EL PEREZJIMENISMO

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe sierra
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@manuelfsierra 

 

¿Existen paralelos entre Marcos Pérez Jiménez y Hugo Chávez Frías? ¿Por qué el interés que despierta el juego de las comparaciones entre ambos regímenes? Por supuesto, se trata de situaciones distintas y que se corresponden con diferentes tiempos históricos. Pero de todos modos es posible fijar algunas aproximaciones. El gobierno militar perezjimenista fue una dictadura abierta, negadora de todas la libertades, represiva y encadenada con las dictaduras que en los años cincuenta configuraron la “Internacional de las Espadas”. Chávez ha construido un régimen autocrático en sintonía con nuevas realidades y emparentado con formas de neototalitarismo. Es decir, regímenes que mantienen algunos atributos propios de la democracia como el ejercicio electoral y espacios de libertad de expresión, pero que ejercen el control total de los poderes públicos. 

 

Pérez Jiménez fue la típica dictadura política mientras que el régimen chavista procura además la confiscación de los espacios que corresponden a la economía y la sociedad, a partir de una visión ideológica que asume la definición del socialismo del siglo XXI. Un modelo híbrido que se nutre de diversas experiencias de gobierno fuertes, de tal manera que el chavismo combina elementos derivados del régimen de Mugabe de Zimbabwe en el manejo político y el esquema de la economía estatista cubana.

 

En el plano venezolano se encuentran coincidencias notorias. Pérez Jiménez concibió el proyecto militarista desde sus años de cadete, fue madurado en los cuarteles y perfeccionado en la Academia Militar de Chorrillos en Lima  y culminó con la constitución de la Unión Patriótica Militar. El plan originalmente destinado a remozar las viejas jerarquías castrenses cobró el carácter de una propuesta política que cristalizó el 18 de octubre de 1945 con el derrocamiento de Isaías Medina Angarita. Chávez siendo cadete también, inició la construcción del Movimiento Bolivariano que se planteó el refrescamiento de los altos mandos y luego se tornó en una propuesta política que irrumpió con la asonada del 4 de febrero del 1992.

 

Pérez Jiménez dio los pasos para la construcción de un ejército moderno, ajustado a las necesidades de la post-guerra y cultivado con los valores tradicionales de la institución: defensa de la integridad territorial y la soberanía nacional y que sirvió de sostén a su dictadura durante varios años. Sin embargo, ante la crisis provocada por su empeño reeleccionista en 1957, jugó papel importante en su salida del poder y luego con leves cambios, fue la sustentación durante cuarenta años de los gobiernos democráticos.

 

Chávez en cambio, desde el comienzo de su mandato inició una tarea de reconversión de las Fuerzas Armadas en todos sus niveles, despojándola de sus valores tradicionales, marcando distancia de los parámetros hemisféricos y orientándola como una fuerza ideologizada puesta al servicio de un proyecto personalista. De esta manera sus planes de reelección y de perpetuación en el poder pasan por contar con una estructura militar incondicional, políticamente obediente a su jefatura única.

 

La dictadura perezjimenista ejerció el poder en tres etapas. En una interpretación laxa podría ubicarse el 18 de octubre del 45 como el punto de partida del plan militarista, aunque en ese momento fue cooptado por Rómulo Betancourt y Acción Democrática que durante tres años transformaron la aventura militar en el más importante proceso de vigencia civil al sancionar la Constitución de 1947 que significó el término de largos períodos dictatoriales. Un cálculo más cercano a la verdad se ubica a partir del 24 de noviembre de 1948 con el derrocamiento de Rómulo Gallegos. No obstante, el ciclo debió agotar dos años de la Junta Militar presidida por Carlos Delgado Chalbaud y a la muerte de éste dos años más de la Junta de Gobierno encabezada por Germán Suárez Flamerich. Es el 2 de diciembre de 1952 con el desconocimiento de los resultados de la elección constituyente que comienza en estricto sentido la dictadura perezjimenista hasta el 23 de enero de 1958 cuando el dictador es echado del poder por factores democráticos y la mayoría de las Fuerzas Armadas. En total fueron trece años en los cuales Pérez Jiménez ejerció influencia decisiva.

 

Chávez, en cambio sin interrupción ha gobernado durante catorce años y aspira a la reelección, que de lograrla  le permitiría el ejercicio de un poder discrecional durante veinte años por la vía del voto. Otro tema son los resultados de ambos mandatos. La dictadura de Pérez Jiménez fue brutal,  implacable en materia de derechos humanos, pero aprovechó esa inmensa inmigración europea que en la posguerra arribó a nuestras costas en busca de nuevos horizontes; la venta de concesiones petroleras a 20 años a las grandes transnacionales; y la transformación del petróleo en una materia prima estratégica de la economía mundial, para llevar adelante una audaz política de construcciones materiales que convirtió a Caracas en una de las ciudades más modernas del mundo. Para facilitar el análisis podría hablarse de la dictadura perezjimenista (como el hecho político) y del perezjimenismo como una inusitada etapa de esplendor. Es justamente la fase del perezjimenismo la que aún se recuerda y permite comparaciones con las obras realizadas por los gobiernos posteriores.

 

El chavismo en cambio ha gozado de una etapa de mayores ingresos por la vía del petróleo sin que ofrezca realizaciones perdurables ni significativas que no sea un cuadro de deterioro de todos los servicios y una franca sensación de retroceso. En los últimos días, y el hecho no es casual, se presenta en los cines del país la película “Tiempos de dictadura” dirigida por Carlos Oteyza, en la cual mediante testimonios e innovadores recursos cinematográficos, se retratan los años del perezjimenismo. También Alejandro Padrón (con importante obra narrativa) publica “La ciudad incandescente” un texto novelado de los años finales del perezjimenismo visto por un joven estudiante de Cumaná en cuya lectura es posible reencontrarse con aquellos años de sacrificios, de luchas y de sueños modernizadores. Película y libro son útiles para profundizar en la búsqueda de las raíces de nuestro proceso histórico y la gravitación en él del fenómeno militarista.

 

 

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