El magnetismo de Óliver Torres

Óliver Torres ya debutó oficialmente en liga con el Atlético de Madrid.

El Atlético trata de frenar la euforia que rodea al joven futbolista, quinto en la venta de camisetas del club y toda una ilusión para la hinchada rojiblanca

J. QUIXANO / Madrid

 

El técnico Simeone le soltó una frase paternal, de esas que se notan pero que no duelen, de esas que llevan un mensaje implícito –“bienvenido a Primera”, le vino a decir- y que no se olvidan. Aceptó el cazo de buen grado Óliver Torres (Navalmoral de la Mata, Cáceres; 1994), sobre todo porque tenía la cabeza y la vista en el césped del Ciutat de València, campo del Levante; donde debutó en la Liga. La parte de grada rojiblanca, Twitter y los foros atléticos bulleron entonces de algarabía, desmedidos en los elogios y en cómo reverberará al equipo este irreverente futbolista, el noveno más joven en debutar con la elástica rojiblanca. “Nos ha sorprendido porque no esperábamos que llegara tan pronto”, reconocen desde el club. Se estrenó con 17 años y 283 días y el precedente, más que nada en cuanto a la ilusión que contagia porque la situación deportiva es contraria, es Fernando Torres, que lo hizo con 17 años y 68 días. Oli –como se le conoce en el vestuario y nombre que le viene porque su hermano mayor era un apasionado de los dibujos Oliver & Benji– ni siquiera se había calzado las botas en un partido oficial antes del Levante, pero ya engancha sobremanera, hasta el punto de que es el quinto que más camisetas vende en la tienda oficial, solo superado por Falcao, Adrián, Arda Turan y Juanfran. Tiene el futuro a sus pies, en sus pies.

La irrupción de Óliver, tan necesaria porque se marchó del equipo el trescuartista de mayor ingenio (Diego) como efervescente porque el curso anterior siempre estuvo en el juvenil División de Honor, constata la predisposición del Cholo a mimar la cantera. “Tendrá ficha del filial porque hay que ir poco a poco, no hay que agobiarlo”, explicó en su día; “pero traigo un informe para el que tenga dudas de si tengo miedo de poner a un chico joven. En total, fueron unos 25 los que hice debutar. A Óliver no lo apuren; es un jugador exquisito y ojalá que podamos llevarlo con tranquilidad para que, en el momento que nos sirva, nos pueda echar una mano”. Pero que el curso pasado jugara en División de Honor ha sido un problema para el club, que no lo pudo inscribir en la Supercopa ni en la primera fase de la Liga Europa; resulta que la normativa UEFA exige que el futbolista menor de edad sume dos cursos en equipos afiliados o en el filial para ser europeo.

Al que nunca le importó su condición de juvenil, sin embargo, fue al seleccionador de España sub-19, Julen Lopetegui, que siempre contó con Oli en la fase de clasificación del Europeo, en la Copa Atlántico –fue escogido el mejor jugador del torneo, también conquistado- y en el mismo Europeo, laurel de oro tras una final de lo más disputada frente a Grecia. “Si ha sido indiscutible en el equipo”, cuenta Lopetegui; “es porque se lo ha ganado”. Ver jugar a Óliver, en cualquier caso, suele ser un amor a primera vista, como ocurrió con Simeone. En un partido del juvenil contra el primer equipo, paró el juego y soltó: “Oli, ponte con nosotros”. Horas después, era convocado para viajar a Sevilla, para medirse con el Betis. Aunque no jugó, consideró el jugador que era una “experiencia única”. Más o menos lo que piensan los técnicos de su fútbol. “Es un centrocampista que entiende muy bien el juego y que tiene mucha calidad técnica, aunque no se desentiende de la fase sin balón. Te trasmite sensación de querer ser siempre mejor y, como tiene la cabeza muy bien amueblada, parece que seguirá así”, analiza Lopetegui. Y desvela, quizá, su secreto: “Tiene unas piernas mucho más fuertes de lo que parece, un tren inferior espléndido que utiliza para guardar la pelota al tiempo que piensa en la siguiente decisión que tomar. Son pocos lo que aguantan las entradas y escogen bien la siguiente acción”.

Capitán también en el Europeo sub-19, al futbolista le llegaron ofertas suculentas. No ha sido raro ver a Martin Ferguson –hermano de Sir Alex y ojeador del Manchester United- por el Cerro del Espino como tampoco extrañó que el Chelsea tanteara al Atlético por el futbolista. Saltaron las alarmas en el club, que reaccionó extendiéndole un contrato, ampliándolo hasta 2017 y con una cláusula de 24 millones. “No me he ido”, convino entonces Óliver; “porque mi sueño siempre ha sido el de triunfar en el Atlético”.

“La afición quiere tener un icono. Y si es de la cantera mucho mejor”, explica Adelardo Rodríguez, futbolista con más partidos (511) con el Atlético, en la década de los años 60 y 70. Pero, un tanto crítico, corrige: “Óliver tiene condiciones, mucha calidad y todo para triunfar. Pero creo que no se le puede forzar. Es mejor sacarle cuando el equipo gana, en otras condiciones. Le están intentando hacer salvador antes que futbolista”. Lopetegui, sin embargo, solo hace la lectura positiva: “Estamos encantados de que juegue en Primera. Eso solo acelera su progresión”. Aunque admite: “Pero tranquilidad y paciencia”. Ignacio Camacho, jugador del Málaga que debutó con el Atlético en la Liga cuando apenas contaba con 18 años, considera que nunca es pronto: “Si te llama el fútbol, no se puede desaprovechar”, explica; “es verdad que hay que llevarlo bien y es peligroso porque te puedes apalancar y creerte más de lo que eres”. Y añade: “Es un cambio tremendo pasar del filial [Óliver llega del División de Honor] a Primera, pero es lo máximo. Si bien se nota la presión de la gente, sobre todo la del Atlético, eso te ayuda a crecer y madurar”. Eso, de todas formas, no preocupa en el Atlético; siempre recuerdan lo que les dijo a los técnicos nada más llegar, cuando apenas se alzaba metro y medio: “Quiero ser algo en el fútbol para ayudar a mi familia, para que mi madre no trabaje”. Está a un paso.

 

El País

 

 

 
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