De Mercosur a Carabobo

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos
Carlos Lozano
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El ingreso de Venezuela al Mercado Común del Sur (Mercosur) es, más allá de prejuicios políticos, un acontecimiento de extraordinaria importancia. Lo primero que hay que tener en cuenta, Gobierno, empresariado público y privado y los trabajadores de la manufactura y del campo, es que no se trata de un “hasta ayer y desde ahora”, sino de un proceso que debe ser ejecutado con extremo cuidado y paso a paso, con una estrategia cuidadosa que debe ser dirigida y ejecutada por técnicos, por especialistas.

El Mercosur es, en la práctica, un acuerdo entre naciones sobre aranceles a ser aplicados y aranceles a no ser cobrados; es un acuerdo entre productos y bienes de los países miembros, y en consecuencia entre empresas productoras y comercializadoras de los países integrantes; los gobiernos fijan las políticas, naturalmente, pero son los empresarios los que firman y desarrollan los acuerdos. Esas políticas estatales se fijan en base a realidades, posibilidades y expectativas de las capacidades actuales y potenciales de la producción agropecuaria, la industria pequeña, mediana y grande y las necesidades verdaderas de cada país.

En Mercosur hay un elemento inicial que debe ser tomado en cuenta. A diferencia del Mercado Común Europeo, donde hay varias potencias industriales y exportadoras -Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, España- y otras potencias menores unidas por una misma moneda, es decir, ciertos niveles de balance entre socios (la actual crisis europea tiene su origen en errores y descuidos financieros, fundamentalmente, no en la calidad de los diversos bienes y productos intercambiables), en el Mercosur hay una megapotencia económica, Brasil, que es por sí mismo un enorme mercado, una segunda potencia lejana, con una industria y una capacidad agroproductora muy inferior, Argentina; y dos pequeños países con una muchísimo menor capacidad de producción, de compra y de venta -Uruguay y Paraguay.

Es por eso que el Mercosur ha marchado un poco a trompicones, con mucha intervención de sus gobiernos, pero siempre como una asociación esencialmente de corte arancelario que ha generado más resultados positivos que negativos; aunque es de recordar que justo en este momento hay una fuerte discusión entre los socios por la nueva política argentina, en busca de conservar divisas – y según la presidente Kirchner, para impulsar su crecimiento industrial- de aumentar las restricciones arancelarias a productos que eran antes de libre ingreso, lo cual ha traído una ola de reclamos de sus socios. Otra circunstancia importante es que Mercosur tiene ya convenios comerciales -incluyendo libre comercio- con otros países de la región e incluso tan lejanos como Israel, y que al integrarse Venezuela deberá respetar y aceptar sus condiciones.

A largo plazo, y si el Gobierno -llámese Chávez o Capriles- entiende que Mercosur es un evento netamente de economía y empresas, aunque tenga elementos políticos, el acuerdo tiene enormes posibilidades positivas para el país. Para ello, el principal trabajo del Estado es incentivar, fortalecer y acordar con el empresariado privado de todos los niveles, y manejar las empresas estatales con criterios de adecuada economía desprovista de banderas e intereses ideológicos diferentes a los que aplican los otros gobiernos. Si es así, una de las regiones del país con mayores perspectivas de crecimiento es Carabobo y el eje que ya se desarrolló antes fuertemente, y ahora decaído, hacia sus alrededores.

 

 

 
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