UNA VICTORIA DE CONSECUENCIAS

 Antonio Pasquali
apasquali66@yahoo.com 

 

Un milenario proverbio chino resume en una sola paradoja las antiguas cosmologías, Newton, Lavoisier, la relatividad generalizada, la globalización y la ecología: “no cae pelo de gato que no repercuta en el universo entero”.

 

La retórica política acude con frecuencia a esa paradoja de las mínimas causas/enormes consecuencias para atribuir a irrelevantes personajes gestas rimbombantes. Otras veces, ignorando a contrario estar inmersos en la paradoja, no atinamos a prever que un acto supuestamente localista pueda conducir a efectos trascendentes.

  


 

A este segundo género de relaciones causales pertenece la derrota que la democracia infligirá al despotismo chavista en octubre. Esa victoria no será tan solo el final de una pesadilla, un cambio de gobierno y un retorno a la democracia para los venezolanos. A fuerza de la grotesca dimensión internacional que el propio Chávez se atribuyó, ese viraje endógeno trae en sus pliegues la paradoja china, una vocación a apresurar el exógeno derrumbe de otras dictaduras del mundo aún asentadas en despotismos, miserias y populismo (en primer lugar la de Cuba).

 

Los venezolanos que en 1797 y 1811 conspiraron y firmaron la primera Acta de Independencia de Latinoamérica no imaginaron que sus gestas arrastrarían un hambre de libertad continental; los votantes de 2012 ignoran que su victoria sobre Chávez puede pautar el comienzo del final para los mal llamados “socialismos reales” que aún sobreviven a sus 46 fracasos anteriores.

 

Chávez debe su largo reinado a haber sido un déspota riquísimo; sus delirios internacionalistas parecieron mero teatro hasta que se comenzaron a contar los millardos que sustraía al país para comprar alianzas, y su despotismo gozó del beneficio de la duda hasta el 3 de diciembre de 2007, cuando declaró que el NO de la disidencia había sido “una victoria de mierda” que no le impediría llevar adelante su proyecto anticonstitucional. Comienza ahí la fase dictatorial de su despotismo, la consolidación de su alianza con otros dictadores y el aislacionismo.

Cual encargado de misión por Cristo, reencarnación de Bolívar y resucitador del sóviet (se lo aseguró a un atónito vicepremier Zhukov en Miraflores el 10 de noviembre de 2005: “Todo esto explotará pronto (…) América Latina es hoy la Stalingrado de las ideas, ella será lo que Rusia no pudo ser”, (¡sic!), Chávez se inventa mentor de una cofradía de déspotas: los Castro de Cuba (en relación de súcubo a íncubo) y los hombres fuertes de Argelia, Libia, Irak, Siria, Zimbabue, Bielorrusia y China, más la teocracia iraní, más Rusia y Vietnam en la delirante creencia que siguen siendo comunistas; apoya peligrosamente las FARC (“nosotros no colindamos con Colombia sino con una fuerza beligerante“) hasta que los colombianos, computadoras rebeldes a la mano, le imponen silencio (muchos meses lleva Chávez sin insultar al vecino país); protagoniza un intento fallido ­los detalles se conocerán pronto­ de fundar Venecuba; flirtea con el socialismo español a punta de contratos, intenta convertir al Portugal de Suárez y Sócrates en cabecera de puente chavista en Europa adquiriéndole computadoras y tecnología eólica (¡cosas veredes!) y financia con asquerosa demagogia a los pobres del primer mundo en Londres y Estados Unidos. De consumo, aísla el país, hostigando la mirada ajena y el arbitraje internacional admitido por la Constitución: en gesto muy antibolivariano se sale de la CAN, grita que se irá del FMI (no pudo hacerlo), se retira del Ciadi (donde reposan 26 demandas contra el país, un récord mundial), adopta la imbécil decisión de retirarse de la ISO (la International Standard Organisation; Cuba es miembro activo), ordena el retiro del CIHD, ahuyenta inversionistas y acosa duramente las ONG.

 

Cuando esto se acabe, nosotros descubriremos horrorizados lo que escondían los acuerdos secretos de Chávez con Cuba, Irán, Siria y Rusia, y el mundo saludará la primavera venezolana como la más fértil tras las de Túnez, Egipto, Libia y Siria.

 

 
Antonio PasqualiAntonio Pasquali

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