MIS CUATRO CANDIDATOS

Fernando Mires

Fernando Mires
fernando.mires@uni-oldenburg.de 

 

En política -salvo para quienes están ideológicamente intoxicados- la decisión de votar conoce múltiples motivos.

“Díme por quien votas y te diré quien eres” es quizás una frase vulgar, pero contiene un átomo de verdad. Pues la decisión de votar dice más sobre la personalidad del elector que sobre la del candidato. En ese simple acto está contenido un mundo de experiencias. Uno vota, efectivamente, de acuerdo a lo que uno es, o quisiera ser.

 

Barack Obama

1. Si yo por ejemplo fuese ciudadano norteamericano votaría por Barack Obama. Pienso que es el presidente adecuado para revertir la profunda crisis económica que heredó de Bush. La primera parte de su tarea, ya está cumplida. La segunda, la de la cosecha, cuando los programas “keynesianos” comiencen a reactivar el consumo, no debería ser heredada por los republicanos, como ya es común en esa inmensa nación.

Mas, como no soy norteamericano, mi favoritismo por Obama tiene que ver con asuntos de política exterior. Efectivamente, bajo su conducción ha tenido lugar un cambio radical en la política internacional de los EE UU, a saber: la sustitución del principio de dominación militar por el de liderazgo político. El primer principio correspondió al periodo de la Guerra Fría. El segundo, a las condiciones multipolares que priman en el siglo XXl. Ahí los EE UU deben buscar “un nuevo lugar”

Durante esa búsqueda, los EE UU enfrentarán a lo largo del siglo XXl a dos imperios: el ruso y el chino.

El primero es un imperio clásico. Su expansión se basa todavía en la ocupación militar. En cierto modo puede ser que Putin pase a la historia como el continuador post-moderno de Stalin (sin utopía revolucionaria, sin Komintern y sin el apoyo mundial que gozó la URSS).

El segundo, el imperio chino, se basa en la ocupación económica, y si la tendencia se mantiene, podrá controlar el sistema financiero de diversas naciones hasta el punto de inhabilitarlas políticamente. Es una buena carta y la está jugando.

De acuerdo al principio del liderazgo político, Obama intenta apoyar, cuando es posible, a diversos movimientos antidictatoriales de la tierra. Por cierto, no se trata de una ayuda filantrópica: la ausencia de democracia es y será el talón de Aquiles de los otros dos imperios. El apoyo a las revueltas árabes corresponde pues con ese principio. Es por eso que ninguna rebelión árabe ha sido realizada con la quema de banderas norteamericanas, como era “normal” en el pasado reciente. Además, la deteriorada Alianza Atlántica ya está prácticamente restituida. No es muy poco para tan reducido tiempo.

Henrique Capriles

2. Quizás por razones similares, en las elecciones más decisivas que ha habido en América Latina durante este siglo, las de Venezuela en Octubre del 2012, mi candidato no podría ser otro sino Henrique Capriles Radonski, el contendor más serio que ha tenido Chávez en su vida política.

Chávez representa el proyecto de usar el gobierno como medio de toma del poder, pero no del poder de una clase, sino de un grupo de amigos personales cohesionado en torno a su liderazgo. Representa, además, la anulación de una de las conquistas más caras de Occidente: la separación de los tres poderes. Y por si fuera poco, representa el retorno del caudillismo militar decimonónico, aunque esta vez venga vestido con el rojo color del socialismo. 

Desde el punto de vista internacional, Chávez ha bloqueado la ola democrática iniciada en la región después del declive de las dictaduras militares “clásicas”. De acuerdo a ese objetivo, ha contraído relaciones con las más espeluznantes dictaduras. Gracias a la intermediación de Chávez, los gobernantes más asesinos de la tierra se han paseado por América Latina como perro por su casa.

Pero no sólo por ser “el anti-Chávez” yo votaría por HCR.

Capriles levanta un proyecto cuyo objetivo es unificar reivindicaciones libertarias con reformas sociales nunca realizadas por el chavismo. Es por eso que en Venezuela, gracias a Capriles, se ha desatado un movimiento social y político que trasciende a los partidos que apoyan al candidato de la democracia.

Jorge Gómez Arismendi

3. Mucho más difícil sería para mí elegir algún candidato en Chile, mi país de origen. En cualquier caso, si yo estuviera ahí, me alejaría como de la peste de los partidos políticos, agotados en canibalescas luchas internas. Simplemente actuaría en ámbitos ciudadanos asequibles. Esas son las razones por las cuales, desde tan lejos, apoyo la candidatura a concejal por la comuna de ñuñoa de Jorge Gómez Arismendi, a quien casi nadie conoce en Chile (creo que en ñuñoa tampoco)

Si no fuese candidato por ñuñoa, también yo apoyaría a JGA. Porque mi apoyo a JGA no tiene nada que ver con que casi toda mi niñez y juventud la haya vivido en ñuñoa, donde tuve mis primeros amigos, mis primeras “pololas”, mis primeros partidos de fútbol, mis segundos y terceros estudios, mis primeras curdas. No, mi apoyo virtual a JGA no tiene que ver (sólo) con ñuñoa.

Tiene que ver con una posición ética de JGA, una que dice más o menos así: “cuando los partidos políticos ya no te representan, en lugar de quejarte debes representarte a ti mismo”. Ahora, para pensar de tal modo, y luego actuar, hay que tener cojones. Es por eso que si tuviera diez años menos viajaría a Chile a sumarme a la campaña de JGA: candidato quijote en un país donde hay tantos sanchos.

Herr Sonneborn

4. Pero como no vivo en Chile, he decidido votar en las próximas elecciones comunales por Herr S., eterno candidato a concejal por la circunscripción Eversten, en la ciudad de Oldenburg.

Nunca he votado por Herr S., conservador y cristiano. En las elecciones nacionales voto por los socialistas y en las comunales por “los verdes”. Sin embargo, en las próximas elecciones voy a votar por Herr S. Y no lo haré sólo porque los demás candidatos son unas plastas, sino porque Herr S. no lo es.

Herr S. vive frente a mi casa. Sale de la suya a la misma hora; hace sus paseos a la misma hora; asiste a los servicios religiosos a la misma hora; trabaja en su jardín a la misma hora.

Apenas me divisa Herr S. atraviesa la calle para saludarme. Hablamos cordialmente del tiempo, del exceso de tráfico y, más recientemente, de la vida lenta de los jubilados. En fin, creo que Herr S., hombre recto y cordial, es el ciudadano que habría deseado Kant para su “república civil”.

Hace tiempo que no veo a Herr S. Una semana atrás divisé a Frau S. Caminaba lento, mirando al suelo. En las noches la casa de Herr S. ya no está iluminada, como solía estar. Y me extraña mucho que la maleza ya está cubriendo gran parte de su cerco. Quizás en las próximas elecciones tampoco podré votar por Herr S.

 

 

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