EXTRAÑAS REACCIONES

Américo Martin

DESDE LA CIMA DEL ÁVILA

Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

“El diablo ciega a quien quiere perder”
Hamlet

I

            En una de las decisiones más absurdas e irresponsables de que tenga noticias, la Asamblea Nacional aprobó un dramático Acuerdo dirigido a los venezolanos y a los pueblos del mundo, cuyo tenor es advertir “sobre los evidentes planes de la derecha reaccionaria” para desconocer los resultados de las elecciones presidenciales. Toda la directiva compromete su firma. No contenta con semejante exabrupto, lo envían oficialmente a las embajadas acreditadas en Venezuela.

            En las últimas semanas se ha venido desnudando la estrategia electoral del gobierno. Su premisa es remachar la idea de que “sabiéndose perdida”, la oposición cantará fraude con fines desestabilizadores. Se explica que haya mandado delegaciones al extranjero, bolsa en mano y  armadas de encuestas complacientes, intentando dejar fuera de dudas la “ventaja abrumadora de Chávez”. Exultantes, anunciaron que “ya el presidente ganó”. En ese momento todo era alegría. Claro que la intención soterrada era levantar la moral de su militancia y convencer al campo opositor de que no valía la pena mantenerse en una carrera de resultado ya escrito.

            ¿Por qué en agosto ese optimismo impostado ha dado lugar a un sorprendente pesimismo, una dura agresividad acompañada de acusaciones peregrinas, todavía más demenciales que las del “mercenario-magnicida capturado sospechosamente antes del 7-O? ¿Por qué tan visible contraste entre la conducta descompuesta del gobierno y  la oleada que suscita serenamente Capriles a su paso, incluso en cotos oficialistas que ahora lo reciben con entusiasmo?

Quien tiene asegurada la victoria y dispone de los infinitos recursos del poder no debería temer a una pírrica y desarmada minoría opositora; los condenados a la derrota bajan el tono, se quejan en la soledad de su destino perdidoso y más nada.

            Sorprendentemente el que dice estar desprendido ha estallado en cólera, se tira al suelo denunciando sórdidos planes de una oposición que recorre pacíficamente el territorio, no copia el lenguaje gárrulo y soez del rival ni le mueven una ceja los amargos insultos que a cada minuto le arroja el presidente.

¡Capriles tiene un plan oculto!, grita Chávez. Pero hombre, ¿si ya usted lo conoce por qué diablos no toma medidas?

 

II

            Antes de desentrañar las causas de tan curiosas reacciones, quisiera enfrentar al gobierno consigo mismo. ¿Qué tiene de especial que un candidato perdidoso denuncie fraude? ¿Cuántas veces ha ocurrido eso en el mundo sin que se altere mayormente el paisaje? Grave es que los gobiernos invoquen pretextos –el fraude opositor, por ejemplo- para usurpar el poder, no que la oposición se queje. El gobierno tiene la caja de machetes, de allí que Acuerdos tan absurdos como el de la AN, pueden resultar harto peligrosos.

            La oposición de izquierda denunció fraude y decretó la abstención militante en diciembre de 1963. No pudo impedir que Leoni ganara la prueba y estabilizara el país. ¿Y qué decir de Arias Cárdenas?  Candidato del consenso en las elecciones del 30 de julio de 2000, fue derrotado por Chávez con 22 puntos de ventaja  Salió frenético (la oposición no lo acompañó) a condenar el fraude; marchó teatralmente a Fuerte Tiuna donde se encontrarían “las pruebas” de su denuncia. Fue un bluff. Chávez se instaló y siguió en lo suyo. En México López Obrador ha sido derrotado dos veces sin aceptarlo y el país sigue su marcha sin traumas.

            ¿Qué tendría de especial una infundada denuncia opositora de fraude? ¿No es irrisorio el pomposo Acuerdo de la AN? ¿Qué dirá el embajador de México cuando reciba su copia?

            Por otra parte, los casos que he mencionado no fueron ficciones, ocurrieron de verdad; la AN de Diosdado no alude a cosas tangibles; formula adivinanzas. De hecho la oposición nunca se alzó contra resultados adversos, en cambio el presidente recibió con sospechoso retardo su derrota en el referéndum de la reforma. Con ira incontenible se refirió a la victoria opositora usando expresiones triple X.

 

III

            Lo que hay en el fondo de este negocio es la quiebra anímica del gobierno. Sabe que puede perder y no está preparado para eso. En primer lugar, la extraordinaria campaña de Capriles, caminando más que nadie en la historia. Más que CAP y Chávez lo que ya es decir. Ha batido el record de exigencia física. No hay pueblo que no visite y paralelamente presenta una oferta electoral sin desperdicio que explica, incansable, en todos los ambientes. Es una campaña espontánea, masiva, alegre, diaria, frente a la intermitente del presidente, público cautivo y portátil y sin nada nuevo que ofrecer. Perdió éste la juventud, las mujeres, la clase obrera. En fin, una catástrofe.

            Comienzan a reflejarlo las encuestas profesionales, serias, no comprometidas. Por primera vez Capriles rompe el empate y se coloca al frente. No es una ventaja holgada pero expresa una tendencia, que se acentuará en la medida en que traten de frenarlo con agresiones verbales y acusaciones descabelladas. He tenido tres a la vista, que no estoy autorizado a revelar. Se materializa “una película”, las líneas se cruzaron y ahora se trata de abrir la tijera o cerrarla. Capriles, incansable, sigue abriéndola, pero el presidente no hace lo que debiera para volverla a cerrar. Si no reacciona será derrotado con entre cuatro y seis puntos, o más si en las últimas semanas revienta el tsunami que desatan los fenómenos electorales.

            Los aspavientos del presidente y su entorno tienen su origen en esos hechos, pero por ser irrisorios o escandalosos o absurdos agravan antes que mejorar sus opciones.

No recibiría, claro, los consejos que yo pudiera darle, no obstante le convendría recordar que el diablo ciega a quien quiere perder.

 

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