Optimismo republicano *

 

José María Marco

 

Se suele decir que una vez elegido el candidato presidencial en las primarias norteamericanas, tenderá a situarse en el centro y alejarse de las propuestas radicales que le habrían servido para hacerse de la base de su partido. Romney, el candidato del partido republicano, al escoger como candidato a vicepresidente a Paul Ryan, hombre admirado por el ala más conservadora de su partido, ha violado la regla. Conviene preguntarse por qué asume tantos riesgos.

Ryan viene proponiendo desde hace años alternativas creíbles al gigantismo del Estado. Es un especialista en hacienda y presupuestos. A su dimensión de empresario, Romney añade por tanto un hombre que conoce bien los mecanismos económicos del Gobierno. La economía, que ya estaba en el centro del debate, cobra aún más importancia, aunque con una perspectiva distinta. Con Ryan aumenta la posibilidad de que no sigamos escuchando lugares comunes (por no decir algo más preciso) acerca del adelgazamiento del Estado y la necesidad de apretarse el cinturón, arrimar el hombro y remar todos juntos en compañía. Paul Ryan se ha pasado la vida estudiando alternativas al Estado «benefactor», las va a exponer, las va a explicar y, lo que es aún más interesante, va a ofrecer una argumentación ética frente a la tentación tecnocrática y frente al despliegue nihilista de emociones primarias, que es el único recurso de los demócratas con Obama al frente.

Hay más. Paul Ryan es capaz de argumentar su posición con amabilidad y simpatía. Hace veinte años trabajó en «Empower America», una fundación creada por los herederos del legado de Reagan. Como ha señalado Gerald F. Seib, un analista del «Wall Street Journal», Ryan se sumó entonces a la corriente que siempre encabezó Reagan, según la cual el principal objetivo de la política económica es el crecimiento, no la reducción del déficit.

Se equivoca quien piense que Ryan está obsesionado con el tamaño del Estado. Está obsesionado con el crecimiento, para lo cual la reducción del déficit es importante, pero no es el único instrumento. Tan importante como reducir el déficit es facilitar la toma de decisiones autónomas, lo que implica desregulación, liberalización, apertura. En este sentido –también lo recordaba Seib– Ryan no rechaza ninguna política, en particular los programas estatales que ayuden a las minorías y a los jóvenes a salir adelante.

Ryan, en resumidas cuentas, ha heredado el optimismo de Reagan. La crisis nos ha enseñado cosas de las que Romney y Ryan piensan que se puede aprender, sin necesidad de seguir lamentándonos. Su elección es un gesto de confianza hacia los norteamericanos. Será casualidad, pero una de las primeras encuestas publicadas después de la elección indica que, entre los jóvenes, los republicanos están remontando y andan ahora empatados con los demócratas.

 

@larazon

 

 



* Título original: Optimismo americano -se ha editado ligeramente el texto.

 

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