LAS ADMONICIONES DE CHAVEZ

JESÚS HERAS – 

 

Algunas semanas atrás el Presidente sentenció que si era derrotado, estallaría en Venezuela una guerra civil. Esta semana pareció, sin embargo, retractarse. Claro, no sin hacernos ver que su salida traería consigo una hecatombe.

Américo Martín sugiere en un tweet que los uniformados lo hicieron cambiar de amenaza.  Otras interpretaciones seguramente las hay, pero de lo que no podemos salvarnos, con o sin Ud., Presidente, es de una profunda crisis estructural porque – ya lo decíamos en esta misma pagina hace pocos días- el país está al borde del abismo.

No hace falta un recorrido prolongado para demostrar el deterioro, por ejemplo, de la infraestructura física del país. Nos referimos a la generación eléctrica; a las autopistas y carreteras, al suministro de agua… o para constatar el deplorable estado de las escuelas y hospitales que maneja el gobierno nacional. O para advertir las consecuencias de los grandes negociados con alimentos importados, cuyo provento, por descomposición o vencimiento, debió ser enterrado.

 

 

Agreguémosle, Presidente, el gigantesco déficit acumulado de vivienda; la pronunciada escasez de materiales de construcción; el número de asesinatos por cada cien mil habitantes (cifra que ha crecido exponencialmente en los últimos diez años y solo en un estado, Carabobo, ha disminuido); la inflación (cuando casi todo se importa e inflación importada no existe); el creciente endeudamiento interno y externo de la nación (a pesar de haber recibido su gobierno los ingresos petroleros más elevados de la historia);  el peligroso descenso de las reservas operativas del país, las que guarda el Banco Central de Venezuela,  casi tan bajas hoy como lo estuvieron en el último año de la segunda presidencia de Rafael Caldera, cuando los precios del petróleo venezolano llegaron a colocarse por debajo de $8,00 el barril. Reservas que hoy, cuando ha descendido dramáticamente la producción nacional, apenas alcanzarían para cubrir 45 días de importaciones.

Pero veamos las cosas aún desde otro ángulo. Observemos los elevados niveles de desempleo; los candentes conflictos laborales que perviven por haberse retrasado o negado el gobierno a discutir los contratos colectivos correspondientes; la anarquía que reina en nuestras cárceles; la pérdida de valores fundamentales; la depauperización de la clase media; la fuga de tantos jóvenes que se han marchado por no encontrar horizontes de progreso en su propio país.

Sus sermones son inútiles, Presidente. Sus predicciones también. La crisis ya está aquí. Cierto que no ha estallado aún en toda su dimensión, pero muy pronto lo hará.  Amuay, Cúpira, Yare, el desafío de los obreros en Guayana, el desánimo y descontento entre los suyos, son apenas los síntomas más visibles.

Ese será su legado a la nación, Presidente, el legado que según los números, recibirá Capriles y el que a Ud. mismo, el responsable, irónicamente podría recibir.

 
Jesús HerasNo photo

Artículos relacionados

Top