GRAN MISION ODIO

 

Sammy Eppel

Sammy Eppel
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En la patria de Bolívar se dan elecciones simplemente inverosímiles

 

La democracia es un complejo sistema cuyo propósito principal es poner a los gobernantes al servicio del pueblo y no viceversa. Ahora bien, y sin entrar en mayores detalles, existen tres premisas básicas para que un gobierno pueda llamarse democrático. Elecciones libres, separación de poderes y estado de derecho, si una sola está ausente, estamos en presencia de otro tipo de régimen. En Venezuela pudiésemos decir que estamos en una dictadura constitucional, pues todas las tres están ausentes y lo único que se esgrime es una supuesta Constitución que garantiza ciertos derechos.

 

En la patria de Bolívar se dan elecciones simplemente inverosímiles, donde se gana la votación y se pierde la elección y el árbitro actúa abiertamente en función política en contra de la voluntad popular. La separación de poderes causa hilaridad al comprobar que todos los supuestamente poderes independientes solo responden a las órdenes del poder central, y por último la total ausencia del estado de derecho en la forma de un Poder Judicial entregado a las órdenes de un solo hombre.

 

Para que tal “mamotreto” funcione solo hace falta el ingrediente disociador de la vida ciudadana, “El Odio”, cuya siembra en el corazón de un pueblo es la más grande inmoralidad y su acompañamiento con un permanente llamado a la violencia por parte del líder: “yo soy el único que garantiza la paz”, todo apoyado por una gigantesca campaña publicitaria cuyo único “producto” es Chávez.

 

Bajo las anteriores premisas, ganar una elección al “hegemón” sería no solo heroico sino casi imposible a menos que el pueblo que lo apoya escoja entre la dignidad del trabajo o la ignominia de la dádiva y la esclavitud. “Un hombre puede morir por su país, pero un país no puede morir por un hombre”. ¡Será!

 

 

@ELUNIVERSAL

 

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