GUSTAVO Y GABRIELA

Peter K. Albers

Peter Albers
peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

No se trata de una cursi tarjeta de bodas. Son dos personajes antagónicos. Ying y Yang. Cara y Cruz. Gustavo es huestes rojas bailando mambo en el Teresa Carreño, Gabriela es Concha Acústica de Bello Monte con la Morgue ahí cerquita. Gustavo “aquí no pasa nada”, Gabriela “aquí pasa, y mucho”.

 

Gustavo nació en Barquisimeto, capital de un estado pródigo en músicos; Gabriela nació en Caracas. Gustavo es el más célebre exponente del “Sistema de Orquestas” venezolano, y Gabriela una de las más célebres pianistas del mundo, considerada como una de las pocas con capacidad para improvisar mientras ejecuta sus conciertos y recitales de piano.

 

Gustavo Dudamel

Gustavo es director de las orquestas Filarmónica de Los Ángeles (USA), de Goteburg (Suecia) y “Simón Bolívar” (de Venezuela, para variar) mientras Gabriela se inició desde niña en el estudio del piano, hizo su primer recital en público a los cinco años de edad y su primer concierto con orquesta a los ocho, bajo la batuta de José Antonio Abreu.

 

Ya sabrá el lector que este comentario trata sobre Gustavo Dudamel y Gabriela Montero, y viene motivado por la reciente aparición de una obra musical titulada “ExPatria”, compuesta por la pianista. En www.gabrielamontero.com podrán escuchar “ExPatria”. Se les enfriará el guarapo, estoy seguro.

 

¿Qué tiene de particular “ExPatria” de Gabriela Montero? Tiene mucho. Como ella misma lo explica, es un homenaje al pueblo venezolano y, más específicamente a los 19.336 venezolanos asesinados en 2011. “ExPatria es mi reacción personal y protesta al inaceptable precio humano como consecuencia de un sistema político erróneo en mi patria natal, Venezuela”. Según ella misma lo explica en una entrevista grabada en inglés, “la escribí para dar una voz a Venezuela y al dolor que han sufrido los venezolanos por tanto tiempo, y a la frustración y a la sensación terrible de la pérdida de un país, a la violencia, a increíbles niveles de corrupción, ausencia de democracia y violaciones de derechos humanos”. Y más adelante explica la composición: “Es muy emblemática de la presencia militar y de la opresión militar de voces individuales (…) y también representa el conflicto, el caos y la tragedia de un país que, en cierto sentido, nos ha sido arrebatado.” Y agrega: “Es una historia de un pueblo, no una historia política, ese no es mi rol. El mío es un discurso humano, que trata sobre la avaricia, la falta de pureza (…) de personas individualistas a quienes no les importa el efecto de sus acciones en una comunidad y en todo el país”.

Gabriela Montero

Antes de dar inicio a la interpretación en la sala de conciertos de Lugano (Italia), se dirige al público en inglés, luego de una breve disculpa en italiano por no dominar ese idioma. Explica allí el motivo de su composición, repitiendo, palabras más, palabras menos, lo mismo que en la entrevista ya reseñada, y finalizando con palabras en español, dedicando su concierto al pueblo venezolano. Y la composición musical, que comienza con una melodía triste y hasta tenebrosa, de pronto se llena de una gran vitalidad, de compases que recuerdan nuestros ritmos sincopados. Conmovedora.

 

Quédese Dudamel en su caja de cristal. Yo, con Montero y su denuncia. Hecha, como también lo podría hacer (y no lo hace) el indiferente Dudamel, con su música. Gustavo es avestruz, Gabriela paloma mensajera.

 

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