SEGUN EL SENADOR

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli

Juan M. Raffalli A.
jraffalli@rdhoo.com 

 

¿Será que a estas alturas todavía hay gente que se cree semejante respuesta del Presidente?

 

El día de la incorporación formal de Venezuela al Mercosur como miembro pleno, Román Lozinski entrevistó a un senador del Partido Comunista uruguayo, cuyo nombre he olvidado pero su declaración no. Con una ingenuidad nada propia en los políticos avezados, este senador derrochaba elocuente júbilo por el ingreso de Venezuela en el Mercado Común del Sur. Se trata de un día de fiesta, manifestó. Acto seguido se dedicó a justificar su aseveración. Gracias a Venezuela y a su petróleo en Uruguay durante los últimos años hemos logrado objetivos impensables; hemos desarrollado nuestra industria eléctrica haciéndola confiable y robusta, hemos ampliado y fortalecido nuestra industria azucarera y hasta hemos logrado acceder al espectro sideral que nos correspondía, gracias al satélite Simón Bolívar. Como quien no quiere la cosa, Román le preguntó, palabras más palabras menos, ¿si Venezuela no fuera una potencia petrolera el júbilo sería igual? Fin de mundo, allá rodó el senador, diría Aly Khan. La respuesta vino tras una pausa angustiosa y se limitó a decir que Venezuela es un país generoso y que los intercambios también pueden ser culturales y sociales, de hecho, ellos nos venden papa.

 

Poco después de esta reveladora entrevista, el candidato Correcaminos le da duro al tema diciendo a tambor batiente que ya basta de la regaladera de petróleo, que ese recurso es nuestro principal ingreso y no puede donarse a otros países para que ellos atiendan sus necesidades, mientras los venezolanos padecen las suyas a diario. La reacción del otro candidato fue asombrosa, “no regalamos el petróleo, lo rescatamos, antes se regalaba al imperio”. Algunos podemos tener cara de tontos, pero no tanto.

 

A decir de los expertos petroleros más reconocidos, entre lo que consumimos internamente y lo que se ha regalado o vendido para ser pagado tarde, mal, o nunca, se van casi dos tercios de la producción actual por lo que realmente vivimos de ese millón de barriles que el imperio, odiado pero indispensable, nos paga religiosamente. ¿Será que a estas alturas todavía hay gente que se cree semejante respuesta del Presidente? En un país que según el novísimo resultado del censo la edad promedio es 27 años, pero cerca de la mitad estaría dispuesto a tener un Presidente por 19 años, se puede esperar cualquier cosa.

 

 
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