LA GUERRA DEL PRESIDENTE

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

I

              La doctrina militar que pretende imponer el presidente confirma que es el gobierno y no la alternativa democrática el peor enemigo de los militares venezolanos. Los uniformados, oficiales superiores y subalternos, clases y soldados, que han hecho de la defensa de la soberanía su  noble profesión –de la cual por cierto se sienten justificadamente orgullosos- son víctimas de una silenciosa conspiración que articula el gobierno del presidente Chávez. Con la asesoría  de las FAR de Cuba, la civilizada idea de unas Fuerzas Armadas concebidas como Institución no subordinada a partidos o a caudillos está en acelerado proceso de demolición. Si no lo impedimos ahora, aprovechando las elecciones del 7 de octubre, echará raíces difíciles de remover.

María Corina Machado

            El gobierno, claro está, ha querido mitigar el efecto que semejante despropósito ocasione en los militares haciendo un descomunal esfuerzo para sembrar la venenosa impresión de que los enemigos jurados de nuestros militares son los partidarios de la democracia. Afortunadamente estaría el gobierno para “salvarlos”. Es, digamos, la absurda tarea de imponer la falacia contra los hechos.

            Es una tarea ímproba, no se crea. El país observa cómo la Institución Armada es convertida en brazo fuerte de la sedicente revolución y por si fuera poco dependiente en lo moral de las FAR fidelistas, al extremo de copiar casi literalmente sus nombres, emblemas, lemas y contenidos. Milicias Territoriales, Regiones Militares, guerra de “todo el pueblo” son conceptos desarrollados por la doctrina militar cubana. ¿Pero por qué no guardar una ficción de independencia cambiando nombres, así el contenido sea el mismo?  Bueno, por el deseo apasionado de identificarse con el admirado modelo. Una reacción perfectamente comprensible en los niños que creen ser superhéroes  cuando se uniforman como tales.

 

II

            Tiene el doble mérito María Corina Machado de colocar este tema ardiente en el centro de la mesa y de hacerlo con pertinencia, gracia e información. Tomaré algunas notas reveladoras de la declaración que le diera a Roberto Giusti el pasado domingo 12 de agosto en El Universal, antes de extraer conclusiones que creo indispensables. María Corina ofrece una documentación cierta. El documento destinado a postular el llamado Plan Militar Sucre fue editado por la Dirección de Geografía y Cartografía de la FANB. El propio presidente, acota Giusti, certifica con su firma.

Con buenas razones considera la diputada que el centro de la nueva doctrina es la preparación estratégica para librar una guerra popular prolongada. ¿Contra quién? Pues contra EEUU, país que se supone invadiría en algún momento al nuestro. En la agitada cabeza del proceso liderado por Chávez, y con total desapego de la realidad, Venezuela debe prepararse cuanto antes para enfrentar al Imperio. No deja de ser bochornoso que mientras el invadido se mete de lleno en el vértigo de esta nueva doctrina, el invasor no se de por enterado.

            Cuando Mao habla de Guerra Prolongada y proclama que los imperialistas son tigres de papel, reconoce que  ahora mismo son “tigres” pero tras una larga resistencia popular terminarán convertidos en felinos de frágil papel. Mao decía estas cosas desde el corazón mismo de una cruenta guerra, no en las cómodas salas situacionales de un país con más de cien años de paz, como Venezuela. El objetivo de la guerra china era causar bajas, no conquistar territorios, porque al fijarse a  uno de ellos se haría fácil presa de un enemigo muy superior.  

Esa doctrina bulle en la sesera de nuestro gobierno. En China había una gigantesca mayoría campesina que fue unificándose contra la ocupación de ejércitos extranjeros. En Venezuela la población rural es pequeña, las armas modernas minimizan el combate directo y la causa no es nacional, porque los venezolanos con toda la razón del mundo no se sienten invadidos por nadie

            ¿Y cómo encaja Cuba en tan cómicas peripecias? Su revolución fue de combustión rápida. Fidel declaró no tener paciencia para el largo plazo. Por eso descansó mucho en el espectáculo informativo. El régimen de Batista se desplomó sin que la guerra llegara al clímax.

 

III

No creo que Cuba comparta las fantasías chavistas de la guerra contra EEUU. Busca integrarse a la globalización, con base en buenas relaciones con los gringos. El modelo chino de mercado y competencia es su inspiración. Si Obama fuera reelecto esta posibilidad podría cobrar fuerza. En cualquier caso es evidente que Cuba no cree en la Guerra Prolongada de Chávez. Su creciente influencia militar y de inteligencia tiene otras motivaciones. La tragedia económica de la Isla es improrrogable y por el momento las liberalidades de Chávez son imprescindibles.

En el indicado Plan Sucre se menciona el fortalecimiento de los ejércitos territoriales de milicias para que sustituyan al ejército regular venezolano. La tensión mantiene en ascuas a nuestros militares. El ejército regular ha sido menoscabado, los ascensos por méritos desaparecieron, se ha impuesto la partidización y la sumisión al caudillo. Está fuera de dudas que de quien la Fuerza Armada puede esperar lo peor es del gobierno.

Como ocurre con las elucubraciones de Chávez, estos gargarismos épicos no cristalizarán, pero aún frustrados agotarán la capacidad financiera y de endeudamiento de Venezuela. La Milicia Territorial alistaría un millón de almas para 2013 y dos para 2019. Con tan demenciales cifras, buen entrenamiento y apresto militar, la Fuerza Armada quedaría pulverizada, los militares profesionales desempleados o perseguidos y el país sería, todo él, un inmenso cuartel.

Queda el tema de la Guerra de Todo el Pueblo, al que dedicaré mi próxima columna en este semanario. Mientras tanto, bravo una vez más por María Corina    
 

 

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