SIMON BOLIVAR NEOLIBERAL

 

Rubén De Mayo
rub_dario2002@yahoo.es 

 

Con insistencia, el chavismo ha dicho que su socialismo garantiza la salvación del planeta (y saber que solamente pudimos ganar una medallita en las Olimpíadas, y estamos pensando ser los redentores de la humanidad), siendo su contrapartida el despótico y genocida neoliberalismo.

 

No vamos a detenernos aquí en que el socialismo representa la salvación del planeta; tan obstinados, agobiados y destruidos moral y materialmente quedaron los europeos que padecieron la Unión Soviética y las dictaduras totalitarias de izquierda (Hungría, Yugoslavia, Rumania, etc.), que ni siquiera se han planteado, en la actual crisis económica, experimentar de nuevo con el estatismo económico.

 

Detengámonos, sí, en el “neoliberalismo”. Pero para acercarnos al término “neoliberal” (liberalismo moderno), debemos precisar qué entendemos por liberalismo. Un hombre liberal, en palabras de Karl Popper, “es aquel que concede valor a la libertad individual y que es sensible a los peligros inherentes a todas las formas del poder y de la autoridad”. El liberalismo, cuya cuna podemos ubicarla en Inglaterra, donde desde el medioevo existía un contrato entre el Rey y los nobles (Carta Magna 1215), que garantizaba a estos últimos una serie de derechos, base de su libertad, fue el ideario que sirvió de alimento y sustento al movimiento enciclopedista y el republicanismo de la revolución estadounidense y francesa de finales del siglo XVIII, que estatuyeron constitucionalmente la libertad y otros derechos del hombre como inalienables. Ese liberalismo político también venía acompañado de un liberalismo económico, que hacía del libre concurso del individuo en el mercado, sin participación del Estado, su razón de ser.

 

Las ideas liberales se fueron enriqueciendo cada vez más, por el contexto de injusticia social imperante en Europa. Es así, como dentro del liberalismo surgieron pensadores muy preocupados por la desigualdad social, que hicieron un análisis de la dinámica económico-social del capitalismo de la época, llegando a proponer prácticas y experimentos sociales para una organización socioproductiva más justa. Hablamos de los socialistas utópicos (Fourier, Owen, Saint-Simon, etc.), a los cuales Karl Marx estudio en profundidad, ya que eran la punta de lanza del pensamiento político y socioeconómico de la Europa de la primera mitad del siglo XIX.

 

Con Karl Marx, el liberalismo perdió sus alas con la importancia que éste le otorgó al Estado para transitar hacia el comunismo. El socialismo, para Marx, debía ser una dictadura del proletariado, concediéndole al Estado un poder desmedido y autocrático sobre el individuo y la colectividad; postura esta que entró en conflicto con los denominados “anarquistas”, que aunque compartían la idea de la revolución en contra de la burguesía, superando así la explotación del hombre por el hombre, veían en el Estado otra fuente perversa de poder.

 

En el siglo XX, el liberalismo se sensibilizó ante la situación de pobreza de la clase trabajadora. Surge entonces la democracia social, con un pensamiento económico que propugnaba la intervención estatal razonada en la economía, para evitar las crisis cíclicas del capitalismo (recordemos la Gran Depresión de 1929). El intervencionismo en la economía, predicado por brillantes economistas como Keynes y Beveridge, alcanzó su cenit con la instauración de la “sociedad del bienestar”, en la década del sesenta.

 

En la década de los setenta, este modelo económico planificador e intervencionista hizo crisis, y se retorna a las clásicas ideas del libre mercado, lo que se ha dado en llamar neoliberalismo; pero eso sí, con un Estado responsable socialmente, garante de los derechos sociales de la ciudadanía, que aboga por la equidad y la justicia social, como predica el liberalismo igualitario de John Rawls y, en la práctica, se evidencia en los sistemas de seguridad social occidentales.

 

Somos dignos herederos del liberalismo. Porque liberal fue Bolívar, y como el que más, tanto que ahora sería, seguramente, neoliberal en toda la amplitud y generosidad del término; como liberal fue la política doctrinaria del siglo XIX venezolano. Y ya en el siglo XX, el liberalismo salió triunfante con la democracia social, que lo acotaba en beneficio de la colectividad. Si hasta usted mismo que me lee es liberal, como buen demócrata que es, amante de la libertad. No dejemos, pues, que la ignorancia delirante del dueño del circo con sus payasos nos confundan.

 

@rubdariote

 

 

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