El dilema del 7-O: un presidente o un mandamás

Vladimir Villegas

Vladimir Villegas
vvillegas@gmail.com

 

El poderoso dedo presidencial terminará convirtiéndose, hoy, mañana o pasado, en la perdición del proyecto político que Hugo Chávez Frías encabeza. No tengo la menor duda de eso, por más que desde las filas del Partido Socialista Unido de Venezuela insistan en edulcorar la amarga situación en la que se colocan las bases ante el dilema de calarse “disciplinadamente” cuanta imposición se le ocurra al líder mesiánico o ser enviados a la “celda de castigo” que en apariencia significa ser estigmatizados como traidores, vendepatrias, burgueses o agentes del imperio.

Ya son muchos años de imposiciones similares. Lo de Carabobo es la repetición de la misma película que hemos visto a lo largo de este período.

Por ejemplo, Diosdado Cabello fue elegido suplente de la Dirección Nacional en las elecciones del partido oficialista y de ahí saltó a la primera vicepresidencia por obra y gracia de la decisión presidencial. Lo mismo ha ocurrido con candidatos a gobernadores, alcaldes o diputados. Imagino todo lo que pasó por la mente de Rafael Lacava cuando las bases carabobeñas lo aclamaban como candidato a la gobernación en presencia de Chávez y éste las reprendió con su trueno de voz característico y les notificó que el candidato era Francisco Ameliach y punto. Con Chávez manda el pueblo, pero con ciertas condiciones.

Ni Lacava ni otro dirigente psuvista tienen derecho de soñar con competir libremente en unas primarias, ni de imaginar que en su partido pueda pedir la palabra y tan sólo decir que no comparte el estilo, la forma o siquiera alguna opinión del líder. Eso está vedado para los militantes del partido de Chávez, y miren que nunca estuvo más ajustado este calificativo. Es el partido del Presidente, no de un colectivo. El índice presidencial es más poderoso que todas las asambleas partidistas, que cualquier decisión de la Dirección Nacional.

Allá quienes estén contentos con ese modelo de partido. Y si de ahí no pasara, no habría problema. El asunto es que ese esquema unipersonal lo tenemos reproducido en toda la sociedad. Los venezolanos estamos aprendiendo lo que es la diferencia entre un Presidente y un mandamás, por eso la elección del 7 de octubre será entre uno u otro.

Sé, porque de allí vengo, que hay muchas bocas amarradas, mucha angustia en sectores democráticos del chavismo y del psuvismo que están francamente contrariadas por el hecho de no tener, por los momentos, otra opción que la de aceptar esas terribles reglas de juego. Sin embargo, lo que hicieron las bases psuvistas de Carabobo, por mucho que sigan apoyando a Chávez, es un innegable y, a la vez, loable gesto de rebeldía. Un gesto que seguramente no pueden hacer algunos dirigentes psuvistas que uno conoce y que, con certeza, tragan grueso cada vez que el líder les recuerda quién manda a quién.

 

Sinceramente respeto la decisión de quienes aceptan ese trato, de quienes se someten a la condición de subalternos sin voz. No obstante, muchos son los graves problemas del país que no han podido resolverse por la cómoda postura de callar “en nombre del proceso”. Y eso vale para ministros, diputados, gobernadores, alcaldes y demás funcionarios rojos rojitos. Pero tranquilos, este país es tan noble que sabe esperar y aceptar hasta las más tardías rectificaciones. De todas maneras, se les agradece si no se demoran más de la cuenta.

 

 

 

 
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Un Comentario;

  1. albio lubin maldonado r said:

    el país se debate entre el dedo presidencial y el dedo opositor. uno y otro limitan el libre alvedrio de los venezolanos coartando el surgimiento de una nueva dirigencia y truncando la vocación de servicio de muchos jóvenes sin dejarnos ver la visión que esa generación tiene del país que quieren construir. ambos dedos son contrarios a la democracia.

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