El revire

 

Marcos Carrillo
mrcarrillop@gmail.com
@carrillomarcos

 

 

El régimen se cuartea. Cada día el candidato que quiere gobernar por 20 años se ve más desdibujado. El orden militar-estalinista del partido que fundó se desvía de su curso original y toma los cauces naturales de toda democracia en la que tarde o temprano surge la alergia al sometimiento, y el individuo, no el colectivo, revela sus aspiraciones legítimas de deslastrase del autoproclamado líder de la revolución.

El episodio de Valencia, en el que en pleno mitin televisado Chávez insultó a un grupo de sus seguidores y les impuso un nuevo candidato porque él así lo ordenaba fue un primer síntoma de la pérdida de control que se va sintiendo alrededor del otrora todo poderoso. A eso le siguió el desastre de Táchira en donde nadie quiere ser el candidato perdedor por culpa (quién lo diría), del  que fue llamado hace cada vez más tiempo “el portaaviones”.

No había pasado una semana de la debacle andina y pasó la ya conocida cadena interrumpida al momento en que un grupo de trabajadores se le alzaban frente a todo el país mientras un Chávez escindido totalmente de la realidad se concentraba en hablar sobre alguna cualidad de una botella vacía a la que veía de cerca como abstraído (los dioses deben estar locos).

Lo cierto es que el hombre ha perdido el control, no sólo de sí mismo, sino de su partido. En el PSUV sucede lo impensable: es factible revirársele a quien fue el indiscutible jefe. Sus antes fieles seguidores necesitan bidireccionalidad en la comunicación y quieren construir una carrera política que sobreviva a un régimen agotado y más anclado en el pasado que nunca.

La incertidumbre que existe en cuanto a quiénes serán ungidos por el dedo presidencial para ser candidatos en las regiones, lejos de fortalecer la figura totalitaria, la debilita enormemente. Nadie quiere moverse hasta ver su cargo asegurado. El clientelismo cobra una factura inesperada y el aparato electoral chavista se desmorona.

El revire fue el principio del fin. El deslave hacia la democracia es inminente. Ya quedarán unos cuantos vociferando por las aceras sobre Zamora, Mao y los Castro, mientras el país renace. La talanquera está más bajita que nunca.

 

 
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