EL ESPIONAJE CUBANO

Elizabeth Burgos

ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr 

 

El libro de Brian Latell sobre el funcionamiento de los servicios de espionaje cubanos, sugiere que hasta Hugo y Adán Chávez, pudieron haber sido reclutados por la DGI y mantenidos como “agentes durmientes” hasta el momento de actuar y llegar al poder.

“Castro es el mejor maestro y especialista del espionaje de todos los tiempos”.
Brian Latell

Merece atención el reciente libro de Brian Latell, “Castro’s Secrets: The CIA and Cuba’s Intelligence Machine” (Los secretos de Castro: la CIA y la máquina de inteligencia de Cuba), escrito por este ex analista de Buró de la Agencia Central de inteligencia  de los Estados Unidos y en particular, analista durante 35 años para la CIA de los discursos de Fidel Castro.  Latell, hoy jubilado, es actualmente Investigador Asociado  del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICCAS) de la Universidad de Miami.  Su libro causó revuelo debido a la dinámica de los medios de centrarse en el tema de mayor espectacularidad, en este caso, la conclusión de Latell de que Fidel Castro conocía de antemano  el proyecto de asesinato de John F. Kennedy.  Sin embargo, para los estudiosos del castrismo, interesados en los resortes del manejo del poder y su habilidad conspirativa, disponer de un estudio como éste último ensayo de Latell, significa una fuente importante de datos acerca de la Dirección General de Inteligencia (DGI), que junto a las FAR, constituye el pilar esencial sobre el cual se apoya y se sigue apoyando, el poder de los hermanos Castro y explica en gran medida la longevidad del régimen.

Latell le otorga a la DGI cubana la misma categoría que a los servicios estadounidenses, rusos, ingleses, franceses, israelitas.  El ex analista de la CIA, haciendo gala de objetividad, no disimula una cierta admiración por el rival que combatió profesionalmente, al tratarse de un país pequeño y sin poder en términos reales.  Podríamos concluir, que la desproporcionada influencia que ejerce el régimen cubano, se debe al poder de la DGI y a su  capacidad de acción y de penetración en el mundo.

 

Hugo Chávez & Adán Chávez

 

¿Cuál es la razón de la excelencia de la DGI? Simplemente el haber contado desde su fundación con un solo y único jefe: Fidel Castro.  Según Latell, Castro es “el mejor maestro y especialista del espionaje de todos los tiempos”.  Arte que no aprendió tras asumir la toma del poder, sino mucho antes, cuando siendo estudiante se lanzó en la lucha política por el poder.  Desde entonces, el joven Fidel Castro dio muestras de poseer todas las cualidades que se exigen a un alto especialista de la conspiración y a un alto jefe al mando de los servicios de seguridad: audaz, instintivo, astuto: durante 25 años la CIA cometió el error de subestimarlo, admite Latell.  Antes por el contrario, durante los años 1950, hasta la toma del poder, el equipo de la CIA presente en Cuba, no escatimaba su simpatía por Fidel Castro, como lo admite en sus memorias el entonces embajador de EE.UU. en la Habana, Earl E. T. Smith, quien incluso afirma sus desencuentros con el equipo de la CIA, cuando trataba de convencerlos de la influencia comunista que dominaba el entrono de Fidel Castro en la Sierra Maestra.

Brian Latell

Latell admite que la CIA subestimó el alcance del inmenso talento de Fidel Castro y no supieron predecir la excelencia que adquirirían los jóvenes formados por el equipo de la KGB destacado a Cuba para formar a los jóvenes expertos que conformarían el grueso de profesionales de la DGI.  Dos categorías conformaron el primer contingente de los jóvenes seleccionados para convertirse en esos singulares profesionales: jóvenes campesinos e hijos de miembros del PSP (Partido socialista Popular, nombre del antiguo Partido comunista cubano).  Fidel Castro le daba preferencia a estos jóvenes imberbes por no estar “contaminados y constituir la base ideal del hombre nuevo” que intentaba forjar en su empeño de crear una sociedad comunista ideal.  Fuertemente  ideologizados, y animados por una admiración sin falla hacia la persona de Fidel Castro, llegaron a actuar como agentes dobles, infiltrando la CIA, reclutando miembros de los más altos niveles de la jerarquía de Washington, del Congreso del Senado de EE.UU.

Fidel Castro llevaba personalmente la relación con los infiltrados de alto nivel en Washington.  Los agentes dobles no sólo eran cubanos, también los había europeos.  Estos agentes dobles, reclutados por la CIA y que la CIA valoró durante años, trabajaban para el gobierno de EE.UU., pero en realidad eran incondicionales de la DGI, como lo demostró Castro, cuando desertó un importante agente de la DGI, cansado ya de ejercer su papel de agente y consciente de que al más mínimo desliz peligraba su vida, cuyo testimonio es parte importante del libro de Latell.  Florentino Aspillaga desertó en 1987 y esta es la fecha que marca un antes y un después en la percepción de la CIA de la DGI cubana.

