato unitario, que de forma fresca y directa ha salido al encuentro del país, sino que también se ha tejido una suerte de hoja de ruta democrática. Hoy la oposición venezolana tiene, por primera vez en 14 años, posibilidades reales de derrotar al presidente Chávez.

 

La elección de Henrique Capriles Radonski como candidato unitario en unas elecciones primarias con asistencia masiva de los venezolanos es una clara muestra de la importancia del método para alcanzar fines políticos. El aparato de propaganda gubernamental ha iniciado una feroz campaña para descalificar a Capriles Radonski, pero lo cierto del caso es que el ex gobernador de Miranda goza de una legitimidad popular inédita en el terreno opositor.

 

 

 

Tenemos dos hechos que fueron de la mano para presentarse como una genuina alternativa democrática: el proceso de acuerdos y construcción de consensos políticos permitió llegar tanto a la selección de un candidato unitario, como a la elaboración de un plan programático por parte de la Mesa de la Unidad Democrática, en cuya elaboración participaron más de 400 técnicos y que fue respaldado por los aspirantes opositores antes de las primarias del 12 de febrero.

 

Mientras que el país que adversa al presidente Chávez se ha dotado no sólo de una candidato unitario y un proyecto alternativo de gobierno, y con ello ha reforzado su vigor democrático, en el terreno gubernamental ha venido ocurriendo precisamente lo contrario.

 

El chavismo simboliza hoy una clara regresión en las reglas democráticas, como base de un modelo personalista en el ejercicio del poder. El capítulo vivido este fin de semana en el estado Carabobo representa un claro ejemplo de esta cultura antidemocrática.

 

El presidente Chávez había designado, meses atrás, al canciller Nicolás Maduro como candidato a la gobernación de Carabobo. Maduro ni es oriundo de allí, no ha vivido en el estado y nunca tuvo un trabajo político específico en la región central del país. Más de un analista comentó tal designación como una suerte de castigo para el canciller, quien ante la enfermedad de Chávez ha tenido un año intenso de representación diplomática, en muchos casos supliendo directamente al jefe del Estado.

 

El pasado domingo Chávez decidió dar un inesperado golpe de timón y en lugar de Maduro dijo que el candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela sería Francisco Ameliach. Dejó en claro que la decisión era de él exclusivamente y acalló en pleno acto público las voces disidentes (del pueblo) que le pedían la candidatura a favor de Rafael Lacava, actual alcalde de Puerto Cabello.

 

Este hecho deja al descubierto el papel accesorio que tiene el PSUV, pues en realidad las decisiones las toma Chávez, sus decisiones no pueden discutirse y no hay canales para disentir de las decisiones del presidente-candidato. Todo esto, por cierto, recuerda mucho al partido Acción Democrática de los años 90.

 

Este método negador de la democracia será castigado el 7 de octubre.

 

@infocracia 

 

 

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