No se trata sólo de Ameliach o Lacava

 

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos Lozano
Carlos Lozano
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No soy quién para decirle a los chavistas carabobeños cuál debe ser su candidato para competir en diciembre por la Gobernación, pero como ciudadano pienso que es mi derecho democrático hacer algún comentario, no como chavista sino como especialista en el área comunicacional sociopolítica y como carabobeño. Es mi derecho y mi deber también.

El problema no es quién puede ganarle a Salas y a Proyecto Venezuela, un propósito muy difícil. Lo importante está en definir quién tiene la capacidad y la voluntad para rescatar a un chavismo popular que, aparte del alcalde de Puerto Cabello, parece tener no sólo una alarmante falta de líderes auténticos, sino estar sometido a equivocadas ingerencias del propio jefe del PSUV, el Presidente Hugo Chávez. Ningún chavista puede pensar en derrotar a Salas sin conquistar previamente, cuando mínimo, la solidaridad y confianza del chavismo de base en Carabobo.

Un buen ejemplo lo vieron los carabobeños en las pasadas elecciones de gobernadores, cuando se impuso desde Caracas a un personaje externo al chavismo carabobeño, Mario Silva; no se trata aquí de juzgar si el señor Silva tiene o no la capacidad para ser un buen gobernador, sino de haber ignorado a los dirigentes rojos que hacen vida y desarrollan sus esfuerzos a diario en Carabobo. Si en vez de ordenar, Chávez hubiese llamado a sus seguidores a elegir su candidato, sin abandonar el esfuerzo por la candidatura presidencial, quizás otra sería la historia.

Flaco servicio le hizo Chávez a Francisco Ameliach al nombrarlo candidato porque sí, sin consultar a nadie, sólo, como lo dijo duramente en el mismo acto, “porque yo dije Ameliach”. Ni Francisco Ameliach ni Rafael Lacava necesitan ese tipo de nombramientos y rechazos -todo el mundo sabe que el alcalde de Puerto Cabello aspira al cargo. Ambos son dirigentes que no sólo tienen el derecho sino aún más el deber de salir a las calles, poblaciones y comunidades a conquistar la fe y los votos de sus compañeros de partido u orientación. No hay democracia, ni hay partido, cuando es sólo UNO el que decide.

Me tomo la libertad de plantear a los revolucionarios carabobeños que empiecen ellos mismos por organizarse y demostrarle al Presidente que les hace imposiciones inconsultas, y que tienen la fuerza, la organización y el pundonor de tomar sus propias decisiones. Francisco Ameliach y Rafael Lacava tienen cada uno sus propios méritos; Ameliach necesita ahora demostrar que no es sólo un militante disciplinado, sino un dirigente con fuerza popular propia. Ya Lacava demostró su disciplina al declarar públicamente que aceptaba la decisión de Chávez. Ahora a Francisco Ameliach le toca demostrar a los carabobeños -a todos, no sólo a los militantes del partido- que no es sólo un funcionario partidista, sino un líder carabobeño.

 

 

 
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