Aspillaga desertó de Checoslovaquia, donde había sido destacado como jefe de centro de la DGI en Bratislava, todavía Checoslovaquia comunista, actuaba bajo la fachada de un negociante cubano, pero su misión eran labores de inteligencia y de contrainteligencia en la frontera de Austria, – además del control de 4.000 trabajadores cubanos que trabajaban en fábricas checas en pago de los subsidios económicos que Cuba recibía de Checoslovaquia (como puede verse, el sistema de alquiler de esclavos cubanos no es reciente).  El agente pasó la frontera y se puso bajo la protección de la Embajada de EE.UU. en Viena.

El golpe para Fidel Castro fue mayúsculo.  Aspillaga reveló a la CIA todo el entramado de infiltración que La Habana había tejido durante años.  Aspillaga conocía bien el tema pues había monitoreado durante años, desde el comienzo de su formación, las intercepciones realizadas por Cuba de las comunicaciones de la CIA.

Según la divisa de Fidel Castro “transformar el revés en victoria”, sabiendo perdido el trabajo de años, montó una campaña mediática destinada a ridiculizar la CIA.  Decenas de agentes dobles se convierten en estrellas de la TV cubana contando  sus hazañas contra la CIA, los hizo viajar a través de las provincias  de la isla para que contaran sus hazañas de “muchachos de la película”

Según Latell, Fidel Castro conocía de antemano el proyecto de asesinato de John F. Kennedy

En la “Sala Universal” (sic) del Ministerio de la Defensa, Castro reunió a todos los agentes dobles y les habló durante 14 horas: una manera de imponer su presencia en la mente de esos funcionarios y dictarles la cartilla y las normas de comportamiento.  Recordó la norma de la eliminación física para aquellos que traicionaran.  De hecho, Aspillaga sufrió tres intentos de asesinato en el extranjero.

A sabiendas de la rivalidad entre el FBI y la CIA, Fidel Castro se dio el lujo de enviarle al jefe del FBI en Miami, una copia en inglés del material audiovisual de la campaña de ridiculización contra la CIA, que por supuesto, éste se dio igual lujo de enviársela a su colega.

Según Latell, los servicios de inteligencia cubanos no tienen rival en el mundo, porque contrariamente a los de EE.UU., que basan su actividad en la técnica, los cubanos, como incluso los servicios europeos, le dan prioridad al elemento humano.  Al principio, los agentes estaban animados por la mística revolucionaria, al correr del tiempo, por los privilegios, interviene el poder que detentan, la corrupción, etc.  Pero como le explica Aspillaga a Latell: los servicios cubanos basan su actividad en sofisticadas técnicas psicológicas y de análisis de conducta que les permiten anticipar el comportamiento de los candidatos sometidos a estudio, bien sea para reclutarlos, bien sea para eliminarlos; tomar siempre la iniciativa; sorprender antes que dejarse sorprender.

En cuanto a la relación de Cuba con Venezuela, Latell menciona dos elementos.  El del desembarco de Machurucuto cuyo fracaso se debe a una información dada a la CIA por un capitán cubano, Francisco Carballo, cartógrafo reclutado por la CIA, encargado, nada menos, que de la elaboración de los mapas militares destinados a las operaciones de infiltración de Cuba en América Latina.  Ver la filmación de Raúl Castro arrancándole las insignias y luego Carballo, de rodillas mientras se le disparaba por la espalda con un AK-47, era tarea obligatoria de todos los candidatos a agentes del DGI.

En cuanto a la alianza con el gobierno de Chávez, Latell la considera como “el mayor éxito de Fidel Castro en América Latina”, en donde nunca había logrado una verdadera victoria pese a sus esfuerzos de financiar grupos armados y de infiltrar instituciones oficiales.

Aborda la posibilidad de que Chávez y su hermano Adam, hubiesen sido reclutados por la DGI y hubiesen permanecido como “agentes durmientes” hasta el momento de actuar y de llegar al poder.

La dictadura cubana logró penetrar a la CIA, al Pentágono, al Departamento de Estado, y hasta consiguió cooptar virtuales agentes de influencia en el Congreso y en el Senado de Estados Unidos.  En el momento en que Azpillaga les explica que todos, sin excepción, son dobles agentes que llevan años tomándole el pelo a la inteligencia norteamericana y burlándose de los polígrafos con que intentaban descubrir si los cubanos mentían.

El libro de Brian Latell constituye una fuente de enseñanza importante, no sólo para los estudiosos del tema cubano, sino para los demócratas sometidos a la acción del profesionalismo de los agentes cubanos, duchos en la lucha contra la democracia.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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