CAPRILES Y LOS RUSOS

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

“El flaco Capriles se ha convertido en un candidato extraordinario. Donde llega, arrasa. Tiene el impacto emocional de un rock star. Transmite una imbatible imagen de juventud, seguridad y decencia.”        Eric Ekvall

 

I

            Carlos Alberto Montaner es un intelectual no-venezolano que sin embargo se preocupa de la suerte de nuestro maltratado país como el más comprometido de ellos. Le guardo por eso y por su manera de ser un gran afecto. Es pues un amigo sincero y, lo que es más importante, probado.

            Ha destinado a Venezuela dos recientes artículos que muestran una evolución de sus expectativas sobre lo que ocurrirá el 7 de octubre. En el primero explica -y se lamenta por eso- las causas de la “invencibilidad” de Chávez. En ese momento estaba influido, al igual que muchos y es comprensible, por la masiva campaña del gobierno dirigida a convencer al mundo (incluso a la propia unidad democrática)  que su victoria estaba cantada y sería demoledora. Y el segundo, nuevos y buenos datos en la mano, Carlos Alberto afirma estar persuadido de la victoria de Capriles Radonski, pero une su preocupación a la de los nada escasos comentaristas que hablan del peligro de un fraude masivo. El argumento tiene lógica pero no toda la lógica: Chávez –se advierte- está demasiado aferrado al poder. Preferirá ensangrentar su país antes que aceptar la voluntad popular si, como se vislumbra, le resulta adversa.

Comentaré por separado tanto la relación de fuerzas electorales de cara al 7-O, como la viabilidad de un desconocimiento de la voluntad popular

 

 

II

                    El gobierno de Chávez había logrado confundir al mundo con rotundas jactancias que están siendo desmentidas. La estrategia era redonda: puesto que desde las primarias de Febrero, con unidad, programa y un candidato sorprendentemente idóneo la alternativa democrática viene en ascenso, había que sembrar la idea de que aquel esfuerzo era inútil, la pelea estaba perdida, la victoria del caudillo sería abrumadora. Para dar visos de verdad a ese espejismo, el gobierno se fue a predicar por el planeta, bolsa en mano. Removió sus amistades del Foro de Sao Paulo y a actores de Hollywood, amigos de su causa; usurpa con desverguenza los merecimientos obtenidos por los nobles atletas en las Olimpíadas e incluso, con habilidad algo inútil pero que debe reconocérsele, se esfuerza en convertirse en el Salvador de Amuay cuando la irresponsabilidad de su gobierno y de PDVSA son más que evidentes.

                    Todo muy bien, pero la tozuda verdad está saliendo a flote. La tortilla da vuelta y ahora para consultoras muy serias la primera opción la tiene Capriles.

                    La película que describe Consultores 21 es impresionante. Chávez no cae abruptamente. Se estabiliza debajo del 50%. El punto es el ascenso sostenido de Capriles. En julio, empate técnico con dos más por Chávez, en agosto igual pero una décima a favor del presidente, y ahora, empate técnico, poniendo Capriles dos arriba. Esa secuencia de menos dos, cero, más dos, muestra que el abanderado democrático crece sin pausas y lo seguirá haciendo, en tanto que el presidente-candidato parece que llegó a su techo. Si no surge algún imprevisto estruendoso que lo ayude, su derrota estará pintada en la pared. Es lo que observa con probidad Carlos Alberto.

 

III

                    El empalagoso narcisismo del presidente y el estilo “vida o muerte” de muchos de sus seguidores, dan pie a las dramáticas interrogantes: ¿Se resignarán a un resultado adverso? ¿Se imaginan a Chávez colocándole la banda a Capriles?

                    “Los rusos también juegan”, le acotó uno de sus futbolistas a Mario Zagallo, director técnico de Brasil que les explicaba cómo derrotarían a la selección rusa. La frase recuerda que son dos y no uno los que luchan. Y a los efectos de ella los rusos serían “los otros”, Capriles, la unidad democrática. También juegan y cada vez mejor.

                    La derrota no le cae bien a nadie, menos a un personaje como el presidente Chávez. Seguramente no le divertirá que Capriles lo derrote y hasta probablemente juegue con la idea de no entregar. Pero el problema no es querer sino poder, como hubieron de admitirlo el dictador Pinochet y el autócrata Daniel Ortega. Una reputada encuesta daba 19 puntos de ventaja a Pinochet en la disputa del plebiscito.  Por su parte,  todas las encuestas, y no sólo las cercanas al sandinismo, anticipaban el triunfo de Ortega sobre Violeta Chamorro. ¿Quién iba a creer que con tanto que perder el dictador y el autócrata reconocerían su derrota? Lo hicieron porque llegaron a la conclusión de que más perderían usurpando que respetando la voluntad soberana.

                    No es sólo cuestión de votos sino de fuerza, porque se trata de una “relación de fuerzas” Quien más tenga, decidirá. Y está a la vista que el bloque gubernamental ha retrocedido en moral, movilización, unidad e influencia en los factores de poder, incluyendo uniformados, sindicales y redes populares. En cambio, desde las Primarias la MUD se compactó alrededor de Capriles, diseñó un convincente programa y se metió a fondo en los barrios populares, donde registra avances notables. Los ríos humanos que reciben a  Capriles, lo confirman.

                    La garantía de pureza electoral está en las Mesas. Donde no haya presencia democrática, el régimen se apropia de los votos. Por eso, con ejemplar eficacia el Comando Venezuela las cubrirá todas con personal calificado. Ya 120 mil pasaron la prueba, 90 mil en trance de hacerlo.

                    Capriles y la unidad merecen la victoria. Pero volvamos a Zagallo: los rusos –esta vez los chavistas- también juegan. 

 

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