LAS CARAS DEL CENTRALISMO

 

JESÚS HERAS – 

Todo status quo genera intereses. Un grupo siempre querrá que las cosas continúen tal como están por la costumbre y porque de ello deriva privilegios. Cuando en Venezuela comenzó el proceso de descentralización, los viejos liderazgos y los sectores económicos y sociales que les rodeaban, se sintieron colgados de la brocha y el entonces candidato Hugo Chávez recibió de ellos el apoyo que necesitaba para cerrarle el paso al nuevo país que emergía.

El viejo país se había devaluado y había solo dos opciones de recambio: rencauchar el centralismo o adoptar la descentralización. Como es sabido, Salas Römer, llevado al altar donde esos intereses hacían sus ofrendas, fue sacrificado para que el viejo status quo continuara.

¿Qué pasa hoy?, pues exactamente lo mismo. El país se devalúa. Giordani insiste en mostrar unas cuentas del gran capitán de acuerdo con las cuales es baja la inflación y hay crecimiento, sin explicarnos por qué, si es así, hoy compramos menos con el mismo dinero.

Se devalúa la infraestructura del país. Se caen los puentes, los accidentes aumentan por el horroroso estado de las vías. Se devalúa nuestro sistema carcelario, convirtiéndose en el más violento del mundo y ni hablar de la seguridad ciudadana.

Se devalúa el empleo. Los trabajos informales, los malabaristas de semáforos, los buhoneros y vendedores de cocosette ya son mayoría.

Se devalúa la política. Para el gobierno la democracia es una antigualla burguesa. Los procedimientos del autócrata son, cada vez, más descarnados. Ni los úkases zaristas, ni los decretos imperiales de Napoleón fueron tan irrespetuosos. Ya no hace falta tinta y papel para los decretos. En la plaza pública se quitan y ponen candidatos, en las cadenas de televisión se dan órdenes. Mario Silva, un charlatán, recibe la espada del Libertador…

¿Y en la oposición…? Pues allí también el avance indetenible de Capriles causa desconcierto. ¿Raro? ¿Recordemos como Hugo Chávez llegó al poder? Algunos pensaron que Henrique Capriles sería un candidato simbólico y resulta que emparejó y pasó a comandar las preferencias electorales. Y ellovle genera resistencias.

El mandado no está hecho, muchos peligros acechan. Uno de ellos, quizás el más importante, es el de maltratar la unidad, base y sustento de su candidatura. La tentación de cambiarla por un plato de lentejas está allí, como hoy podría ser el caso inexplicable de dos planchas en Carabobo al Consejo Legislativo, un estado crucial para la victoria Capriles.

No sabemos si hay tiempo de deshacer este desaguisado. El empeño del Alcalde de San Diego de desafiar la Unidad, es poco menos que un suicidio, no necesariamente para la Unidad, pero sin duda para sí mismo. ¿Existirá tras todo esto un algo que no alcanzamos a aprehender? ¿Estará defendiendo el alcalde – consciente o no- el status quo del régimen que impera?

El centralismo tiene muchas caras. Hace 14 años se vistió de cocinero y ofreció freírle la cabeza a los adecos. Hoy, en defensa de los mismos intereses, podría estar disfrazado de irreverente opositor.

 

 

 

 
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