El discreto papel de Chávez en el proceso de paz

Roberto Giusti

Roberto Guisti

Roberto Giusti
rgiusti@eluniversal.com 

 

Tras torcer el brazo a las FARC, Santos prefiere “echar lengua, no balas”

 

El de Juan Manuel Santos no es el primer gobierno que se embarca en un proceso de negociaciones que ponga fin a un conflicto cuyo origen se pierde en la memoria de los colombianos más jóvenes.

Huelga afirmar que las anteriores tentativas terminaron en fracasos que reavivaron las hostilidades.

La última fue la del presidente Andrés Pastrana, quien ordenó la desmilitarización de la denominada “zona de despeje” (42 mil km2), convertida entonces en una suerte de “República del Caguán”, donde las FARC consolidaron su poderío militar y su influencia política para terminar todo, al final del gobierno de Pastrana*, con un recrudecimiento de la guerra. De ese descalabro nació la candidatura de Álvaro Uribe, cuya oferta básica fue de “darle bala” a “los bandoleros”. Esto, a diferencia de dirigentes como Ernesto Samper, quien prescribía “echarle lengua, antes que echarle bala” a la interminable confrontación.

Pero lo distinto de Santos, con gobiernos anteriores, es que por primera vez las FARC parecen estar en fase terminal luego de la muerte de 4 de sus principales jefes: Manuel Marulanda, Raúl Reyes, Mono Jojoy y Alfonso Cano. En otras palabras, la política de Seguridad Democrática, concebida por Uribe, mediante la cual el Estado combatió con determinación, fiereza y pocos escrúpulos al ejército irregular faraco, lo redujo de una manera que, por primera vez, parece dispuesto a conversar con real ánimo de llegar a acuerdos.

Pero ahora no habrá zona de despeje (las reuniones serán en Cuba), seguramente el gobierno impondrá límites en el tiempo para llegar al acuerdo, el diálogo será en medio del conflicto y la agenda no contemplará los temas difusos de antes para ir a lo concreto: desmovilización, incorporación a la vida política y garantías para que los faracos no sufran la suerte de sus compañeros de la Unión Patriótica, brazo político de la organización, cuyos líderes fueron masacrados en los 80.

Huelga también afirmar que el discreto papel de Chávez ha sido determinante para acordarse sobre la necesidad de las negociaciones y eso explica la tolerancia y excesiva deferencia mostrada por Santos hacia su “nuevo mejor amigo”, convertido en verdadero mediador, antes que en parte del conflicto, como ocurrió durante el gobierno de Uribe. No obstante, nadie podrá negar que este paso se da gracias al denostado Uribe y al mismo Santos quien, como ministro de la Defensa, cumplió al pie de la letra la receta que le dictaba el inefable paisa, su nuevo peor enemigo.

 

*N-R Algunos analistas señalan que los logros de la gestión Pastrana fue fundamental para que Uribe, quien lo sucedió, pudiera tener éxito. Se basan en que durante su mandato, Colombia logró negociar con EEUU las bases del Plan Colombia que aumentaría exponencialmente la capacidad del Ejército colombiano para combatir la narcoguerrilla. En ese contexto, el establecimiento de la Zona de Despeje habría sido una estratagema del Presidente colombiano para ganar tiempo. Cualquiera hayan sido sus motivaciones, las consecuencias han sido muy positivas para llevar a Colombia a nuevas conversaciones de Paz, claro, aprovechando el Caguán que a las FARC le ha proporcionado el gobierno venezolano.

 



 

 

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