PROSPEROS Y TEMEROSOS

Jorge Sayegh
JorgeSayegh@gmail.com

 

Creer que hay prosperidad cuando somos víctimas de la delincuencia resulta un misterio

 

Delincuencia y desempleo, casi siempre en ese orden, se repiten como los primeros problemas del país en las respuestas de los encuestados. Por eso resulta coherente que en el estudio de Gallup de 2010, Venezuela ocupe el tercer lugar en el mundo donde sus ciudadanos se “sienten inseguros”. Que sí, que se trata de una percepción, pero basada en hechos reales que comienzan en la reja de tu casa y terminan en la morgue.

 

Lo que pareciera un sinsentido es que también ocupemos los primeros lugares en la “sensación de prosperidad” (Gallup 2011, 6to. lugar) ¿Cómo podemos considerar que falta el trabajo y, a la vez, entendernos como el sexto país más próspero del mundo? Como esto es un artículo de opinión, eso haré: Porque no relacionamos prosperidad con trabajo. Para el venezolano la idea de prosperidad está más vinculada a una oportunidad circunstancial que a la acumulación de capital que se deriva de la constancia en el trabajo. Y no responde a una idea alocada, sino que en realidad ¡eso ocurre en nuestro país!

 

Ser empresario o trabajador independiente legal es muy engorroso en Venezuela. En cambio cazar algún “negocio” que produzca una ingente cantidad de dinero a cambio del menor esfuerzo posible, es un escenario del cual todos hemos sido partícipes, aunque sea como espectadores. En lo personal creo que esta distorsión -en la mayoría de sociedades del mundo se entiende que la clave de la riqueza reside en el trabajo- se debe a la maldita fortuna de tener petróleo, que nos permite sobrevivir y mantener una esperanza de prosperidad basada en la propiedad ilusoria de una renta petrolera.

 

Esa distorsión puedo entenderla, pero creer que hay prosperidad cuando somos víctimas temerosas de una delincuencia impune, me resulta un misterio.

 

 

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